Pedofilia y pederastia: Propuesta para una respuesta integral
Pedofilia y pederastia: Propuesta para una respuesta integral
Pedofilia y pederastia: Propuesta para una respuesta integral
Pedofilia y pederastia: Propuesta para una respuesta integral

Durante el último mes hemos observado como gran parte de la atención mediática ha girado en torno a un caso confirmado de abuso sexual en contra de una adolescente, durante la década de los 80, cometida por un prominente líder religioso; así como la denuncia interpuesta por una persona quien asegura haber sido abusada sexualmente y embarazada por un sacerdote católico, ahora fallecido; de igual forma hace algunos meses se supo de un caso de presunta agresión sexual cometida por un director de orquesta contra una de sus alumnas; y antes de eso, el caso de una red de prostitución infantil de la que se servían presentadores de televisión y personalidades de la vida política y económica de nuestro país.

Como era de esperar, estos casos despertaron una gran ola de indignación en la sociedad salvadoreña, debido a las implicaciones que generalmente conllevan casos de abuso sexual, especialmente cuando son cometidos en contra de la niñez y la adolescencia; de tal forma que en la sesión plenaria del día 11 de diciembre, se aprobó la reforma al artículo 99 del Código Penal y 32 del Código Procesal Penal de manera que a partir de la entrada en vigencia de las referidas reformas los delitos cometidos contra la libertad sexual de los menores de 18 años serán imprescriptibles, es decir, podrán perseguirse sin importar cuanto tiempo ocurra después de cometido el crimen.

No obstante, esta resulta ser una medida de carácter reactivo, que si bien asegura que aquellos abusos sexuales cometidos contra la niñez y la adolescencia no podrán quedar en la impunidad, sin embargo resulta evidente que se trata de una acción aislada y no se ha pensado, de parte de la misma sociedad en una política integral y coherente que permita reducir y eliminar esta terrible amenaza.

En ese sentido, en el desarrollo del presente artículo me tomaré la libertad de realizar, en primer lugar, algunas consideraciones generales sobre algunos aspectos de la temática que estamos abordando; y posteriormente proponer algunas acciones que pueden ser articuladas en el marco de una política que involucre a toda la sociedad.

En ese orden de ideas, considero necesario empezar señalando que a mi criterio no basta solo con castigar a aquellos que han cometido este tipo de abominables delitos; sino el prevenir que se vuelvan a repetir en el futuro. De tal forma que cuando se pretende enfrentar un problema, el primer paso consiste en entender de qué se trata, y lograr una noción clara y objetiva del tema.

De tal forma que en primer lugar es preciso hacer la distinción entre la pedofilia y la pederastia; ya que aunque tienen elementos en común, se trata de situaciones diferentes, ya que mientras que la pedofilia o el “desorden pedofílico” es una parafilia o desviación sexual que consiste en la atracción sexual que una persona puede sentir hacia un niño o niña; la pederastia consiste en el abuso sexual de una persona menor de edad, físico mediante agresiones o violación; o bien a partir de la utilización de la imagen de menores de edad en pornografía o cualquier otro contenido erótico; esta diferenciación es importante, ya que mientras la primera no constituye delito en sí misma, la segunda si.

En ese sentido, una persona que se consideraba a sí misma como pedófila, al ser entrevistado por Talavera (2014, 30 de junio), comentaba que “el pedófilo se siente atraído por niños. En cierto sentido, puede tratar a los niños como algo más que amigos y esa es su satisfacción. Pero en el momento en el que el pedófilo decide llegar a mantener una relación sexual con un menor, se convierte en pederasta.” 

En ese orden de ideas, hay que acotar que actualmente no se ha definido de manera concluyente qué es lo que ocasiona este desorden, siendo en muy pocos casos lesiones cerebrales por intervenciones quirúrgicas, tumores o enfermedades degenerativas como el Parkinson; se mencionan también causas genéticas o que se originan en la etapa de formación del feto; sin embargo se reconoce que no existe una conclusión debido que como reconoce Parra (2014), las muestras han sido muy pequeñas y nada representativas; ya que la mayoría de pedófilos logran controlar sus impulsos y no cometen abuso.

Sin embargo, me permito acotar que a criterio del suscrito, esta desviación no se relaciona a la orientación sexual, identidad o expresión de género, las creencias religiosas o al sexo de la persona; ni siquiera puede sostenerse que sea una práctica originada en épocas recientes, ya que hay registros de practicas pederastas desde épocas inmemoriales.

De esta forma, luego de realizar una rápida revisión en el portal de la Fiscalía General de la República, en el lapso comprendido entre el día 1 de noviembre y el 14 de diciembre del presente año se hace referencia a 16 casos de abuso sexual contra menores, entre los que no figura ningún religioso (cabe mencionar que en medios digitales se ha registrado la denuncia de la presunta víctima del sacerdote católico, antes referido; y el inicio de la fase de instrucción contra un pastor evangélico quién presuntamente violó y embarazó a su sobrina de 15 años).

