Grey es un verdadero hombre

Es constante ver a mujeres interponer denuncias en la Fiscalía General de la República, en Juzgados de Paz, Juzgados de Familia, por ser víctimas de maltrato, con sendos moretones en su cuerpo por los golpes que ha recibido de su esposo, compañero de vida, hijos, muchas veces de los golpes recibidos han tenido que ser ingresadas en los Hospitales, realizándoles intervenciones quirúrgicas de urgencia; o siendo víctimas de violencia sexual obligándoles su pareja sentimental a tener relaciones aun en contra de su voluntad, debiendo aceptar posiciones sexuales incómodas o dolorosas, sólo para saciar el deseo de su pareja.

Mujeres víctimas de violencia psicológica, con el autoestima destruida por haberles hecho creer que son mujeres fracasadas, por haber crecido aceptando sin discusión que es la apariencia lo que cuenta en una mujer, idea que deja fuera de la popularidad Hollywoodense a muchas mujeres, olvidando que la belleza es subjetiva, relativa, y que el humano tiene su valor por la dignidad con la que cuenta, independientemente del estilo de vida que elige llevar.

Es común ver el comportamiento de muchos hombres controlando de sobremanera a su pareja, con la idea de ser “protectores” de sus vidas, un súper héroe que vive del estímulo que experimenta al someter a una mujer (novia, hermana, mamá, compañera de trabajo, empleada, etc.). La violencia en contra de la mujer es algo real, actual y grave; decir lo contrario es vivir en el patriarcado, pero vivir fuera del patriarcado es romper con la cultura con la que creciste, es salir de nuestra comodidad, esa que nos permite tener menos responsabilidad y más autoridad, sin embargo basta con entender la vida de las mujeres que viven a nuestro alrededor, y así ser capaz de comprender que somos humanos que vivimos en un mismo planeta, con capacidades y virtudes auténticas.

Es lamentable que muchas mujeres que han sufrido violencia, boten en el primer cesto que encuentren aquel impulso doloroso que les hizo ver la realidad: las decisiones no se toman con gritos y golpes. Pero lo hacen por sentirse “incluidas”, por sentirse “amadas” por su agresor, por sentirse “valoradas”, y vuelve la etapa de la luna de miel, en donde el hombre intenta no perder a su madre, hermana, compañera de vida, porque entonces no tendrá quien lo haga sentir un súper héroe, inflado de halagos, de ficción, de narcoseries, de novelas, volviéndose a sentir el mejor hijo, el mejor profesional, el mejor deportista, el mejor amante, y una vez cuente con esa comodidad y ese poder, volverá a exigir que la vida se viva como él decida, cuando quiera, como quiera, y de no ser así las cosas, de alguna forma se deben de adecuar.

Existe otro porcentaje de mujeres que al identificar el negocio del hombre que le hace ganar poder, buscan disuadirlo por medio de los encantos de su cuerpo, arrastrando su dignidad para dominar al hombre, siendo también víctima de violencia, y aceptando un rol que les hace perder las capacidades que poseen, mientras el hombre sigue en su reinado, un castillo de cemento en la tierra del patriarcado.

Grey es un señor que vive en la sombra de su rebeldía, él trata a las mujeres respetándoles su dignidad, colabora en casa con los quehaceres, lava su ropa, levanta su plato de la mesa cuando termina de comer, cuida a sus hijas, les ayuda con las tareas, va a la despensa a fin de mes a comprar la comida de su familia, alista su cama antes de dormir, no hay noches de fiesta, porque prefiere compartir con sus hijas, en ocasiones deja de ver su deporte favorito por ver una película familiar, Grey vive en la sombra, excluido de la cultura patriarcal, sin embargo es feliz, quizás igual de feliz que Grey en su castillo de cemento, pero ahora también hace feliz a las mujeres con las que se relaciona, dejó de ser un súper héroe, para sólo ser un verdadero hombre.