5 Sociólogos que los Abogados deben estudiar

A continuación se presenta un listado de cinco sociólogos que marcaron un punto de referencia dentro del conocimiento científico y se describe la utilidad que representan para el pensamiento jurídico. El objetivo de este artículo es ampliar los horizontes de la reflexión jurídica desde una perspectiva no dogmática-legalista. Además, el orden en el que se exponen a los autores no representa ningún nivel de clasificación o preferencia.

Karl R. Popper: La lógica de la investigación científica”

Karl R. Popper: “La lógica de la investigación científica”

El filósofo y sociólogo austriaco, y próximo al neopositivismo o positivismo lógico del Círculo de Viena, ha dado una de las aportaciones más importantes dentro del desarrollo y justificación del conocimiento científico, a través del proceso de falsabilidad el saber. Popper fue un crítico ferviente de la aplicación del método inductivo para establecer y validar teorías generales. En su obra La lógica de la investigación científica, se opuso rotundamente al método de pasar a enunciados universales a partir de enunciados singulares. Desde su racionalismo crítico argumentó, por ejemplo, que cualquiera que sea el número de ejemplares de cisnes blancos que se hayan observado, no justifica la conclusión de que todos los cisnes son blancos. Además, no se puede decir que el cobre siempre es un conductor de energía por el hecho de haber demostrado esa capacidad bajo ciertas condiciones.

La lógica inductiva establece proposiciones generales a partir de la comprobación particular de los fenómenos. Sin embargo, para Popper, tal lógica es incorrecta, porque la única manera de afirmar que todos los cisnes son blancos o que el cobre siempre es un conductor de energía, solamente es posible si se observan todos los cisnes existentes y se comprueba la capacidad del cobre para conducir energía bajo todas las condiciones posibles. Esta aspiración, consecuentemente, en la mayoría de ocasiones se escapa de las posibilidades de la ciencia, por cuanto el científico no puede observar a todos los cisnes existentes y no puede crear todas las condiciones posibles para afirmar que el cobre siempre es un conductor de energía. El científico tendría, por ejemplo, que verificar si el cobre es un conductor de energía en planetas que ni siquiera han sido descubiertos. Solo de esta forma, según Popper, podrían efectuarse enunciados generales desde la lógica inductiva.

Tal crítica estuvo dirigida a todo un sistema epistemológico que, hasta antes de Popper, permitía justificar el conocimiento científico por medio de la verificación empírica de los enunciados. Quien comprobaba la veracidad de un enunciado singular podía dar por verificado el mismo. Ante tal verificación, la ciencia podía establecer proposiciones generales que pasaban a integrar el cinturón del conocimiento científico. Ahora bien, Popper no solamente se opuso a dicho sistema, sino que formuló uno nuevo, bajo el estandarte de la falsabilidad. Contrario a la tradición que debía heredar, Popper sostuvo que el conocimiento científico siempre es un conocimiento hipotético o conjetural, por el hecho de que no pueden verificarse todas manifestaciones concretas de un fenómeno. En ese sentido, el saber del científico no puede ser un saber acabado o dogmático, sino que siempre se trata de un saber hipotético que se somete a la regla de la falsificación. En otras palabras, sostuvo que el conocimiento no puede ser validado, pero si falsificado.

Para Popper la ciencia no es posesión de la verdad; es, ante todo, una actividad crítica que la busca incesantemente –racionalismo crítico–. La ciencia, entonces, debe presuponer que el conocimiento descansa en enunciados generales hipotéticos que pueden ser falsados, es decir, que se consideran verdaderos mientras no sean refutados  o impugnados. La falsabilidad permite examinar si un enunciado singular es verdadero o no, y de esto deducir una serie de consecuencias lógicas. Por ejemplo, si en la comprobación del enunciado singular se advierte que el mismo es verdadero, se puede seguir considerando que el enunciado general es verdadero, aunque sea de forma conjetural. Pero si de la comprobación resulta que el enunciado singular es falso, entonces se debe considerar que el enunciado general también lo es, y en consecuencia debe ser descartado como un saber científico. Según la falsabilidad, la lógica inductiva no puede establecer enunciados generales como verdaderos, pero si puede falsarlos. En otras palabras, con lo singular no se puede afirmar lo general, pero si se puede negar. De esta manera, si el investigador observa un cisne blanco, se puede seguir sosteniendo el enunciado general que estima que todos los cisnes son blancos, pero si se observa un cisne negro, se debe descartar como falsa dicha proposición.

