Tratamiento en Medicina Legal a víctimas de abuso sexual.

Se lee en diferentes expedientes judiciales:

“Acusación de abuso sexual del padre a la niña…”

“Según dicho estudio la menor de nueve años de edad, fue objeto de abuso sexual, por parte del compañero de vida de la madre cuando éstos vivían en el extranjero…”

 “No obstante que en el expediente no se cuenten con los elementos suficientes o contundentes que determinen que el Sr. […] cometió el abuso sexual sufrido por el niño […], existen indicios liminares que desaconsejan momentáneamente que dicho progenitor se relacione con sus hijos…”

“Que si bien es cierto en un inicio la demandada negó lo afirmado por su hija, en lo tocante al abuso sexual que experimentó, posteriormente, aquella en la audiencia de sentencia reconoció la existencia de esos hechos…”

“Ante el evidente descuido de la madre, fue objeto de abuso sexual por parte del compañero de vida de ésta…”

“Pese a que el posible abuso sexual que refirió el niño no ha sido comprobado dentro del proceso por no haberse ahondado en las investigaciones pertinentes, no debe dejarse desapercibido lo afirmado por éste, ya que los niños víctimas de abuso difícilmente puedan mentir, según terapeutas especialistas en la materia…”

“Se ordene la realización de reconocimiento de genitales en la menor de edad […] para definir si ha existido abuso sexual de parte del padre y no solo agresiones sexuales de tocarle sus genitales…”

“Efectivamente presenta las características de un niño víctima de abuso sexual que por la coincidencia entre el dicho de este y su comportamiento, puede determinar que su dicho es confiable…”

Las historias de abusos sexuales se cuentan por cientos en el Órgano Judicial, siendo las víctimas en mayor medida menores de edad; solo en el año 2016 según estadísticas de la Policía Nacional Civil, recibieron 3,947 denuncias por violencia sexual, de ellas el 47.45% de víctimas eran menores de 15 años, el 26.75% tenía entre 16 y 18 años y 12.59% correspondía a mujeres.

Por su parte, el Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia (CONNA), de 2015 a 2016, recibió 3,000 denuncias por agresiones sexuales a menores de edad, donde la mayoría fue cometida por familiares.

Según el observatorio de violencia de ORMUSA, en el período de enero a junio del 2017, la PNC, recibió un total de 1,948 denuncias por diferentes delitos sexuales, siendo el delito de violación en menor o incapaz, Art. 159 CP,  el más denunciado con 934 denuncias, representando el 47.95%, siguiéndole el delito de estupro, Art. 163 CP, con 441 denuncias. Del total antes referido el 79% de los abusos sexuales fueron cometidos en contra de menores de 17 años, siendo las niñas y adolescentes quienes sufren en mayor medida, lo que se profundiza entre el rango de los 12 y 17 años de edad.

Lo más lamentable de todas estas historias es que los hechores generalmente son personas conocidas de las víctimas: el papá, primo, tío, padrino, vecino, amigo, en su mayoría familiares.

Estos abusos sexuales cuando son ejecutados por el padre, resulta ser de los casos más graves y complejos, ya que la niña o el niño que es abusado, deposita su confianza en su padre por lo que representa para la vida de un hijo, quienes esperan de ellos, naturalmente, una figura de protección y es esto lo que los vuelve aún más vulnerables, pues generalmente no oponen resistencia a la agresión o incluso llegan a confundirla con amor, situación que puede variar ante factores como la edad y el desarrollo de sus capacidades, por ello muchos hijas e hijos no pueden distinguir el sentimiento que experimentan en el momento del abuso, lo que lleva al silencio de la víctima.

Por ello, en muchos casos, la denuncia de los hechos por abuso sexual, se realicen hasta que el abuso ha sido larga y dolorosamente repetido o cuando ya existen consecuencias graves y más visibles como lesiones serias o embarazos.

En nuestro Código Penal encontramos los delitos contra la libertad sexual en el título IV, a partir del Art. 158 que regula el delito de violación, hasta llegar al 173-B respecto al delito de posesión de pornografía.

