Las abuelas niñeras y su eterno silencio.

Nuestro país es uno de los doce países en América Latina, que según UNFPA (Fondo de Población de las Naciones Unidas), representan el 85% de la población de la región. Se trata de países con altas tasas de fecundidad, que aún siguen enfrentando dificultades para proporcionar servicios de educación y salud de calidad, incluidos los servicios de salud reproductiva.

Con una jornada laboral de ocho horas, más dos de traslados, Xenia una madre soltera de veinticuatro años, debe dejar al pequeño Kevin en manos de Carmen, su madre, una adulta mayor diabética, quien además cuida a Jairo y Britany sus otros dos nietos en plena pubertad.

En general, las abuelas han tenido siempre la buena disposición de cuidar (eventualmente) a sus nietos. Sin embargo, desde hace unos diez años, El Salvador ha experimentado un crecimiento exponencial de embarazos en jóvenes menores de veinticinco años y las tasas de fecundidad en las adolescentes de quince a diecinueve años son aún más elevadas.

En la mayoría de los casos, son las abuelas las que asumen el rol de madres, por X o Y razón estos personajes se hacen cargo de hijos ajenos y los acogen como propios.

Pero, ¿quién vela por sus derechos?

Por lo general, se trata de mujeres pensionadas, viejas o enfermas que según el artículo 8 de la Ley Integral del Adulto Mayor, deberían gozar de actividades recreativas propias de su edad o bien de un empleo a tiempo parcial debidamente remunerado. Este no es el caso de Carmen, quien en lugar de gozar de las ventajas de su tiempo libre debe cuidar a tres niños a costa de su propia salud.

El cuidado infantil requiere mucho tiempo, esfuerzo y responsabilidad, lidiar con un solo pequeño puede llegar a ser una tarea extenuante, estas abuelas no solo cuidan a uno o dos, pueden llegar a cuidar hasta cinco niños delegados por sus hijos mayores. Se trata de un servicio de ‘Day Care’ no remunerado, una niñera que no exige nada en la mayoría de los casos.

Dejando de lado el factor económico, estas cuidadoras se ven obligadas a realizar trabajos, no acorde a sus posibilidades físicas, violando expresamente el numeral 11 del artículo 5 de la Ley Integral del Adulto Mayor. La senectud está plagada de innumerables dolencias y achaques, Carmen tiene diabetes, no se trata de una enfermedad que le imposibilite la movilidad en sus primeras etapas, pero la situación podría agravarse, si por cuidar a otros deja de cuidar de ella.

Ya es que, no existe una legislación específica que regule el estatus de las ‘abuelas niñeras’, según el abogado Boris Pineda, lo ideal sería hacer un contrato, como cualquier acuerdo laboral, que especifique los derechos y obligaciones de la persona que presta el servicio aun tratándose de la familia, al respecto indicó:

“No hay una multa para las mamás por dejarle el cuido de los niños a los adultos mayores, sí se les vulnera los derechos, pero no son sancionables por el Estado a una persona particular, a menos que hubiera un contrato laboral”.

Según la legislación antes mencionada, los adultos mayores solo deben trabajar medio tiempo debido a las dificultades físicas o cognitivas que muchos de ellos presentan, sin embargo, se identifican casos como el de Carmen cuya jornada laboral ronda las diez horas diarias. Al final del día a Carmen no le quedan fuerzas más que para sentarse y ver su telenovela de la noche, siempre en silencio.

Y si un cuidador o cuidadora no tiene energías, está deprimido y no se siente autorealizado, difícilmente dará atención de calidad al niño o niña en cuestión. Por regla general, una mamá adulta mayor ya no tiene la misma energía que una joven, privando al pequeño, no solo de educación, sino de vigilancia y disciplina. La formación de todo un engranaje y caldo de cultivo para lo que ya todos conocemos como: mamilones, buenos para nada, y hasta delincuentes.

Autora: Patricia Lobos.