Desde la óptica tradicional, el método científico se dirigía a verificar los enunciados científicos, como si existiera una presunción de falsedad que les afectaba; sin embargo, con el racionalismo crítico de Popper el método científico estaría dirigido a falsear la presunción de veracidad que descansa en el saber conjetural. Popper invirtió la lógica de la investigación científica, y esta visión, desde luego, hizo eco en el régimen de la espíteme dominante, extendiéndose a los diferentes campos del saber. Desde Popper la ciencia es crítica, pues busca descartar las fallas del saber por medio de la falsacion de los enunciados. No es extraño, entonces, que muchas de las auditorias que en la actualidad se elaboran funcionan bajo esta lógica. Ahora bien, en lo que concierne al saber jurídico, la lógica popperiana se revela dentro de la actividad procesal, no como una regla determinante, sino como un patrón de orientación probatoria. Esto es evidente con toda claridad en lo relativo a las presunciones legales, ya sea que admitan prueba en contrario (iuris tantum) o no (iuris et de iure).

El Artículo 191 del Código Tributario establece que “Se presume el hecho que se deduce de ciertos antecedentes o circunstancias conocidas. Si estos antecedentes o circunstancias que dan motivo a la presunción son determinados por este Código o la leyes tributarias, la presunción se llama legal”. Al margen de tal enunciado, puede decirse que las presunciones legales son afirmaciones de existencia de un hecho, en cuanto al modo, extensión, contextualización o intensidad de su acontecimiento, a partir de una calificación anticipada y premeditada que hace la ley. Cuando esta calificación anticipada puede ser impugnada por medio de su prueba en contrario, se habla de presunciones legales iuris tantum, y cuando la ley no lo admite, se habla de presunciones legales iuris et de iure o presunciones de Derecho. Un típico ejemplo de la primera clase de presunciones se encuentra en el Artículo 141 Inciso 1 del Código de Familia, al establecer lo siguiente: “Se presumen hijos del marido los nacidos después de la celebración del matrimonio y antes de los trescientos días siguientes a su disolución o declaratoria de nulidad”.

Como se observa, la ley califica de forma anticipada que los hijos nacidos dentro del matrimonio son del marido, aun  y cuando esto sea falso. Ahora bien, el precepto contenido en el Articulo 141 Inciso 1 CF es un enunciado general que puede ser refutado por medio de la falsabilidad de su certeza, con la diferencia que dicha falsibilidad tiene efectos únicamente dentro del supuesto en concreto. Se refuta, por ejemplo, cuando la prueba de ADN comprueba que el marido no es el padre biológico del hijo que pasa por suyo. Es cierto, la negación del enunciado general en este caso no produce que tal enunciado sea rechazo del sistema jurídico, pero sí que sus efectos se desplieguen a nivel procesal, por cuanto únicamente es una regla de presunción probatoria. Esto significa que existe una lógica deductiva por medio de la cual se permite crear hipótesis generales hipotéticas (como la presunción de paternidad matrimonial) para que sean descartadas dentro del caso in concreto por medio de su falsabilidad o prueba en contrario.

Ejemplo de presunciones legales iuris et de iuris son las que establece la ley, respecto a que los niños y las niñas no tienen la capacidad racional para obligarse jurídicamente por sí mismas, por lo cual no permite que tal enunciado sea impugnado o falsado en el caso concreto, aunque en el fondo pudiera hacerse. Regla similar ocurre con la persona con deficiencia mental que ha sido declarada judicialmente como incapaz y cuya inscripción registral ha sido debidamente efectuada, y quien, posteriormente, en un momento de completa lucidez, ha formalizado un contrato. La ley no admite prueba en contrario de su capacidad, de manera que toma como determinante su incapacidad interactiva para contratar. Otros ejemplos de presunciones legales se encuentran en los Artículos 3, 20 y 413 del Código de Trabajo, 385 Inciso 2 del Código de Comercio, 10, 29 y 32 Inciso 2 de la Ley de Propiedad Intelectual, 193 y 199 del Código Tributario y 14 de la Ley de Inquilinato.

