El liderazgo en la Abogacía
El liderazgo en la Abogacía
El liderazgo en la Abogacía
El liderazgo en la Abogacía

Muchas veces me pregunté antes de escoger la carrera de derecho lo siguiente: ¿Por qué deseo estudiar las ciencias jurídicas? ¿Tengo aptitudes para desenvolverme en esta carrera? Me acuerdo muy bien que en bachillerato tenía claridad en cuanto a la elección de esta carrera, sobre todo porque sentía que mi personalidad (en cuanto a la búsqueda de protección o sentido de justicia) y ciertas aptitudes se apegaban mucho a la funcionalidad de la profesión. Por supuesto, evalué los detractores como: la falta de oportunidades laborales en el área, la sobreabundancia de abogados en el país, e incluso la mala imagen con que muchas personas relacionan a los abogados haciendo bromas como ¿Por qué los tiburones no atacan a los abogados? Por cortesí­a profesional. Sin embargo, estos detractores no me detuvieron, al contrario, me impulsaron a meterme de lleno a una profesión que actualmente me parece fascinante.

Esto me lleva a recordar qué significa la palabra Abogado: esta palabra proviene de advocalus, de la voz latina que quiere decir “llamado a o para” porque, en efecto, estos profesionales son requeridos por los litigantes para ser asesorados o para actuar en su nombre en las contiendas judiciales. En palabras simples, podemos decir que los abogados se dedican al ejercicio escabroso de pedir justicia y para esto, se necesita de una conditio sine qua non para ejercer eficazmente la profesión: liderazgo.

La Real Academia Española define la palabra líder como: “persona o entidad que va a la cabeza entre los de su clase, especialmente en  una competición deportiva”. Si tomamos en cuenta la primera parte de la definición podemos inferir que ser líder en la abogacía implica dirigir a los clientes mediante el apoyo técnico jurídico de las consultas suscitadas, identificando las necesidades trascendentales que las personas presentan para proteger los bienes jurídicos de interés, mediante la construcción y  desarrollo del caso con ética, responsabilidad y personalidad; formular, dentro de las posibilidades, propuestas de solución alternas a los clientes, actualizarse e impulsar el desarrollo académico para que esto nos ayude a metodizar y desarrollar interpretaciones precisas del ordenamiento jurídico vigente. Pero a todo esto, ¿Qué conlleva ser un líder?

Narra Jorge Valdano, en su libro “Los 11 poderes del líder”, que en 1995 colaboró en un experimento donde convocaron a grandes empresarios y entrenadores de éxito para someterlos a una batería de preguntas para buscar un común denominador que permitiera dar con una fórmula infalible sobre el liderazgo, la frustración fue que no encontraron ningún punto en común, es más, algunos de los entrevistados tenían cualidades opuestas; sin embargo, llegaron al mismo lugar: el éxito. Después de ahondar en los resultados, Valdano se dio cuenta que lo igualable era la autenticidad.

Ninguno de los entrevistados impostaba la personalidad, realmente lideraban desde una profunda convicción, desde una seguridad casi enfermiza en su patrón de mando. Con lo anterior logra afirmar este filósofo del fútbol que “los grandes líderes creen en sí mismo por encima de cualquier receta, y desde esa fuerza interior transmiten y contagian”. ¿Qué podemos retomar sobre esta experiencia? Con esta experiencia podemos afirmar que para un abogado, la autenticidad radicaría en su búsqueda incansable de fomentar y proteger valores como la justicia, seguridad jurídica y bien común, parámetros axiológicos que nuestro artículo 1 de la Constitución puntualiza. Lograr esto no es fácil, pero puedo recomendarte tres pilares básicos en los que te puedes apoyar para lograr marcar una diferencia en la sociedad dentro de la abogacía: liderazgo constructivo, ético y socialmente ejemplar. ¿Qué significan estos parámetros?

Liderazgo Constructivo: Construir significa edificar, crear e innovar mediante la cohesión de elementos que nos ayudan a lograr un objetivo. En la abogacía, hace falta que busquemos el dominio de dos elementos de vital importancia, que en su momento, introdujo un gran filósofo en la época de la ilustración llamado Immanuel Kant, estos son: la sensibilidad y el entendimiento. En cuanto a sensibilidad se refiere, el ilustrado explica que es percibir la realidad y construir mentalmente una representación de la misma. Dentro de este elemento, la intuición es un arma vital que nos ayuda a generar una construcción o lectura  de la realidad de forma más completa.

Muchas veces cuando asisto a una persona, sucede que en sus manifestaciones se demuestra que no necesariamente existe un único interés pecuniario de por medio. Hay frases que he escuchado como “no puedo dejar que sigan ese tipo de atropello, no es adecuado ni legal”, en el fondo el valor que la persona desea proteger o restaurar es la justicia; en otra ocasión he escuchado decir no les interesa el dinero “solamente pido una carta donde se disculpen y reconozcan el error”, el bien jurídico que definitivamente desea restaurar este cliente es su dignidad. Así podría seguir con muchos ejemplos pero la importancia de la sensibilidad, como parte integrante de la cognición, es que nos ayuda a identificar el bien jurídico que buscamos resarcir, para enmarcarlo como eje fundamental del caso y así encaminar nuestras decisiones en búsqueda de soluciones adecuadas.

