Nulidad Matrimonial
Nulidad Matrimonial

En otra ocasión se expuso que el Estado retoma el paradigma de la monogamia como modelo o esquema celular de organización social; oponiéndose, sin duda alguna, a toda idea de bigamia o poligamia, a las que sanciona civil o penalmente, a través de la nulidad o del reproche punitivo. Sin embargo, existen situaciones atípicas a las mencionadas, como es la duplicidad de actos matrimoniales entre las mismas personas, cuando no han obtenido la disolución del primer vínculo matrimonial que las une. Será esta situación la que se analizará, exponiendo la sanción jurídica que dicha situación debería recibir. En efecto, se expondrá que la falta de objeto jurídico produce la nulidad absoluta del matrimonio, al margen de la teoría de la inexistencia de los actos jurídicos.

 Caso en análisis.                            

Carlos contrae matrimonio civil con Laura a las once horas del día uno de enero del año dos mil, en la ciudad de Mejicanos, ante los oficios de la Notario María Luisa, con asistencia de Kevin y Kelvin como testigos. Posteriormente, por alguna razón, Carlos y Laura vuelven a contraer matrimonio a las dieciséis horas de ese mismo día, en la ciudad de Cuscatancingo, ante los oficios del Notario Julio Cesar, con asistencia de Kevin y Kelvin como testigos. ¿Qué efectos jurídicos producen los actos jurídicos antes descritos?

 El anterior caso se vuelve más complejo en la medida que Carlos y Laura obtienen el divorcio del primer matrimonio en el año dos mil diez, sin que exista pronunciamiento respecto del segundo matrimonio. Seguidamente, Carlos contrae matrimonio con Fernanda en el año dos mil trece. Finalmente, Laura presenta Demanda de Nulidad del Matrimonio entre el señor Carlos y la señora Fernanda, en el año dos mil catorce, por la causal 4ª del Articulo 90 del Código de Familia, alegando que el señor Carlos no tenía aptitud nupcial para contraer matrimonio con Fernanda, ya que él aún se encontraba casado con ella, por el matrimonio celebrado en Cuscatancingo en el año dos mil.

 A pesar de la poca frecuencia con la que ocurren este tipo de casos, los mismos no están alejados de la realidad, y cuando se presentan ante el órgano jurisdiccional, existe un nivel de dificultad técnico considerable por parte de los operadores de justicia para darles una solución a los mismos. Vale la pena, por tal razón, tener un acercamiento doctrinario que proponga una solución al caso en análisis. Veamos.

 Generalidades conceptuales.

 Todos los actos jurídicos se presumen perfectos y válidos mientras no se declare judicialmente lo contrario. Que un acto jurídico sea perfecto significa que se ha conformado reuniendo todas las exigencias que la ley le franquea, razón por la que tiene validez, es decir, produce plenos efectos en el orden jurídico en el que  se manifiesta.

 Únicamente el acto jurídico es objeto de nulidad, por su parte, los hechos jurídicos no, en virtud de que la nulidad recae sobre supuestos realizados por sujetos de derecho con el ánimo de producir las consecuencias jurídicas propias de ellos, lo que es ajeno al hecho jurídico, porque éste se caracteriza en que el sujeto que realiza el hecho jurídico no tiene la intención de producir y aceptar sus consecuencias jurídicas. De ahí que el delito sea un hecho jurídico, porque produce consecuencias de Derecho, pero su autor no tiene la intención de recibir las consecuencias derivadas de él, como sería la imposición de la pena que establece el tipo penal.

 En términos generales la nulidad es la sanción que dispone la ley para los actos jurídicos que se componen desconociendo alguno de los requisitos de validez que la ley ordena para el valor de los mismos. La declaratoria de nulidad es la calificación que hace el juez, de un acto como inválido, y que por lo tanto, merece la sanción legal, en virtud del cual se vuelve ineficaz.

 Conforme al artículo 1551 del Código Civil (CC), “es nulo todo acto o contrato a que falta alguno de los requisitos que la ley prescribe para el valor del mismo acto o contrato, según su especie y la calidad o estado de las partes. La nulidad puede ser absoluta o relativa”. Conforme al Artículo 1552 CC, son causas de nulidad absoluta: (1) el objeto ilícito, (2) la causa ilícita, (3) la falta de requisitos o formalidades en consideración a la naturaleza del acto, y (4) la incapacidad absoluta del ejecutante del acto. Cualquier otra clase de vicios produce la nulidad relativa o rescisión, de los que hablaremos en otra ocasión.

 La nulidad del matrimonio es la sanción jurídica mediante la cual se desconocen los efectos que produce la celebración del matrimonio, por haberse realizado adoleciendo de un vicio de nulidad absoluta o relativa.