Es  importante mencionar que en materia penal la lógica de la prueba de culpabilidad se invirtió y con ello se puede realizar alguna comparación con la lógica popperiana. Antes, en materia de delitos y penas, imperaba, como ya lo expusiera M. Foucault, la presunción de culpabilidad, pero en la actualidad impera la presunción de inocencia. La presunción de culpabilidad imponía la carga de probar la inocencia al propio indiciado, mientras la presunción de inocencia impone la carga de probar la culpa del indiciado al denunciante. Esta lógica operativa de culpabilidad tiene alguna semejanza con la lógica de la falsabilidad, pues antes se presumía la culpabilidad, como si fuese una verdad conjetural, para que fuera falsada por medio de la prueba de inocencia. Hoy, la verdad conjetural es la que toma como inocente al indiciado, para que dicha presunción sea destruida con la prueba concreta de su culpabilidad. La idea central, sin ánimo de forzar a Popper a adecuarse a aspectos jurídicos, es que lo singular puede refutar un enunciado general que se adopta como verdadero de manera hipotética. Desde luego que tal lógica se limita únicamente al proceso in concreto.

Finalmente, es necesario aclarar que la lógica de la investigación científica de Popper no se dirigía de manera exacta al ámbito de las ciencias sociales, pero si a la lógica general de la actividad científica, dentro de la cual se puede ubicar el Derecho, según el paradigma epistemológico adoptado. Al final, Popper decayó por su propia fortaleza, pero dejó un legado científico aplicable a todo el ámbito científico.

Talcott Parsons:El sistema social” 

Talcott Parsons: “El sistema social”

El sociólogo estadounidense y fundador de la corriente teórica del estructural-funcionalismo o funcionalismo-estructural, Talcott Parsons, fue uno de los teóricos sociales más influyentes de la sociología durante el siglo XX y, sin lugar a dudas, uno de los autores más leídos todavía en la actualidad. Parsons representa la ambición de la Universidad de Harvard por crear una teoría macrosocial que contribuyera a la conservación de la sociedad y al orden de su configuración y operatividad. El estructural funcionalismo de Parsons representa un sistema teórico totalizador que estableció reglas para interpretar las formas de organización social existentes y por medio de las cuales se mantuvo el control y equilibrio de la interacción social. El poder intelectual de Parsons fue tan devastador que mientras dominó la sociología estadounidense, fue innecesario recurrir a otras fuentes teóricas para explicar el acaecer de los fenómenos sociales. El sistema teórico de Parsons era tan completo que ni siquiera fue necesario recurrir a los planteamientos marxistas que estaban en boga en Europa, para explicar o comprender el quehacer regular o irregular de la sociedad. Parsons prescindió de Marx por la incompatibilidad  de sus teorías y, de esta forma, impidió que la teoría marxista fuera conocida en Estados Unidos, sino, quizá, bajo la idea de la teoría del conflicto. 

A pesar de que Parsons ha sido atacado constantemente por ser un conservador de la sociedad capitalista, no hay duda de que su sistema teórico marcó un punto de inflexión dentro del saber sociológico, por cuanto logró, a través de su obra Estructura de la acción social, sobreponerse a la dicotomía acción-estructura, al mismo tiempo que estableció una teoría de lo complejo, que permitió abordar los fenómenos sociales de una manera totalizadora. En efecto, no fue únicamente Marx quien creó una teoría social que lo explicaba todo desde la visión de la lucha de clases, sino que también Parsons creó una teoría social que lo explicaba todo desde una visión estructural-funcional. Incluso, se ha argumentado que la teoría marxista se limita con la lucha de clases, mientras la teoría parsoniana la trasciende. El neofuncionalista Jeffer Alexander, especialista en Parsons, revela que Parsons es tan importante que representa el punto de transición entre la sociología clásica y la sociología contemporánea. George Ritzer también ha dicho que entre la teorización contemporánea y clásica se extiende la formidable obra de Parsons.