El siguiente elemento es el entendimiento. Kant fundamenta en la “Doctrina trascendental de los elementos” que el entendimiento ya no es una facultad receptiva sino productiva. La producción radica en el pensamiento de los objetos y provee conceptos, ésta no puede darse sin la primera, por lo tanto, es de vital importancia desarrollar la sensibilidad. El entendimiento me recuerda a un ejercicio que nos pusieron a realizar en la universidad en Introducción al Derecho II. El ejercicio consistía en identificar el derecho objetivo y subjetivo de un caso expuesto por el catedrático, con base en el artículo 25 de la Constitución, no fue nada fácil como pensábamos, ahí pusimos en juego nuestra habilidad intuitiva (sensibilidad) y producimos nuestro entendimiento de los conceptos previamente mostrados en clase. Todo esto me hace inducir que el conocimiento de las ciencias jurídicas debe ser fortalecido y acaparado, lo anterior, buscando el óptimo entendimiento de la realidad que nos rodea y así ofrecer a las sociedades latinoamericanas un liderazgo constructivo, fértil, capaz de apoyar a las personas con sed de verdad, justicia, dignidad y libertad.

Ético: A los estudiantes o profesionales de las ciencias jurídicas peculiarmente nos hacen la siguiente pregunta: “¿defendieras a una persona que sabes que no es inocente?”. Bueno, a mí me la hicieron en su momento y sin querer, la pregunta es capciosa. Pareciera que esta pregunta genera una pelea mental entre el honor profesional y el dinero, lo cierto es que muchos profesionales en nuestro país viven en ese vaivén a diario. A veces factores como necesidad, falta de oportunidades laborales o plétora de abogados, genera un campo dispuesto a balancear a los abogados por optar en muchas ocasiones a no trabajar con ética.

Este valor va más allá que un simple enmarcamiento de las actuaciones dentro de la legalidad, “la ética es sinónimo de transparencia”, tal como lo expresó el Padre José María Tojeira al periódico digital La Página, en el mes de abril de 2012. El economista Jeffrey Sachs, en su libro El Precio de la Civilización, lo dice así: “bajo la crisis económica américa subyace una crisis moral: la élite económica cada vez tiene menos espíritu cívico”. Y es cierto, se percibe a veces que los Abogados han perdido ese espíritu cívico, por ello, el acercamiento a la ética significa fuente de confianza, apertura, fomenta una cultura de paz y entendimiento, eso es lo que necesita nuestros países, abogados que ejerzan su profesión con ética.

servicios_profesionales_publico1

Socialmente ejemplar: En la actualidad ha dado mucho de qué hablar el caso Mossack Fonseca o mejor conocido como caso “Panama Papers”. Uno de los socios del grupo, el señor  Ramón Fonseca, quien fungió como ministro consejero del presidente de Panamá hasta el día miércoles 5 de abril de 2016, renunció tras el escándalo generado en los últimos días por salir a la luz pública información que evidenciaba la creación de sociedades “offshore”, con el objeto de esconder la procedencia de millones de dólares proveniente de personas corruptas. ¿Será socialmente ejemplar su actividad? No lo es.

Sabemos que una sociedad como ésta se encuentra liderada por personas que definitivamente no muestran coherencia en cuanto a la mínima y básica exigencia de  respetar las leyes. El alegato simple y pobre del señor Fonseca en cuanto a que las actividades desarrolladas por las empresas “offshore” salen de la esfera de control del grupo Mossack Fonseca, es un intento por maquillar la realidad y seguir la evasión de su responsabilidad penal y social. Es la forma análoga en como muchas veces nuestros políticos se manifiestan para evadir acusaciones reales en su contra. Amenazan con presentar una demanda en contra de aquella persona que se ha dirigido a él o ella por “exceso” en los señalamientos y tratan de dar a entender que el verdadero violador de leyes es quien realmente busca justicia. Esconder la realidad no es tan fácil como parece, tarde o temprano debe iluminarse un sitio oscuro para averiguar qué hay dentro. Un profesional del derecho que trabaje con ética no verá esa necesidad, como decíamos anteriormente, la transparencia va ligada a la ética.

Un liderazgo implica la capacidad de involucrar a personas dentro un mismo sentir, es contagiar a los demás con una motivación que ayude al cumplimiento de objetivos en común. En la abogacía, la coherencia de vida y sobre todo la coherencia profesional iluminarán a otros a seguir el mismo sendero de búsqueda de autenticidad. Esa autenticidad ayudará a romper esquemas que otras generaciones han transmitido por años: egoísmo, competitividad excesiva sin espíritu de ayuda solidaria, el desprecio a veces de ideas que pueda proponer un joven por falta de experiencia, etc.

Capacitémonos y esforcémonos por adquirir un conocimiento en nuestra profesión que ayude a cambiar la realidad positivamente. Como decía Edmund Burke: “para que triunfe el mal, solo hace falta que la buena gente no reaccione”. Reaccionemos, hagamos algo distinto, apasionemos por el ejercicio de nuestra profesión con dedicación, amor y entrega; todo en cuanto podamos beneficiar a una sociedad salvadoreña y muchas sociedades latinoamericanas que están tan necesitadas de un liderazgo positivo, constructivo, ético y socialmente ejemplar, por ahí podemos empezar los abogados en apoyar.

Si quieres citar este artículo hazlo así:

ALAS, GUSTAVO “EL LIDERAZGO EN LA ABOGACÍA”, publicado en la Revista Jurídica Digital Enfoque Jurídico, el día 07 de abril de 2016 en http://www.enfoquejuridico.info/wp/archivos/4849