¿Qué tiene Guatemala que no tiene El Salvaddor?
¿Qué tiene Guatemala que no tiene El Salvaddor?
 ¿Qué tiene Guatemala que no tiene El Salvaddor?
¿Qué tiene Guatemala que no tiene El Salvaddor?

En las ultimas semanas hemos sido testigos de un hecho inédito en la historia de Centroamérica; la movilización de la sociedad civil causo la renuncia y el arresto del Presidente y la Vicepresidenta de Guatemala, a raíz de uno de los mas escandalosos casos de corrupción y trafico de influencias en el país vecino; que se suma al proceso que actualmente se le sigue al ex presidente Ríos Montt quién esta acusado de crímenes de lesa humanidad cometidos, durante la pasada guerra civil guatemalteca, contra miles de indígenas de la etnia Itxil.

Cuando iniciaron las movilizaciones en Guatemala, el mismo sentimiento de indignación atravesó Honduras, cuando se destapó un caso de corrupción por 100 millones de dólares en el Instituto Hondureño del Seguro Social; de la misma forma se pudieron atestiguar multitudinarias marchas exigiendo la instalación de una Comisión Internacional contra la Impunidad, en versión hondureña.

No deja de ser llamativo, porque eso nos obliga a ver hacia nuestro país, donde a pesar de llamados de diferentes personajes de la vida política  a realizar manifestaciones civiles a imagen y semejanza de Guatemala, nos encontramos con la realidad que atestiguamos el pasado 5 de septiembre; dos pequeñas agrupaciones de personas que no sobrepasan a las 1000, que muchos no tienen idea de lo que hacen ahí, que simplemente los llevaron para apoyar un movimiento que ni entendían ni les interesaba; y que a gritos de “queremos paz” destruyeron carteles y echaban a otros manifestantes que, provocadores o no, expresaban pacíficamente un discurso diferente al de ellos.

Entonces surge de forma inevitable la pregunta: ¿Qué tienen Honduras y Guatemala que no tenga El Salvador? Inevitablemente de esta pregunta se pueden plantear una gran diversidad de posibles explicaciones, más o menos sesgadas por criterios y formas que tengamos de ver y entender el mundo.

De tal forma que, para efectos del presente artículo; en primer lugar se pretenderá aclarar algunas confusiones comunes en la mayoría de la población sobre apreciaciones de carácter político y social; posteriormente se mencionarán las semejanzas, que aunque obvias pero vale la pena mencionar, que existen entre nuestros países; a continuación se apuntarán, con un poco más de detalle las diferencias que existen entre estas naciones del llamado “triángulo norte”, y finalmente se extraerán algunas conclusiones y consideraciones finales.

Aclarando algunos mitos

En primer lugar es necesario mencionar que cuando se discute cualquier tema político económico y social, usualmente se dice que una persona está “ideologizada” o bien se dice que tiene una “ideología”; generalmente al referirse a la simpatía o a la afiliación respecto de un partido político legalmente inscrito (que generalmente se reduce a la noción maniqueísta de la imagen ARENA vs. FMLN).

Sin embargo, una ideología no es más que el conjunto de ideas a partir de las cuales una persona juzga la realidad que le rodea, y que surge a partir de valores, principios, conceptos, experiencias, estereotipos y prejuicios que ha aprendido en su proceso de socialización y que ha ido adecuado conforme ha ido creciendo. En tal sentido, toda persona posee una ideología y esta trasciende a las agrupaciones político partidarias; por lo que es una falacia suponer que existe alguna persona que “no tenga ideología”; ya que en tanto no se trata de una máquina, siempre existirán apreciaciones subjetivas del entorno. Así sean de carácter social, religioso, político, económico o de cualquier otra índole, mientras hablemos de seres humanos, debemos considerar el componente ideológico en sus razonamientos.

En segundo lugar, usualmente se hacen confusiones respecto a lo que se entiende por “derecha” e “izquierda”, llegando a extremos simplistas como asumir que Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) engloba a toda la derecha, y que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) concentra a toda la izquierda; y esto es falaz precisamente porque las expresiones “derecha e izquierda” surgen en el contexto de la revolución francesa, según la posición que ocuparon las fracciones legislativas de la Francia revolucionaria; que dicho sea de pasó sucedió décadas antes que Marx publicara el “Manifiesto del Partido Comunista” o publicara su obra “El Capital”; por lo tanto las expresiones desde su origen, poco o nada tienen que ver con las nociones actuales.