Ahora bien, lo que interesa destacar de Parsons es su descripción de lo que constituye el  sistema social. Para él, el sistema social es interacción e interdependencia entre los individuos, ya sea bajo la forma de cooperación o de antagonismo. Desde su perspectiva, la cooperación es funcional al sistema y el antagonismo es disfuncional, de manera que cuando un actor, es decir, un sujeto, se desvía en su actuación, es necesario encausarlo a su buen funcionamiento dentro de las estructuras. Pero el sistema social en Parsons no es un conjunto de estructuras materiales, no es una plataforma inanimada, sino una extensión bien acoplada de roles sociales que los individuos desempeñan. Cuando los individuos interactúan ejercen sus roles sociales y, al mismo tiempo, establecen nichos sociales que, a su vez, forman  redes de estructuras que dan forma a la sociedad. Así, por ejemplo, el rol del estudiante da vida a la estructura educativa, mientras el rol del delincuente da vida a la estructura penal-penitenciara. Bajo esta fórmula, el rol se interioriza o introyecta por el individuo y se institucionaliza por la sociedad. El sistema social, entonces, se encarga de producir y coordinar los roles sociales y, consecuentemente, al individuo, al mismo tiempo que éste, con su actuar, nutre y estructura a la sociedad –esta perspectiva tiene alguna relación con la perspectiva de lo instituido y lo instituyente de Cornelius Castoriadis–. Surge, bajo esta lógica, una relación compleja entre el actor, la estructura y la función. Una visión más desarrollada de tal planteamiento fue expuesta por Parsons en su obra El sistema social, y en ella describe cómo funciona el modelo de intercambio que nutre, estructura y perpetua el sistema social.   

La teoría parsoniana argumentó que el sistema social puede estar en equilibrio o puede estar alejada de tal punto. El desvió consistente en el alejamiento del equilibrio, por la disyunción entre las expectativas del ejercicio del rol social y la configuración de lo que se ejerce. Así, pues, el incumplimiento del rol social es una falla del sistema que lo puede llevar al desequilibrio. Al incumplir el rol social se impide la formación del nicho social y, consecuentemente, se rompe la red de las estructuras que configuran a la sociedad. Cumplir con el rol social es una aportación funcional del individuo a favor del sistema, una especie de deber institucional generalizado, pues como el grupo satisface todas las necesidades del individuo, el individuo debe mantener la órbita de su actuación para que el sistema y él mismo se puedan autoconservar. Sin embargo, se sabe que el individuo no siempre cumple su rol social, y cuando esto sucede es necesario que la estructura corrija ese fallo de sistema. En ese sentido, Parsons se refirió a la función de la socialización y al uso de los mecanismos de control social. En este último caso, el Derecho o, si se prefiere, las leyes, juegan un papel transcendental, porque se perfilan como herramientas para conservar el orden de las estructuras y el comportamiento de los individuos, no solamente con el propósito de disciplinar al actor, sino también con el fin de corregir las fallas del sistema.

Aunque el sistema legal puede ser concebido como un mecanismo de control social, la importancia de Parsons, para el saber jurídico, va mas allá de reflejar la conexión entre las funciones y las estructuras, al demostrar que dentro de la sociedad confluyen tres grandes sistemas: el sistema cultural, el sistema de personalidad y el sistema social. La corrección de las fallas del sistema no solamente exige soluciones de tipo social. Requiere, sin temor a equívocos, por lo menos soluciones a dos niveles: a nivel social y a nivel de la personalidad. El sistema de personalidad involucra las emociones, sentimientos e impulsos del actor, de cara a las externalidades a las que se enfrenta al momento que cumplir su rol social. Parsons pone de manifiesto la importancia de corregir las fallas del sistema con mecanismos que corrijan la disfunción social, pero también que ofrezcan un tratamiento a la personalidad del sujeto. De esta forma, por ejemplo, no se requiere solo medidas correctivas contra el delincuente, como la imposición de penas, sino también estrategias que descifren y optimicen su personalidad, con el fin de abordar la causa interna que lo inclina al desvió. Desde este enfoque, por ejemplo, se podría examinar si el tratamiento de la violencia es suficiente solamente con el uso de las medidas de seguridad extraordinarias o si, por el contrario, resultan deficientes en relación al sistema de personalidad.