Si bien la persona entrevistada por Talavera reconoce que muchos pedófilos nunca ha cometido abuso contra niños “porque su moral y la moral impuesta por la sociedad se lo impide.”, hay que considerar que estas personas, por sus mismas atracciones se encuentran en situación de riesgo de verse envueltas en casos de agresiones sexuales contra menores; por lo tanto la tarea en este punto consiste en evitar que más niños se vean víctimas de abusos y agresiones sexuales, por lo tanto se trata de evitar que el pedófilo se convierta en pederasta.

En consecuencia, y conscientes que la pedofilia es una desviación mental, las tareas de prevención deben ir necesariamente en el ámbito de la salud mental, el tratamiento psicológico o psiquiátrico según sea el caso.

Sin embargo, este es un tema particularmente complicado de abordar debido, entre otras cosas, que ninguna persona con esta desviación se reconocerá como tal en público, difícilmente buscará la asistencia profesional y terminará acudiendo a otros que tienen su misma desviación, pudiendo generar más confusión sobre el tema; ya que existe la posibilidad que vean distorsionada la realidad al punto que terminen creyendo que sostener acercamientos sexuales con niños sea algo “bueno”.

En virtud de lo anterior me permito elaborar algunas propuestas sobre acciones que pueden tomarse para enfrentar de manera más o menos exitosa esta amenaza que enfrenta nuestra niñez y adolescencia.

1.- Hablar claramente del tema.

En primer lugar, me parece absolutamente necesario hablar del tema de manera clara y bien fundamentada; dejar de lado cualquier fundamentalismo, sea de carácter ideológico, religioso o de cualquier índole; de igual forma evitar utilizar estos casos como vehículos para obtener algún tipo de ventaja o perjudicar la credibilidad de organizaciones o instituciones.

En ese sentido, es preciso retomar como un tema de interés social la formación en materia sexual y reproductiva especialmente en la etapa de la pubertad, que es cuando se marcando el inicio de la actividad sexual de las personas; ya que cuando no existe un proceso de formación en esta materia, cuando es incompleta o inconexa, el niño o adolescente buscará la información donde sea que pueda encontrarla, entre sus amigos, el internet entre otros, exponiéndolos a ser víctimas de pederastas.

De igual manera, es necesario fomentar el desarrollo de las relaciones interpersonales físicas, y aquellas que sean virtuales de manera responsable y consciente; de igual forma sobre el uso de internet y los contenidos disponibles en esa plataforma virtual; así sobre la forma de cómo reaccionar en caso de acoso por estos medios.

Y con los adultos, educarles para que se comprenda que no es de ninguna forma “normal ni aceptable” tener algún tipo de atracción sexual hacia menores de edad, y que además cualquier acto de contenido sexual con un menor o incapaz constituye delito aún y cuando el niño exprese su consentimiento.

2. – Facilitar la asistencia psicológica.

Mientras no exista una agresión contra algún menor, se trata más bien de un asunto de salud mental, ya que estamos ante desorden psíquico y que la persona requiere de asistencia psicológica o psiquiátrica para manejar esa situación; para que así como la persona entrevistada por Talavera sean capaces de concluir que: “Digo que ya no soy pedófilo porque un es un estilo de vida que ya no acepto, pienso que no voy a llegar a nada bueno si sigo por ese camino.” logrando prevenir de esta forma que se llegue a cometer algún tipo de abuso contra la niñez y la adolescencia, que en este punto es lo más importante en este tema.

Esta es una tarea que le compete a toda la sociedad, ya que como mencionaba al inicio de artículo, este es un riesgo que se encuentra latente en todos los sectores y estratos sociales; sin embargo el mayor desafío consiste en que la persona pedófila acceda a la asistencia psicológica o psiquiátrica, ya que difícilmente buscará ayuda por sí misma, debido que cuando esta persona reconoce que tiene este tipo de impulsos se ve a sí misma y es percibida ante la sociedad como un ser monstruoso; por lo tanto es preciso abrir los espacios que permitan a estas personas buscar ayuda sin que se vean objeto de discriminación o rechazo.

Sin embargo se reconoce que en una etapa inicial esta tarea le podría resultar más fácil a instituciones complejas como las iglesias, ya que por sus mismas estructuras, pueden facilitar los espacios de confidencialidad y confianza que pueden necesitar aquellos clérigos o dirigentes religiosos que experimenten este tipo de desviaciones, facilitando intervenciones más efectivas que aquellos casos de personas, en el resto de la sociedad, que podrían carecer de toda una estructura de apoyo, y que deben hacer primero la reflexión sobre el problema que tienen, y la determinación de tomar las medidas necesarias para evitar llegar a cometer algún crimen, y más aún arruinar la vida de una persona inocente (que generalmente se encuentra cerca de él o ella).

3.- Perfeccionar los mecanismos de denuncias e investigación de casos. 

