Indicaciones abortivas: cuestión de sentido común
Indicaciones abortivas: cuestión de sentido común

Se trata de un caso básico en cualquier manual de derecho penal: Dos náufragos a la deriva están a punto de morir ahogados, su  única posibilidad de salvación es una tabla que flota sobre el agua pero que no soporta el peso de ambos, ante el temor de perder su vida, uno de los desgraciados decide  acabar con la vida del otro para asegurar su sobrevivencia. El famoso caso de la “tabla de  carneades” sirve en innumerables manuales y cursos para ilustrar una realidad básica en derecho penal: No todo homicidio tiene el mismo valor, ni toda destruccion de la vida merece la misma respuesta.

En efecto, el derecho penal permite hacer distintas valoraciones en donde en verdad haya diferencias apreciables, no es lo mismo matar “a secas”, que matar para no perder la vida o como única forma de sobrevivencia o salvaguarda de derechos primarios o fundamentales. El primer caso es un homicidio “a secas”, el segundo podría ser un homicidio en “legítima defensa”, o bien, “estado de necesidad” (art. 27 Pn).  El primer caso tiene pena de prisión de 15 a 20 años, el segundo tiene la misma pena que caminar por el parque: Ninguna. La razón de esto último es sencillo, pedir a cualquier ciudadano que sea fiel al derecho sacrificando su vida, es tanto como pedirle que incumpla el derecho y delinca. Esto lo sabe cualquier abogado o persona con sentido común, solo un fanático sería capaz de imponer la dura ley en estos extraordinarios casos, ahora bien, en El Salvador hay muchos fanáticos.

En el ámbito procesal penal hay casos más llamativos, un coautor, inductor o cómplice del peor de los homicidios que el lector quiera imaginar, puede quedar impune, sin pena, o con la misma pena que tendría por caminar en el parque: Ninguna. Todo lo que debe hacer es delatar a sus compinches en un proceso penal y convencer al fiscal para que le brinde un “criterio de oportunidad” (art. 18 Pr.Pn), adiós persecución penal, perseguir al asesino en estos casos puede que sea importante, pero no es más importante que el interés del Estado por perseguir e investigar a otras personas. La persecución penal en toda democracia constitucional puede menguar o incluso extinguirse ante situaciones necesarias, proporcionales o extraordinarias. Solo un fanático podría aplicar la ley por igual en casos desiguales. Pero en El Salvador hay muchos fanáticos.

Si usted es de los que le importa un bledo la impunidad de un homicidio por aplicación de un “criterio de oportunidad”, una “legítima defensa” o un “Estado de necesidad”, pero grita como loco para mandar a prisión a una niña de catorce años que abortó luego de embarazarse por una violación, le hago una cordial recomendación: NO SEA HIPÓCRITA, abandone el doble discurso y use su sentido común: ¿Qué cree que pasará si queda impune el mencionado aborto? ¿Cree que esta impunidad lanzará un malvado mensaje a las niñas de catorce años que desean ser violadas, embarazadas por la violación, para luego buscar la impunidad de su aborto? Eso es ridículo, es tonto y absurdo en varios niveles, solo cabe en una mente fanática, no piense como fanático.

Lo que no es absurdo es lo siguiente, si se le niega a esta niña la posibilidad de abortar, es muy probable que ella igual abortará, y abortará no porque usted y yo pensemos que es moral o inmoral, virtuoso o pecaminoso, un gesto católico o pagano, nada de eso, lo hará porque es ella y solo ella a quien robaran su adolescencia, a quien le quitarán su vida en los términos en que había planeado, será ella en su inmadura mentalidad de catorce años, quien deba asimilar la idea de presentarse al colegio embarazada, mantener una vida por toda su vida, arriesgar su salud en un parto doloroso originado en la situación más terrible y vergonzosa que haya vivido, una experiencia que nunca pidió y por la cual no tuvo ninguna culpa ¿Qué hacer en estos casos?  ¿Cómo debe actuar el Estado? Dejar sin opción es crear otra opción: El abortero de la esquina, o quizás la salida reside en la “cristianisima” solución del diputado Ricardo Parker: ¡50 años de cárcel!

Hay casos de casos, decir que todo aborto debe quedar impune, es tan inhumano y absurdo como decir que todo aborto debe ser punible, se trata de una cuestión de sentido común, pero en El Salvador hay demasiados fanáticos, con sus leyes fanáticas, y el bullicio de algunos fanáticos se ha impuesto al silencio sepulcral de aquellos que todavía tienen sentido común. Siempre es más fácil ser indiferente y guardar silencio, sobre todo cuando no soy aquella niña de 14 años, emprobrecida, agredida, violada, deshumanizada, temerosa… Embarazada.

Editorial realizada por Oswaldo Feusier.-