En conclusión, Parsons identifica que un sistema social puede alejarse del equilibrio si los actores dejan de cumplir sus roles sociales, como el caso del progenitor que no asume su rol social de padre o el del enfermo que no asume su rol social para recibir el correspondiente tratamiento médico, frente al riesgo de que la desintegración familiar fragmente la corteza social básica o que se produzca un aumento desproporcionado de enfermos. Asimismo, deja de manifiesto que las fallas del sistema, originadas por el rompimiento del rol, requieren soluciones a nivel social y a nivel de la personalidad, con el objetivo de conservar el orden y equilibrio de la sociedad. De esta forma se destaca que uno de los grandes defectos del sistema judicial y, desde luego, del sistema estatal en general, es que no puede dar soluciones integrales a los problemas que trata, pues se limita a proveer soluciones jurídicas en la dimensión de lo social, sin brindar el correspondiente tratamiento a nivel de la personalidad. Además, permite alegar que el trabajo de los Equipos Multidisciplinarios (psicólogos, trabajadores sociales, educadores, criminólogos, entre otros), dentro de la actividad judicial, o es deficiente o es limitado.  En todo caso, la teoría de Parsons aporta elementos para realizar una revisión macrosocial de la actividad jurídica.

Theodor Adorno y Max Horkheimer: “Dialéctica de la ilustración” 

Theodor Adorno y Max Horkheimer: “Dialéctica de la ilustración”

Los filósofos y sociólogos alemanes, Theodor Adorno y Max Horkheimer, son dos de los máximos representantes de la primera generación de la Escuela de Fráncfort. Esta Escuela se encargó crear y desarrollar los postulados filosóficos de la teoría crítica, dentro del contexto medular del Instituto de Investigación Social en Frankfurt, Alemania. La pretensión de la teoría crítica es analizar la sociedad capitalistas, sus formas de manifestación positiva y las formas negativas por medio de las cuales se oculta la realidad. Se trata de un sistema de pensamiento que trasciende de lo evidente, de lo dado, de lo afirmado, para penetrar las estructuras sociales y conocer lo oculto, lo sustraído, lo negado. De esta forma, T. Adorno y M. Horkheimer buscan emancipar a las personas de la opresión de la sociedad capitalista y conducirlas hacia una sociedad más humana.

Recurren a la razón emancipadora como herramienta y camino que los conduce hacia la justicia social. La ciencia, desde la perspectiva de la teoría crítica, no solamente explica las causas que rigen los fenómenos sociales, como lo pretenden los adscritos al paradigma cuantitativo, galileano o positivista, y tampoco se limita a comprender las causas finalistas que los absorben, como lo hacen los partidarios del paradigma cualitativo, aristotélico o hermeneuta, sino que trasciende hacia un nivel emancipador. La teoría critica, influenciada por la teoría de Marx, Hegel y Freund, busca transformar la sociedad y emancipar a los oprimidos, con el fin de hacer de la sociedad una sociedad más humana. Esta aspiración sería heredada, con las modificaciones respectivas, por los continuadores de la Escuela de Fráncfort, como sucede con el filósofo y sociólogo Jürgen Habermas.

La idea de T. Adorno y M. Horkheimer es analizar la realidad capitalista como parte de la totalidad histórica. No se conforman con conocer lo dado, porque para ellos la ciencia debe interesarse por lo no dicho, puesto que lo dado, lo afirmado, está vacío. Quien se dedica a investigar la realidad sin trascender lo afirmado, se complace por conocer simples apariencias. La teoría crítica sabe que si el ojo humano ve sólo aquello para lo que sido adiestrado, el entendimiento no crítico solo aprehende aquello que se le muestra como apariencia. Renunciar a ver simples apariencia es un reto a superar por parte del científico, porque en tanto que apariencia lo dado es algo falso o algo incompleto. La teoría crítica necesita ver la totalidad de lo afirmado y lo negado para sobreponerse a las apariencias. Necesita sumergirse bajo las aguas para advertir que el iceberg es mucho más de lo que se mira desde la superficie del agua. Quien dice conocer el iceberg por lo que ve en la superficie, se limita a conocer lo dado, lo afirmado, la apariencia; ignorando que lo que es, no es, porque no es todo. En ese sentido, la teoría crítica explora la negatividad, para tener una imagen más totalizadora de la realidad.