En muchas ocasiones los casos de abusos se conocen meses o años de estar ocurriendo los abusos, o bien hasta que la víctima es una persona adulta y consigue el valor necesario para denunciar las agresiones, lo que ha conllevado a encontrarnos con muchos casos que ya han prescrito al momento que salen a la luz.

En primer lugar es necesario apuntar la importancia de haber eliminado la prescripción de los delitos referidos a la libertad sexual del menor o incapaz, ya que esto permitirá perseguir los delitos que se realicen, sin que exista alguna restricción por el tiempo transcurrido; haciendo la aclaración que en virtud de nuestra Constitución que los delitos de abuso cometidos bajo la legislación previa (hasta el momento en que entre en vigencia la reforma), prescribirán según las reglas del Código Penal vigente en ese momento.

Por otra parte,  es preciso adoptar las medidas que permitan abordar estos casos una vez se cometa el delito, a menor plazo posible; con el propósito de prevenir la profundización del daño realizado contra el menor, y prevenir de esta forma que más niños o adolescentes se vuelvan víctimas del agresor.

En ese sentido, se propone la intensificación de campañas mediáticas que estimulen la denuncia ciudadana, tal como la que está llevando a cabo el Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia (CONNA); así como la constitución de espacios que sean amigables y seguros para los menores donde puedan expresar este tipo de situaciones, de manera que no se vean revictimizados cuando se esté procesando el caso; situación que representa un desafío importante para el menor, su familia y las instituciones involucradas en la investigación y resolución de la denuncia.

Por otra parte, en la mayoría de casos de abuso sexual, el caso se conoce a partir de declaraciones orales de la víctima o de alguna persona cercana a ella, como su madre; usualmente se asume que esta denuncia es verdadera y que la persona quién es señalada, se le considera culpable del delito que se le imputa hasta que demuestre lo contrario (y muchas veces, ante la sociedad es culpable aunque demuestre su inocencia). Sin embargo ¿qué sucede si la denuncia no es cierta, o si se trata más bien de la exposición mediática de una persona equivocada?

Creo que no hay que ser muy conocedor de la realidad nacional, como para saber que la consecuencia de una acusación falsa es desastrosa para la persona señalada, pudiendo llegar a destruir la vida de una persona inocente y su familia en el proceso. Por lo tanto las instituciones y profesionales encargados de atender estos casos necesitan disponer de las herramientas cognitivas, legales y materiales suficientes como para reducir el margen de error y discernir cuando la denuncia es real o es falsa.

Naturalmente son muy pocos los casos donde las denuncias son falsas, sin embargo por pequeño que sea, el riesgo de destruir la vida de una persona inocente está siempre latente, por lo que no debe escatimarse en esfuerzos que permitan dilucidar y clarificar cada uno de los casos que se reciban.

No pretendo de ninguna forma agotar la discusión sobre este complicado tema; sino más bien aportar algunas ideas sobre como afrontarlo de manera exitosa.

Referencias:

  • Associated Press. (2015, 11 de diciembre). En El Salvador, imprescriptible el abuso sexual de menores. Recuperado de: http://www.excelsior.com.mx/global/2015/12/11/1062807
  • Fiscalía General de la República de El Salvador. Recuperado de: http://www.fiscalia.gob.sv/fiscalia-actuando/
  • Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (2015, 11 de diciembre). Delitos sexuales contra menores de edad no prescribirán. Recuperado de: http://gpfmln.sv/index.php/2-prensa/sesion-plenaria/1008-10121552
  • Parra, S. (2014). Posibles causas de la pedofilia. Recuperado de: http://www.xatakaciencia.com/psicologia/posibles-causas-de-la-pedofilia
  • Sanchez Calvillo, C. G. (s.f.). Falsedad en la denuncia de abuso infantil. Recuperado de: http://revistaesperanza.com/falsedad.htm
  • Sartorelli, A. (2010, 18 de mayo). Pedofilia deve ser vista como transtorno mental. R7 Notícias. Brasil. Recuperado de: http://noticias.r7.com/saude/noticias/pedofilia-deve-ser-vista-como-transtorno-mental-20100518.html
  • Talavera, B. (2014, 30 de junio). Entrevistamos a un pedófilo. Revista digital VICE. Recuperado de: http://www.vice.com/es/read/entrevistamos-a-un-pedofilo
  • Wetzstein, C. (2013, 31 de octubre). APA to correct manual: Pedophilia is not a ‘sexual orientation’. The Washington Times. Recuperado de: http://www.washingtontimes.com/news/2013/oct/31/apa-correct-manual-clarification-pedophilia-not-se/

Si quieres citar este artículo hazlo así:

LÓPEZ, LUIS, “”PEDOFILIA Y PEDERASTIA: PROPUESTA PARA UNA RESPUESTA INTEGRAL”. Publicado en la Revista Jurídica Digital “Enfoque Jurídico” el 15 de diciembre de 2015. http://www.enfoquejuridico.info/wp/archivos/4353