El síndrome del trabajador quemado, en los aplicadores de justicia.
El síndrome del trabajador quemado, en los aplicadores de justicia.

Experimenta tensión, desmotivación, irritabilidad, desespero, inquietud, visita regularmente la clínica de salud por dolores de cabeza, gripes, se siente agotado incluso antes de iniciar la jornada laboral… mucha atención pues todo apunta a que sufre del síndrome del trabajador quemado (burnout).

Si bien el síndrome del quemado fue mencionado por primera vez a mediados de los años setentas (fue el psiquiatra estadounidense Herbert Freudenberger en 1974 en el libro Burnout: The High Cost of High Achievement) para describir la actitud cotidiana de trabajadores de la salud; este síndrome fue desarrollándose hasta llegar a diferentes tipos de trabajo, y los aplicadores de justicia no han sido la excepción por ser un trabajo de servicio, de relaciones humanas y e inclusive puede llegar hasta conocer aspectos de mucha intimidad.

Muchos fiscales, colaboradores, secretarios, asistentes, ordenanzas, jueces, por mencionar, viven diariamente con  un estrés prolongado, continuo, debido a la carga excesiva de trabajo que existe en muchos Tribunales del país, y además a la necesaria profundización en los casos de los usuarios de justicia, con la finalidad de aplicar la justicia de la mejor manera.

Para Jesús Montero-Marín, psicólogo clínico e investigador en el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud, España el síndrome del trabajador quemado es algo que: “todavía se está estudiando la definición más exacta, pero se refiere a un estado de agotamiento y un sentimiento de falta de eficiencia que derivan en negligencia con los objetivos a cumplir por parte del trabajador.”

En España este síndrome ha sido motivo de diferentes sentencias, en donde algunos juzgadores han llegado a declarar a una persona incapaz y/o con invalidez permanente por sufrirlo .

El Juzgado de lo Social número 10 de Las Palmas, España declaró la incapacidad permanente total a una enferma en atención de partos, por presentar síntomas del síndrome del trabajador quemado; el juzgador valoró su decisión expresando que la enfermera padecía un “trastorno adaptativo con alteración mixta ansioso depresiva crónica” manifestadas en tensión, enojo, mal humor, inquietud, no apta para desarrollar correctamente su profesión.

El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña dictó una sentencia en donde resolvió que la fibromialgia y síndrome de fatiga crónica es motivo para declarar la invalidez permanente. Dicha sentencia fue dictada por el caso de una mujer operaria de industria química, que padecía depresión recurrente de carácter grave sin síntomas psicóticos, dolor cervical y proceso degenerativo sin afectación radicular, fibromialgia y síndrome de fatiga crónica.

Un Tribunal Superior de Justicia de Asturias declaro en su sentencia que un abogado quien presentaba síntomas propios del trabajador quemado, padecía incapacidad permanente total para la realización de tareas comunes en la profesión del jurista, además le fijó una pensión por haberse dedicado la mayor parte de su vida a esa profesión y por su avanzada edad no poder aspirar a un trabajo diferente, priorizando la dignidad humana del trabajador.

Estas sentencias que representan una visión evolutiva y acorde a las realidades que se viven en el mundo están a miles de kilómetros de distancia de ser aplicadas en El Salvador, nuestra legislación de familia establece que la declaratoria judicial de incapacidad pueda establecerse por dos causas (artículo 293 CF)

a) la enfermedad mental crónica e incurable, aunque existan intervalos lúcidos; y

b) la sordera, salvo que el sordo pueda entender y darse a entender de manera indudable.

El código civil en su artículo 1318 establece que son personas incapaces absolutamente: 1) los dementes, 2) los impúberes y 3) los sordos que no pueden darse a entender de manera indudable.

Por su parte el Código de Trabajo en su artículo 331 establece:

En todo caso, se considerará como incapacidades permanentes totales las siguientes:

a) La pérdida anatómica o funcional de ambos miembros superiores, de ambos miembros inferiores o de un miembro superior y otro inferior, en su totalidad o en sus partes esenciales, considerándose partes esenciales la mano y el pie;

b) La pérdida de los dos ojos o la pérdida total de su agudeza visual;

c) La pérdida de un ojo o de su agudeza visual acompañada de la reducción en más de un cincuenta por ciento de la agudeza visual del otro; y

ch) Las lesiones orgánicas o funcionales del cerebro y los estados mentales crónicos (psicosis crónicos, estados maniáticos y análogos), de mayor gravedad de los contemplados en la Tabla del Art. 329 y reputados como incurables.

Existen casos de personas con cáncer terminal que deben continuar ejerciendo su trabajo aún en esas condiciones, pues ya no les dan mayor prorroga de incapacidad en los hospitales de salud pública, y de no hacerlo se ven expuestas a no recibir su salario y perder las prestaciones de seguridad social, debido a la legislación regresiva que se tiene en el tema de invalidez e incapacidad declarada.

Muchas personas inician las diligencias de declaratoria judicial de incapacidad ante los Tribunales con la finalidad de poder cobrar algún tipo de pensión en virtud de padecimientos que les impiden realizar labores, y ven frustrados sus deseos al toparse con una normativa radical, pues para recibir una pensión requieren la declaratoria de incapacidad siendo la prueba preferente la aportada por medicina legal, en donde los peritos deben de concluir que el interesado padece de una enfermedad mental crónica e incurable, sin considerar otras formas de incapacidad como por ejemplo el síndrome del quemado.

Este tema merece una reforma inmediata para solventar problemas como los citados anteriormente, por el momento debería de ser abordado con mucha atención por parte de las autoridades judiciales, programando espacios para que los empleados puedan invertir de su tiempo en actividades de relajación, realizar talleres donde les enseñen a los trabajadores herramientas para hacer frente al estrés, pues un trabajador quemado en su mejor versión está condenado a la poca productividad, y esto no es beneficioso para ninguna persona que está dentro de la esfera de la aplicación de justicia, ya sea como parte o como juez.