Monogamia
Monogamia

El Estado Liberal de Derecho en las sociedades contemporáneas hace descansar su filosofía socio-familiar en el paradigma de la monogamia, desconociendo toda idea de bigamia o poligamia, a pesar que éstas se expresan al margen de la ley, por lo cual también reciben la correspondiente calificación civil o penal. En esta ocasión se expondrá el doble discurso de este paradigma por parte del Estado.

 El paradigma de la monogamia.

El matrimonio no es un instituto de origen jurídico, sino religioso. Por ello no es extraño que la celebración del matrimonio, en sus principios, fuera competencia de la Iglesia, a través de sus miembros calificados. Sin embargo, en el devenir del tiempo y en el desarrollo de las sociedades según los valores imperantes de cada época, el matrimonio se llegó a considerar como la base de la estructura familiar, y ésta, como la base de la estructura social. De ahí que el Artículo 32 de la Constitución de la República (CN) establezca, entre otros aspectos, que la familia es la base fundamental de la sociedad (…) Que el fundamento legal de la familia es el matrimonio (…). 

 La familia es la célula natural y fundamental de las relaciones sociales, conformada por personas que se encuentran unidas por vínculos jurídicos definidos por el (a) parentesco, ya sea por consanguinidad o por afinidad; por vínculos de orden matrimonial, establecidos por el (b) matrimonio; y por vínculos de hecho con efectos de derecho, como la (c) unión no matrimonial. Tengamos en cuenta que el Articulo 2 del Código de Familia (CF) instituye que la familia es el grupo social permanente, constituido por el matrimonio, la unión no matrimonial y el parentesco.

 Con la expansión de la teoría de la soberanía estatal, y por efectos prácticos, el matrimonio llegó a ser considerado valioso a los ojos de la ley, para dar seguridad y publicidad a las relaciones jurídicas de sus destinatarios. De tal manera que el Derecho institucionalizó el matrimonio civil, e inclusive ha llegado a fomentarlo y tutelarlo celosa y preferentemente. Así, el Articulo 7 CF afirma que el Estado fomentará el matrimonio.

 Si bien es cierto que la familia es una manifestación social y natural de la organización humana, también es cierto que el paradigma de la monogamia es una manifestación aceptada en la concepción liberal del Estado, que institucionaliza tal paradigma con el fin de dar un margen de seguridad a las relaciones humanas (familiares y sociales). Por ello, a pesar que un sector doctrinario estima a la familia monogámica como anti-natural, el paradigma de la monogamia es aceptado con cierta generalidad, porque brinda un margen de seguridad material, personal, afectiva y moral. Se trata de un paradigma jurídicamente aceptado, o retomando el Preámbulo de nuestra CN, es un legado de nuestra herencia humanística.

Desde luego que la familia monogámica tiene una fuerte inspiración religiosa, pero ello no obsta a que el Estado procure dar un margen de equilibrio y permanencia a los grupos sociales en lo que actúa soberanamente.

Existe un doble discurso en el paradigma de la monogamia por parte del Estado, porque por una parte, en una etapa de la historia consideró necesario institucionalizar el matrimonio para dar seguridad a las relaciones humanas, de tal forma que en los países occidentales se acepta, sin mayor oposición, este paradigma; pero por otro lado, a pesar que el Estado fomenta las relaciones estables entre un hombre y una mujer, tolera las relaciones esporádicas que no afectan el núcleo de lo jurídico. Es decir, mientras el Articulo 11 CF establece que el matrimonio es la unión legal de un hombre y una mujer, con el fin de establecer una plena y permanente comunidad de vida; se acepta tácitamente o se reprocha “moralmente” la existencia de relaciones esporádicas como las derivadas de la prostitución. Es decir, el Estado llegó a consentir la existencia de grupos humanos con fines sexuales y lucrativos que son eventuales; pero procura y “fomenta” las relaciones estables entre UN hombre y UNA mujer (Relaciones monogamicas o singulares). Un discurso contradictorio.