Para la doctora Virginia Berlinerblau, psiquiatra infanto-juvenil, miembro médica legista del Cuerpo Médico Forense de la Justicia Nacional Argentina, premiada por trabajos elaborados sobre el Abuso Sexual infantil y Miembro de la Comisión de Delitos Sexuales del Ministerio de Justicia de esa nación; el Abuso Sexual Infantil es: el contacto genital entre un/una menor de edad (18 años o menos) y un adulto que lo manipula, engaña o fuerza a tener comportamientos sexuales. Los tipos de contacto incluyen, penetración, intento de penetración, estimulación del área vaginal o rectal del niño/a por el pene, un dedo, la lengua o cualquier otra parte del cuerpo del abusador, o por un objeto usado por el perpetrador; también incluye cualquier tipo de contacto genital o anal del perpetrador por parte de la víctima, tales como felación, masturbación, e intromisión de cualquier tipo, así como el contacto de pechos no consentido.

Para Berlinerblau también existe abuso sexual infantil aún en determinados hechos donde no media contacto físico alguno entre adulto y la niña, niño o adolescente, por ejemplo un adulto que duerme en una misma cama con el menor de edad cuando el niño o el adulto o ambos experimentan estimulación sexual; o conversaciones y miradas seductoras a un menor de 18 años por los padres u otras personas que ejercen poder sobre él, cuando dicha charla viola fronteras generacionales o personales; permitir o forzar al niño o niña a observar películas o material pornográfico; inducir al menor de edad a posar para fotografías sugerentes; ser victimizado a través del exhibicionismo o “voyeurismo” dentro de la familia o en un medio íntimo en forma reiterada.

En definitiva, según esta autora, el abuso sexual infantil  implica un abuso de poder, en tanto y en cuanto una persona mayor, más fuerte, y más sofisticada, saca ventaja de una persona más joven, más pequeña y menos sofisticada, con el propósito de satisfacer sus propios deseos y sentimientos sin importarle los sentimientos o deseos de la niña, niño o adolescente.

Tratamiento en Medicina Legal a víctimas de abuso sexual.

Pero en cualquier circunstancia que haya ocurrido el hecho, en nuestro país, una de las herramientas que revisten mayor importancia probatoria dentro de los procesos en los que se ventilan delitos de carácter sexual, es el peritaje realizado por los profesionales médicos del Instituto de Medicina Legal, pues la recolección de evidencia física, puede ser determinante para demostrar la existencia del hecho.

Vista esta importancia, resulta trascendental la estandarización de los procesos de recolección de evidencia, de modo que se obtenga toda la información posible para resolver jurídicamente el caso, por lo que el Instituto de Medicina Legal tiene un protocolo de atención para víctimas de abuso sexual.

Bajo este protocolo, se atienden los casos que les son remitidos mediante oficio de un juez o de la Fiscalía General de la República, aunque si la Policía Nacional Civil traslada a la víctima primeramente a Medicina Legal, ellos se encargan de realizar las comunicaciones pertinentes con la Fiscalía para que se les envíe el oficio correspondiente y si la víctima se encuentra ingresada, los médicos se desplazan hasta el lugar donde esté internada.

Es importante recalcar que en el Instituto de Medicina Legal, siempre hay médicos de turno y que los casos relativos a delitos sexuales tienen una alta prioridad, e incluso si la víctima no cuenta con Documento Único de Identidad es atendida.

El protocolo de atención es estándar, tanto para mujeres, como para niñas, sin embargo el abordaje es distinto, tomando en cuenta la edad de la víctima y no se deja de lado el estado emocional de la misma, pues previo a que intervengan los médicos, se les da atención en crisis en la unidad de Atención a Víctimas con Abuso Sexual (AVCAS), ahí hay tres psicólogas que les explican en qué consiste el examen y les brindan contención emocional en crisis, estas profesionales le preguntan si tiene preferencia en cuanto al sexo del médico que la atenderá, se trata siempre en la medida de lo posible que haya una doctora.