Además dentro de la “derecha”, existe una amplia gama de corrientes y tendencias, que van desde el fascismo y el nazismo, que se ubican en lo que se denomina “ultraderecha”, hasta la Democracia Cristiana (basada en la Doctrina Social de la Iglesia Católica), que se ubica en la Centro Derecha; mientras que en la “izquierda”, se encuentran tendencias como el estalinismo y el maoísmo, en la extrema izquierda, hasta la Social Democracia en la “centro izquierda”.

En este punto me permito hacer un paréntesis para lanzar la pregunta al lector sobre si los partidos políticos salvadoreños realmente responden a las tendencias que dicen representar; pero ese es un tema que podemos discutir en un siguiente artículo.

En consecuencia, es falso pensar que una persona que no respalda los postulados del Gobierno o del FMLN sea forzosamente afín al partido ARENA y viceversa; como mencioné anteriormente cada persona tiene su manera particular de interpretar y plantearse ante la realidad que le rodea.

¿En qué nos parecemos? 

En segundo lugar cabe preguntarnos qué tienen en común nuestros países; en ese sentido, es de mencionar que los tres países formamos parte de Centroamérica, en la región denominada “Triángulo Norte”; compartimos fronteras, pero de igual forma compartimos algunos desafíos y realidades que no dejan de ser inquietantes.

Una de ellas es la alta vulnerabilidad a los efectos provocados por el cambio climático, manifestada en inundaciones, tormentas, huracanes, sequías o temporadas atípicas, que amenazan directamente la seguridad alimentaria de la población, aunque la región centroamericana no produce ni el 0.5% de los gases de efecto invernadero.

Compartimos de igual forma los efectos ocasionados por la actividad del narcotráfico, que se deriva en la existencia de problemas que varían desde el lavado de dinero, hasta el sicariato y violencia social.

Por otra parte, también tenemos en común los altos índices de inseguridad ocasionado por las bandas delincuenciales, conocidas como pandillas, que aunque no son la única fuente de violencia en nuestros países pero tienen una fuerte incidencia en que estos tres países se cuenten entre los lugares más peligrosos del mundo.

De igual forma compartimos escandalosos casos de corrupción y malos manejos de los fondos públicos, para citar algunos podemos mencionar el caso de Honduras, donde se estima que se han extraviado USD$100,000,000.00; en Guatemala donde se menciona la existencia de una red de corrupción encabezada por el mismo Presidente guatemalteco, y en El Salvador donde encontramos casos de manejos sospechosos de activos públicos, como vender la empresa estatal ENEL a menos del 10% de su valor real, o el desvío de USD $10,000,000.00 de fondos de la cooperación taiwanesa para ayudar a los damnificados de los terremotos del año 2001, compras sospechosas de terrenos y propiedades, realizadas por allegados a importantes diputados y funcionarios de gobierno; diputados que en cuestión de pocos años incrementan su patrimonio de forma exponencial, todo el dinero que no se justificó y si se utilizó en concepto de “partidas secretas” durante, prácticamente toda la historia nacional, entre otros tantos casos de corrupción que en la mente del lector pueden estar sonando en este momento.

Sociedad guatemalteca causo renuncia del Presidente
Sociedad guatemalteca causó renuncia del Presidente
En qué nos diferenciamos

Existen un par de diferencias entre nuestros países.

  1. Sólido sistema de partidos políticos

La historia partidaria de nuestro país encuentra, a mi criterio, un antes y un después a partir de la firma de los Acuerdos de Paz, de manera que en el marco de la posguerra, durante la década de los años 90 nos encontramos con un proceso condensación de la “derecha” y la “izquierda” en dos fuerzas político partidarias únicas.

Mientras que en los sectores conservadores los partidos políticos de esta tendencia se vieron dentro de una dinámica dirigida hacia la irrelevancia, a favor del partido ARENA, quién con un discurso y un matiz anticomunista se iban plantando como el único referente dentro de la derecha, conminando al Partido de Conciliación Nacional (PCN) y al Partido Demócrata Cristiano (PDC), otrora grandes actores políticos, a la supervivencia a partir de una forma de parasitismo político, que les hizo moverse según su conveniencias políticas, dinámica en la que ha caído también Gran Alianza Nacional (GANA).

