Digámoslo con claridad y contundencia: El Salvador está lleno de fanáticos e idiotas. Yo sé que suena feo, pero no se ofenda antes de tiempo, sincerémonos y aclaremos primero los términos en referencia.

Al idiota solo le importan sus propios asuntos, por eso ni siquiera se informa, pues no le importan los otros, su escaso entendimiento le impide ver que nos movemos en un barco, donde se ahoga él si se hunden todos.

Idiota es quien se informa, pero solo critica, pues no se da cuenta que la crítica sin acción es como viento en la cara del poderoso, le resbala y se desliza sin dirección alguna.

Idiota es quien se informa, critica y se mueve para ser escuchado, pero nunca se organiza, porque no se percata que la acción sin organización es un cambio de actor, más no de la obra.

Idiota en el diccionario es el corto de entendimiento, el que no comprende, palabra que viene del griego “‘idios”, aquel que no trasciende de lo particular o lo privado, deshonrado por no contribuir al progreso de su ciudad, y por supuesto con ello, de su propia existencia.

Idiota es, finalmente, el que no se percata: Democracia no es un concepto, es una meta, una utopía reservada para los que reflexionan, luchan y protestan de manera organizada. La Democracia es la recompensa para los ciudadanos que se informan lo que nos afecta, que exigen lo que está bien para todos, las bulliciosas que se mueven y gritan organizadamente para lograr sus consignas de manera efectiva.

Tras el idiota, solo queda el fanático. El fanático es el idiota más idiota de todos. Pues no solo es idiota, sino que está orgulloso de su idiotez, por lo que es doblemente idiota, e incluso se esfuerza por romper esta marca.

Al fanático lo oprimen y se da cuenta, aunque nunca cuestiona, y cuando se mueve organizadamente, lo hace para que lo opriman más a él. El fanático justifica los gastos suntuosos del ladrón que huye a otro país, el desfalco de donativos para los más necesitados de una desdicha, y trata como estrella de rock a quien dirige un país como si manejase la marca de una gaseosa, aunque sea con todas las prácticas torcidas que le antecedieron.

En nuestro país, es fácil observar que la mayoría somos fanáticos o idiotas, pues solo en el país de los fanáticos y los idiotas las pensiones serán de hambre, los salarios ya son de hambre, la salud es lenta e insuficiente y la educación o la vivienda si será suficiente, pero para sobrevivir como explotado, en lugar de vivir como persona. La democracia es el reino de los cielos para los que no están muertos, a cuenta que no sean fanáticos o idiotas.

Reconozcamos avergonzados que somos un poco idiotas, vemos y callamos, o cuando vemos solo criticamos, pero la crítica sin acción es como el perro que ladra amarrado, no da miedo, apenas lastima. Y usted amigo qué es ¿fanático o solo idiota? Piénselo con atención, su vida cómo la conoce, en verdad depende de ello.

Sobre el autor: Oswaldo Feusier es Catedrático de Derecho Penal, de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), abogado litigante en materia Penal, escritor de la Revista Enfoque Jurídico en temas Penales y Constitucionales.

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