 Ahora bien, celebrar dos actos matrimoniales entre las mismas personas, sin que hayan obtenido el divorcio del primer matrimonio, es como vender dos veces el mismo carro a una misma persona, quien consiente en comprarlo en dos ocasiones diferentes. Repetir un acto jurídico plenamente válido, es como pretender obtener los efectos de un fenómeno que ya los está produciendo. En el caso hipotético no existe objeto jurídico, porque ya existe una plena comunidad de vida que se estableció “formalmente” con la celebración del primer matrimonio; en consecuencia, el segundo matrimonio no cobra efecto alguno, razón por la que carece de objeto jurídico.

 El artículo 1316 CC señala que para que el acto sea válido debe recaer sobre un objeto lícito. Seguidamente, el artículo 1332 CC dispone que, si el objeto es un hecho, es necesario que sea física y moralmente posible. Es físicamente imposible el que es contrario a la naturaleza, y moralmente imposible el prohibido por las leyes, o contrario a las buenas costumbres o al orden público (…). El CC es la ley que regula con cierta generalidad la teoría de las nulidades, sin embargo, no se pronuncia sobre la sanción que deberían recibir los actos jurídicos que carecen de objeto jurídico. Esto tiene su explicación, y es que la falta de causa, objeto, consentimiento y, en ocasiones, de solemnidades, no es causa de nulidad absoluta, sino de inexistencia del acto jurídico. Pero lo inexistente no recibe ninguna calificación jurídica, ya que no es aceptable una sentencia que en su parte dispositiva señale: “Tiénese por inexistente o declárese inexistente…”.

 Podría alegarse que en el caso hipotético, lo que no existe es causa jurídica, sin embargo, si la causa es el motivo que induce a contraer una obligación, y por lo tanto, a ejecutar un acto (Artículo 1338 inciso 2 CC), la más mínima motivación para celebrar el segundo matrimonio indica que si existió una causa jurídica.

 Por lo tanto, el segundo matrimonio en análisis es inexistente; sin embargo, la celebración del matrimonio es un acto jurídico que afecta la realidad registral, porque a pesar que su perfeccionamiento es inter-partes, requiere ser inscrito en el correspondiente Registro del Estado Familiar para que produzca efectos jurídicos contra terceros, a través de la publicidad registral. De tal forma que, un matrimonio que carezca de objeto jurídico, y que se inscriba en el correspondiente Registro, no se puede decir que es un acto simplemente inexistente, ya que ha ingresado al ámbito jurídico-registral. El Derecho no puede ignorar tal situación. Por esta razón, y de forma similar, el Articulo 90 causal 2) CF dispone que, la falta de consentimiento en la celebración del matrimonio es causa de nulidad absoluta, a pesar que la falta de consentimiento es una causa de inexistencia. Entendemos, pues, que el Derecho recurre a la nulidad absoluta del matrimonio para subsanar vicios que provocan la inexistencia de los actos jurídicos, cuando en su conformación han ingresado a plataformas jurídicas que afectan, o pueden afectar, intereses de terceros (Registros públicos).

 Finalmente, se debe considerar que el divorcio es la consecuencia de un acto jurisdiccional en virtud del cual se disuelve el vínculo jurídico que mantenía unida a dos personas como cónyuges. Ese vínculo jurídico es el corazón formal que da vigor a la comunidad de vida que inspira el matrimonio (Art. 36 CF), no obstante que la realidad material pueda ser diferente a la formal. Es decir, los cónyuges pueden estar casados sin realmente vivir como tales; o en otras palabras, puede no existir una posesión real del estado familiar de casado. Por lo tanto, cuando los cónyuges se divorcian, lo que obtienen es la muerte formal de aquel corazón que mantiene con vida, por lo menos jurídicamente, la comunidad de vida que inspira el matrimonio. Por ello, si una persona contrae dos o más veces matrimonio con otra persona, sin divorciarse entre cada matrimonio, el divorcio les dará la aptitud nupcial para volver a contraer matrimonio con otra persona, pues el efecto teleológico del divorcio es extinguir formalmente una comunidad de vida que ya no se desea por los consortes.

 Concluimos, entonces, que si el señor Carlos y la señora Laura contrajeron matrimonio entre sí, en dos ocasiones diferentes, y obtuvieron el divorcio de uno de ellos, los mismos tienen capacidad para contraer nuevas nupcias, siempre que no hayan contraído nuevamente matrimonio con posterioridad al divorcio. En primer lugar, porque el segundo matrimonio no cobra nuevos efectos por carecer de objeto jurídico; y en segundo lugar, porque el divorcio tiene efectos absolutos para borrar el historial matrimonial de los cónyuges, es decir, para disolver formalmente la comunidad de vida y dotar de aptitud nupcial a los cónyuges. De tal forma que la Demanda de Nulidad del Matrimonio debería ser rechazada.

 No se puede omitir mencionar que la segunda partida de matrimonio debería ser cancelada, sin motivar la inscripción de una nueva partida de divorcio, con la sola presentación de un oficio extendido por el juzgado que decretó el divorcio, o con la presentación de la certificación de partida de divorcio que se inscribió a consecuencia de la sentencia que disolvió el primer matrimonio.