En el campo de la izquierda, el FMLN tuvo que hacer frente a sus propias contradicciones internas, que únicamente el conflicto armado lograba cohesionar; ya que dentro de la antigua guerrilla coexistían en una peculiar unión, tanto maoístas, como estalinistas, castristas, social demócratas, social cristianos, e incluso anticomunistas (todos aglutinados dentro de las tradicionales 5 formaciones guerrilleras). Lo que condujo a una década de deserciones, purgas y escisiones dentro del frente; mientras trataban de asimilar el nuevo escenario político derivado de la caída de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría; en gran parte de la historia reciente del país, el partido Cambio Democrático Unido (CDU), o su reinvención Cambio Democrático (CD), representó la única expresión que se denominaba de centro izquierda, pero que nunca llegó a representar una auténtica alternativa al FMLN.

Por otra parte, debido al carácter beligerante y cuasimilitar con que se conformaron los dos principales partidos políticos, nos encontramos con estructuras muy desarrolladas, tanto en complejidad como en extensión y alcance territorial; además de una militancia “de profesión”, que consta de varias decenas de miles de personas.

Situación que no sucede en Guatemala donde en las actuales elecciones se presentaron 15 partidos políticos, y la agrupación partidaria con más votos logró menos del 25% del total; donde da la impresión que la existencia de estas organizaciones se encuentra supeditada al momento político del político que las impulsa.

En el caso hondureño, si bien existen partidos políticos formalmente constituidos; no cuentan con el nivel de complejidad que presentan las principales fuerzas políticas salvadoreñas; sin embargo, luego del golpe de Estado de 2009, demostró que en el país vecino quién tiene la última palabra no necesariamente está en Casa Presidencial, la Asamblea Nacional o la Corte Suprema de Justicia.

En el caso salvadoreño esta fortaleza partidaria cuenta con ventajas y desventajas; como principal ventaja podemos citar el hecho que el apoyo o rechazo a los funcionarios se expresa en el respaldo que se otorga en las urnas a cualquiera de las dos principales agrupaciones políticas; lo que garantiza, en cierta forma que la contraloría social se ejercería en el marco de los procesos democráticos consagrados por la Constitución; nada mal si consideramos que hace 30 años una era una agrupación guerrillera y la otra una aglomeración de anticomunistas con nexos y/o participación en grupos clandestinos (escuadrones de la muerte), fuerzas paramilitares y militares. Mientras que ahora los principales conflictos entre estas dos fuerzas son de carácter retórico y no armado.

Por otra parte, la principal desventaja que tiene es que son concebidas como únicas vertientes de participación política, de manera que se asume de forma automática que para prosperar, una iniciativa necesita el respaldo de una de las dos agrupaciones políticas; cerrando el espacio a cualquier otra alternativa. Dinámica que es asumida como natural por la misma sociedad civil; de manera que se da por sentado que las gremiales empresariales como ANEP, la Cámara de Comercio o la ASI, o fundaciones como FUSADES gravitan de forma natural en torno a ARENA; mientras que organizaciones estudiantiles, sindicales, ecologistas, feministas e indigenistas giran en torno al FMLN.

     2. Experiencias respecto de las movilizaciones de “sociedad civil”

Usualmente se asume que la sociedad salvadoreña es apática y es “conformista” con el status quo; sin embargo yo me plantearía en desacuerdo con una afirmación de esa naturaleza; ya que la historia reciente de nuestro país ha visto varios movimientos auténticamente civiles; que luego se vieron manipulados o desnaturalizados por personas o grupos que vieron la oportunidad de utilizar una expresión ciudadana genuina para llevar a cabo sus propias agendas.

En ese caso podemos recordar “Las marchas blancas” del año 2001 – 2002, que se organizaron en el marco del intento del gobierno de la época por privatizar el servicio público de salud; movimientos que lograron aglutinar a decenas de miles de personas que se manifestaron pacíficamente para ejercer presión contra el gobierno de ese momento, logrando su objetivo cuando echaron atrás los proyectos que estaban encaminándose en esa dirección; sin embargo encontramos que algunas de las caras visibles de ese movimiento, que lograron protagonismo con esas movilizaciones posteriormente empezaron a ocupar puestos públicos.

En el marco de las elecciones del año 2009, se organizó de igual forma un movimiento ciudadano con el propósito de respaldar la candidatura presidencial de un reconocido periodista, quién como novedad se presentaba a sí mismo como un postulante que mantuvo distancia del partido que le postuló; y quién con un buen manejo de la retórica auguraba un cambio en la forma de hacer gobierno; en cuestión de meses este movimiento aglutino a no menos de 200,000 personas, quienes hicieron la diferencia y que permitieron ganar la elección al ex Presidente Mauricio Funes; posteriormente, el movimiento perdió su razón de ser y se desgarró en medio de luchas intestinas por recuperar algo del empuje y protagonismo que alguna vez tuvo.