Una perspectiva crítica permitiría ver más allá de lo evidente. De esta forma, por ejemplo, se podría conocer que muchas aspiraciones generales son verdaderamente aspiraciones de grupos sectoriales. Se entendería que la idea de bienestar es una invención burguesa que está en función del grupo que la engendra o que entre más se fracciona la sociedad, más se cosifica y que entre más se cosifica más se domina y oprime. Bajo esta óptica, T. Adorno y M. Horkheimer reiteraron el programa emancipador de la teoría critica, consistente en introducir razón en el mundo para someterlo a su dominio. En la obra Dialéctica de la Ilustración se propusieron comprender por qué la humanidad, en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, se hundía en un nuevo género de barbarie. Así, demostraron que la Ilustración fue un proceso de emancipación, pero que luego se volvió afirmación y dominación.

En la actualidad el análisis crítico exige valorar si las ideas que actualmente se tienen sobre el desarrollo económico, social, tecnológico, humanitario y cultural, permiten el establecimiento de una sociedad verdaderamente humana. Impone la necesidad de ver más allá de las apariencias y de sobreponerse a las emociones para analizar si lo afirmado sobre el aborto, la diversidad sexual, la igualdad de genero, la eutanasia, la pobreza, la esclavitud, el analfabetismo, la democracia, la libertad, y otros tantos temas, son simples apariencias o si es realmente una parte sustancial del camino que permite el establecimiento de un estado verdaderamente humano o, si por el contrario, impone un nuevo genero de barbarie. Ahora bien, la razón crítica no es un patrimonio de la filosofía ni de la sociología, es, ante todo, el verdadero modo de ser del entendimiento humano. Este estilo de razonar es totalmente útil al saber jurídico. Por ejemplo, el análisis de las sentencias de los tribunales de justicia debe realizarse desde una perspectiva critica, procurando develar lo oculto del argumento adoptado y exponiendo las consecuencias que indefectiblemente se producen dentro de la totalidad del sistema histórico-social. La razón crítica rompe la unilateralidad del juez y lo atraviesa como una boca del tiempo que habla en nombre de algo que ya no permanece oculto para el entendimiento crítico.

James Samuel Coleman: “Fundamentos de teoría social”

James Samuel Coleman: “Fundamentos de teoría social”

El sociólogo estadounidense James Coleman es el padre de la teoría de la elección racional, uno de los enfoques sociológicos más destacados dentro de la teoría social contemporánea. Este autor ha logrado plantear una teoría social que pretende anticipar el comportamiento social de los individuos por medio de los postulados de la económica neoclásica. La lógica de Coleman afirma que los individuos son seres racionales que dirigen sus comportamientos bajo reglas de eficiencia o rentabilidad y que a partir de tal aspecto se pueden realizar cálculos que anticipan sus manifestaciones interactivas. La utilidad de este enfoque para el saber jurídico es determinante, por cuanto permite analizar y anticipar el comportamiento de los individuos y las consecuencias jurídicas que están dispuestos a experimentar o a soslayar, así como el comportamiento de los jueces en su función de administrar justicia. Esta anticipación, desde luego, se da en términos de cálculo matemático, a partir de la gravedad de las consecuencias merecidas o de las manifestaciones pretéritas que acompañan al evento esperado. Permite, por ejemplo, estimar cuál es la probabilidad de que un empresario esté dispuesto a modificar sus sistemas de producción o a indemnizar a las victimas que se ven perjudicas por dicho sistema.

En el enfoque del Análisis Económico del Derecho se identifican los postulados de la teoría de la elección racional, los cuales han sido utilizados para explicar una serie de conceptos e instituciones propias del ámbito jurídico. Por ello, no es extraño que Richard Posner, uno de los fundadores del Análisis Económico del Derecho, entienda que la economía es la ciencia de la elección racional en un mundo donde los recursos son limitados en relación a las necesidades. En la actualidad, la teoría de la elección racional es una herramienta ingeniosa para ser aplicada en materia de Derecho de daños, tal y como lo han revelado los teóricos del Análisis Económico del Derecho. La calificación de la responsabilidad, la asignación de la culpa, la ponderación del daño, la cuantificación de la indemnización y la medición del costo social, es materia que puede ser abordada desde esta óptica. Pero esta teoría no es aplicable únicamente al Derecho civil, sino también al Derecho penal. Se puede aplicar, por ejemplo, al análisis del costo social de imponer penas. 

Cita así:

PALACIOS, CRISTIAN. “5 Sociólogos que los Abogados deben estudiar”. Publicado en la Revista Jurídica Digital “Enfoque Jurídico” el 23 de abril del 2018