 Existe, por tanto, una reacción paralela al paradigma de la monogamia, porque existen grupos humanos que participan tácita y silenciosamente aferrados a él. Esto es así porque en la concepción liberal, y lastimosamente en el sistema patriarcal, la mujer se vio como un instrumento de valor procreacional y de belleza que acompañaba al hombre; pues en la medida que la mujer se valoraba por su imagen, tenía un margen de seguridad por pertenecer a una familia, junto a un hombre que se encargaba de llevar el sustento para ella y sus hijos. Es decir, aquella función sexual de la mujer fue sub-institucionalizada socialmente junto con el paradigma de la monogamia. Ahora bien, esta forma de ver a la mujer, en los albores del Siglo XXI, ha tenido fuertes avances para ser superada. Sin embargo, aún existen resabios negativos de dicha concepción, que nos dice que mientras los hombres y las mujeres tengan seguridad de quiénes son sus parejas, las meretrices pertenecen al submundo de las relaciones humanas eventuales que no afectan el equilibrio y permanencia de los grupos familiares; y en consecuencia, no se afecta el matrimonio, y así, tampoco a la familia, la cual es la base fundamental de la sociedad.

Lo que el Estado procura es que las relaciones personales-familiares tengan un margen de permanencia en el orden social instituido, evitando la celebración de múltiples matrimonios de forma antojadiza. El Estado considera, o por lo menos eso da a entender, que las relaciones humanas esporádicas y que actúan al margen de la ley, como las derivadas de la prostitución, no afectan la permanencia de la familia en el tiempo, porque su fundamento legal es el matrimonio, y las relaciones esporádicas no gozan de dicho fundamento.

Ahora bien, nadie duda de que la infidelidad sea causa de una vida intolerable entre los cónyuges, motivo por el cual es deber de los ellos guardarse fidelidad entre sí (Art. 36 CF). Sin embargo, cuando una persona contrae matrimonio una o más veces, estando casada previamente, hace configurar la bigamia o poligamia, que por envolverse de carácter jurídico, sí afecta a la estabilidad de la familia. De tal forma que el Derecho crea sanciones jurídicas con el fin de remediar dichas situaciones. Así, el Artículo 14 ordinal 2° CF dispone que, no podrán contraer matrimonio los ligados por vínculo matrimonial. Y finalmente, el Artículo 90 causal 4ª de dicha ley preceptúa que, son causas de nulidad absoluta del matrimonio el haberse celebrado existiendo alguno de los impedimentos señalados en este Código (…). Sin obviar, desde luego, el delito de Bigamia, previsto y sancionado en el Articulo 193 del Código Penal (PN). Por lo tanto, el Estado, que debería ser Social/Ambiental/Constitucional de Derecho, no se permite ser un instrumento que afecta el soporte sobre el cual ejerce su potestad soberana, este es, la sociedad, que tiene por fundamento a la familia.

Que el Estado no reproche jurídicamente grupos humanos con fines sexuales y lucrativos, no significa que pretenda validar la infidelidad, caso contrario no sería causa de Divorcio (Art. 106 ordinal 3° CF). Inclusive, para que sea declarada la Unión No Matrimonial (Art. 118 CF) es necesario cumplir con el requisito de singularidad, que se refiere a que los convivientes mantengan un régimen de fidelidad entre sí por el periodo que establece la ley; es decir, que no hayan materializado relaciones sexuales-afectivas con persona diferente a su conviviente.

Concluyo, entonces, que el paradigma de la monogamia tiene un doble discurso, referido a que el Estado fomenta el matrimonio con el fin de garantizar la estabilidad de las familias, pero tolera grupos sociales, o más concretamente, conductas que fragmentan la unidad familiar. Por esto y por muchas otras razones, es importante decir que la responsabilidad social de la familia, de la que en otro momento hablaremos, se condiciona en gran medida por la responsabilidad social del Estado. De ahí que no es extraño que la desintegración y disfuncionalidad familiar esté íntimamente relacionada con el orden social instituido por él. Desde luego que en este punto convergen otros tópicos que desbordan lo jurídico, pero que están interconectados, como es la moral y la religión.

Sobre un panorama conceptual de la familia, véase SANCHEZ MARQUEZ, Ricardo, El parentesco en el Derecho Comparado, Editorial Universitaria Potosina, Universidad Autónoma de San Luis Potosí, México, 1996, 23-40.