En el año 2012, cuando se emitió de forma apresurada, con el apoyo de TODOS los partidos políticos el famoso Decreto 743, que tenía por objeto limitar el campo de acción de la Sala de lo Constitucional, se organizaron amplios movimientos ciudadanos, que al igual que los anteriores significó un espacio de encuentro donde personas de todas las tendencias político partidarias confluyeron en torno a un fin común; en ese caso, la defensa de la referida Sala, que bien o mal, marcó un hito en la historia moderna de nuestro país al desmarcarse de las posturas del Gobierno de turno (a diferencia de los períodos anteriores, donde había servido de apéndice del Ejecutivo), y al igual que en los casos anteriores logró su objetivo, sin embargo también se vio manipulado por personas y rostros visibles de gremiales y sectores afines a la derecha política, quienes igual que en los casos anteriores trataron de usar el protagonismo del movimiento social para impulsar sus propias agendas.

De tal forma que ahora que se planteó nuevamente impulsar un movimiento social para impulsar una iniciativa que, en lo personal, considero positiva como la creación de una entidad similar a la CICIG, para conocer de aquellos casos que nuestro sistema judicial no puede, o no quiere, abordar de manera objetiva y justa. Pero como es de esperar, y aunque el grado de indignación y malestar social es palpable, no deja de generar desconfianza, sobre todo cuando encontramos que la manifestación del sábado cinco de septiembre pasado, que contó con la participación de connotados dirigentes gremiales ligados a la derecha, así como expresiones de intolerancia (y cierta incoherencia) frente a una manifestación, dentro de la manifestación que se pronunciaba por la investigación de los casos de corrupción referentes a representantes ligados a esa opción política. Y por otro lado, encontramos que desde la izquierda se organizó una contra manifestación convocada por personas ligadas a la izquierda. Y en ambos casos se presentaron como movimientos de “sociedad civil”.

En el caso de Guatemala y Honduras, que tienen una menor experiencia en estos aspectos, podrían tomar algunas lecciones de los riesgos que enfrenta cualquier movimiento social, que se plantea para lograr cambios de carácter democrático en nuestros países.

¿En conclusión? 

Por una parte, es bueno y saludable para el ejercicio democrático que la sociedad civil se organice para luchar en torno a objetivos comunes, y que ejerza un auténtico contrapeso a los poderes fácticos (que van más allá del poder político), y empiecen a exigir cuentas y soluciones a los problemas que indistintamente la opción política nos afectan.

De igual forma, es necesario aprender a ser coherentes en nuestros planteamientos; es decir si consideramos que algo es bueno con unos, entonces debemos considerar que es bueno para todos; y si algo es malo para unos debería serlo para todos; el problema radica cuando aplicamos dobles estándares según nuestras afiliaciones y simpatías políticas; en palabras de Gustavo Alas (2015) “Mientras en El Salvador no exista ecuanimidad al momento de hacer juicios de valor y de plantear soluciones desinteresadas a los problemas que enfrentamos, seguiremos jugando al ¨sokatira¨ para ver cuál de las fuerza políticas mayoritarias cae en el lodo y cuál otra gana a la fuerza.”

Además, es de considerar que sin importar la opción política que prefiramos, al final todos queremos lo mismo, un país mejor; a diferencia de lo que los grupos tradicionales de poder pregonan, la persona que opta por una alternativa de izquierda, no lo hace porque sea mala o sea tonta, sino porque considera que esa es la mejor alternativa para resolver los problemas nacionales; lo mismo sucede con aquella persona que se plantea desde la derecha, no es porque sea “ignorante” o perversa, sencillamente considera que desde esa opción pueden resolverse los problemas; en tal sentido al final todos queremos lo mismo.

Finalmente, considero que del caso de Guatemala podemos aprender una valiosa lección; el poder es una ilusión, el político, líder social, empresarial, mediático o religioso tendrá tanto poder como estemos dispuestos a conferirles; por lo tanto pueden ser forzados a trabajar honestamente por las soluciones que nuestros países necesitan de forma urgente. Todo radica en que la sociedad tenga muy claro, y sepa de forma coherente cuál es el rumbo que quiere darle a su destino.

Referencias: