Fue en Zacatecoluca, La Paz, en que ocurrió los hechos en contra de Saraí.

“Silenciosa, avergonzada, negación, identificación negativa con el supuesto agresor y apego a la madre, tendencia a deprimirse, temores, retraimiento, resistencia pasiva, regresión, rechazo y ansiedad, de donde se tiene por acreditado suficientemente que uno de los causantes del estado psicológico alterado de la víctima de autos –por haber sido abusada sexualmente- es su propio padre.”.

Lo anterior se lee en un expediente en un Juzgado de Zacatecoluca, departamento de La Paz, Saraí (nombre ficticio para resguardar la identidad de la adolescente), fue madre a la temprana edad de doce años, como consecuencia de continuas violaciones que sufría; el agresor: su padre, jornalero, de cuarenta y tres años de edad.

Cuentan los vecinos de la víctima que la adolescente se encontraba embarazada, producto de haber sido violada por su padre, al momento del proceso penal tenía 32 semanas de gestación.

Del Peritaje de genitales practicado a la víctima se logra leer: la víctima presentaba el himen desflorado antiguamente y en el útero –con altura de veintiocho centímetros- se palpaba formación fetal. Ambas elementos probatorios solamente constituyen claras circunstancias que denotan una historia de abuso sexual en su contra.

El padre, en el proceso con calidad de agresor, fue condenado a 14 años de prisión más una condena a responsabilidad civil de mil dólares.

Saraí, ahora mayor de edad, madre soltera, no solo fue víctima de su padre, sino también continúa siendo víctima del Estado, al obligarla a trasmitirle a su hijo el apellido de quien la violó, y la madre de Saraí también ha sido sentenciada a que, pese ser el bastión y la fortaleza de su hija durante todo el calvario, debe estar en un segundo plano en la identidad de su hija pues el apellido de quien ha llenado de pincelazos de amor su vida no la identifica frente a la sociedad.

El Estado salvadoreño por medio del Artículo 14 de la Ley del Nombre le ordena a Saraí a ser identificada con el apellido de quien fue alguna vez su violador, regulación que vulnera el derecho a la identidad. Su madre se ha deshecho de todas las fotos de su ex conviviente, en la casa no hay ningún rastro de él, no así del apellido con el que es identificada la familia de su hija.

______________________________________________________________________

¿Estás bien Marianita?, ¿Te duele algo? “No puedo decírtelo abuelita, porque es un secreto que tengo con mi papá.”

Dos jóvenes, salvadoreños, contrajeron matrimonio a muy temprana edad. Ellos dejaron sus estudios en un segundo plano y empezaron a ocuparse para conseguir trabajo, pues si bien vivían una relación que desde el inicio fue forzada, no marchaba bien, tenían que ceder a sus intereses personales porque estaban esperando la llegada de una niña, como fruto de una relación precoz. Al pasar los meses Alberto fue padre de una niña a quien junto a su esposa le pusieron de nombre Mariana.

La niña fue cuidada por ambos progenitores hasta cumplir los cuatro años de edad, ya que Alberto y Yolanda nunca se acomodaron a la vida de pareja, las peleas entre ellos y no adaptarse a un rol de padre y madre fueron los motivos para separarse. Previo a ello acordando que Mariana viviría con su madre y que el padre vería a la niña cada quince días un fin de semana, para compartir con ella.

Alberto y Yolanda, ya divorciados, regresaron con sus familias de origen respectivas, por lo que Mariana tenía contacto permanente con su abuela paterna Rosa y su abuela materna Noemy.

Luego de casi un año en el que Mariana visitara a su padre, regresó un domingo a su casa, cuando su abuela se dispuso a cambiarle la ropa para dormir, notó que Mariana reaccionaba de forma extraña en el cambio de la ropa interior. ¿Estás bien Marianita?, ¿Te duele algo? su comportamiento mostraba dolor en sus genitales. “No puedo decírtelo abuelita, porque es un secreto que tengo con mi papá.”

Una pesadilla estaba por descubrirse, Mariana le contó a su abuela Noemy lo que había sucedido, le dijo que su padre la había tocado con fuerza y que no había sido sólo esa vez, que incluso en una de ellas, su abuela Rosa se había dado cuenta y había regañado a su papá y que él le había pedido disculpas y le prometió que no volvería a hacerlo.

Al enterarse la madre de la niña puso la denuncia en la Fiscalía General de la República. Dos años después de un proceso penal en el que Mariana tuvo que repetir en distintas etapas la historia de cómo su padre se convirtió en su abusador, Alberto fue condenado como autor directo del delito de Agresión Sexual en Menor e Incapaz Agravada a dieciséis años de prisión, sentencia que fue recurrida y posteriormente confirmada por la Cámara de lo Penal, pena que aún se encuentra cumpliendo en el Centro Penal “La Esperanza”.

Después que la sentencia decretada en el ámbito penal quedara ejecutoriada, Yolanda inició en sede de Familia el Proceso de Pérdida de la Autoridad Parental por la causal 4° del Art. 240 C.Fam., por haber cometido el progenitor delito doloso en contra de alguno de sus hijos. Al culminar con todas las etapas del proceso, Mariana ya tenía ocho años de edad. La Pérdida por la causal alegada fue decretada ordenándose marginar la Partida de Nacimiento de Mariana, pues así lo prescribe el Art. 33 de la Ley Transitoria del Registro del Estado Familiar y de los Regímenes Patrimoniales del Matrimonio; pese a todo lo que ha sufrido, Mariana debe seguir usando durante toda su vida el apellido de su abusador, porque la ley no contempla la posibilidad de un cambio en su apellido, porque la ley invisibiliza el apellido de la madre, más aún, la ley le obliga a que en el futuro herede el apellido de su padre agresor, a sus hijas e hijos.