El protocolo consta de dos partes, una entrevista y un examen físico; en cuanto a la entrevista, el médico realiza preguntas como las siguientes:

  • Se solicita que la víctima narre la historia de dónde, cuándo y cómo sucedió el hecho, de modo que se detalle lo más posible todo lo que recuerde en ese momento.
  • Así también, se realizan preguntas como cuál fue el tipo de amenaza o arma que utilizó el hechor para intimidar a la víctima y su tipo de relación con ella o si se trató de uno o más desconocidos.
  • Otros datos importantes que deben consignarse, es si el hechor usó o no preservativo y si la víctima se bañó, si usó ducha vaginal, si se cambió de ropa o no; en este último caso, es posible que la ropa también se recolecte como evidencia.
  • Si bien existe un momento en el que se le pregunta a la víctima sobre la identidad del hechor, su nombre, su estado, el parentesco con la víctima, etc., estos datos en particular, no se consignan en el reporte escrito que rinde Medicina Legal, pero es útil para fines estadísticos de la institución, que a la larga permiten visibilizar las áreas que requieren de mayor atención en la creación de las políticas públicas respectivas.
  • También se le pregunta a la víctima sobre sus antecedentes ginecoobstétricos como la edad de la primera menstruación, la fecha de su último período menstrual, datos que pueden servir para determinar si estaba embarazada antes del hecho o no y deducir si es posible que quede embarazada o no por las fechas aproximadas de ovulación. Así mismo, se le pregunta si es la primera vez que tiene una relación sexual, si tiene vida sexual activa, la fecha de la última relación voluntaria, así como la última fecha de la relación involuntaria, en caso que el abuso haya sido continuo. Sobre este punto los médicos tienen claro que deben ser cautelosos, sobre todo con víctimas adolescentes, pues hay que hacerles saber que no se está juzgando o criticado su comportamiento sexual, sino que esto es útil para esclarecer los hechos que se ventilarán en el proceso penal.

Finalmente, en la segunda etapa de la práctica del peritaje, se realiza un examen físico completo que incluye:

    • Área extragenital: que incluye la búsqueda de aruñones, excoriaciones u otras lesiones en cuello, mamas, brazos, etc. Cuando se trata de un abuso sexual cometido vía oral, también se examina la boca y es posible que se recolecte una muestra para determinar si hay ADN del hechor.
    • Área paragenital: se observan los glúteos, la cara interna de muslos y la parte inferior del abdomen
    • Área genital: incluye una revisión del himen para saber si hay rotura antigua o reciente y revisión del ano. Se buscan también, evidencias físicas de infecciones de transmisión sexual, sobre todo cuando los abusos han sido continuos.

Luego del examen físico, el perito puede ordenar exámenes de laboratorio como prueba de embarazo, VIH u otras infecciones de transmisión sexual, todo ello en concordancia con el relato de la víctima, así como de las evidencias físicas encontradas.

Si las personas no desean ser examinadas, se les insiste, los médicos se auxilian de psicólogas de AVCAS, pero si aun así no lo desean, firman un documento en el que expresan que no desean ser examinadas y en ningún momento se les obliga a ello y en caso que se trate de niñas, los médicos en un primer momento tratan de persuadirlas mediante métodos que impliquen actividades agradables o reconfortantes para ellas como abrazar algún juguete, o proponiéndoles realizar o pintar algún dibujo o bien apoyándose de la persona que las acompaña, que podría ser la madre, un pariente o una trabajadora social de ISNA.

Si bien el peritaje que realiza el Instituto de Medicina Legal, no es la única prueba que puede apreciar el juzgador en un proceso penal relativo a un delito sexual, es importante que las víctimas conozcan qué información deben proporcionar, igualmente las personas profesionales del derecho, al tener claro qué debe contener el peritaje, puede orientar a la víctima para resguardar evidencia.

La violencia sexual es un reflejo de la conciencia social que tiene un país, debido a que el silencio, que es difícil de romper por parte de las víctimas para hacer público un caso, muchas veces es prolongado por los testigos de los abusos, su complicidad es parte de la comodidad, desinterés o insensibilidad por tal lamentable hecho; se requiere que la sociedad se una para hacer frente estos tipos de delitos y de conocerse sean denunciados para su investigación, de lo contrario el abuso sexual puede sentenciar la vida de una niña, niño o adolescente, protegerlos es una corresponsabilidad de la familia, sociedad y Estado.