Presunción de reconocimiento de maternidad

No existe presunción de maternidad, lo que la ley reconoce es la presunción del reconocimiento de maternidad. Mientras la presunción de paternidad descansa en la posibilidad del encuentro sexual que subyace a la procreación, la presunción de reconocimiento de maternidad se sustenta en la constatación formal o documental que afirma la existencia del nexo biológico con el hijo. Este nexo tiene como principal manifestación al parto, de ahí que cuando se quiere declarar la maternidad que no fue reconocida, la ley establece que para tales efectos se puede acreditar el hecho del parto y la identidad del hijo (Artículo 161 Inciso 2 CF). Además, es suficiente acreditar el falso parto para impugnar la maternidad establecida (Artículo 162 Inciso 1 CF). Puede decirse, entonces, que para la ley el parto es la manifestación elemental del nexo biológico entre la madre y el hijo. Esto es discutible de cara a las complejidades que representa el uso de las Técnicas de Reproducción Humana Asistida, particularmente lo relativo a los vientres de alquiler o madres subrogadas.

Ahora bien, para que proceda la presunción de reconocimiento voluntario de maternidad, entre la madre y el hijo ha tenido que formarse, registralmente, una relación familiar instituida en esos mismos términos. Por ello, la presunción del reconocimiento de maternidad es una presunción a posteriori, por cuanto necesita de una formalidad registral que ampare la creencia de que una persona pasa por madre de otra. El Artículo 160 CF establece que se presume que una mujer ha reconocido como suyo a un hijo, cuado en la partida de nacimiento aparece consignado el nombre de aquella en concepto de madre. Para presumir la maternidad se necesita que la partida de nacimiento del hijo lo declare. Ningún otro documento da pie a esta presunción, ni siquiera los certificados de nacimiento, pues estos solamente sirven como títulos de inscripción registral. Quiere decir que para efectos de la presunción del reconocimiento de maternidad, la partida de nacimiento tiene un carácter constitutivo y no meramente declarativo.

No se trata de una presunción en el estricto sentido del término, a pesar de que opera como si lo fuera, pues lo que se presume no es el vínculo filial, como sucede con la presunción de paternidad, sino que la madre ha reconocido como suyo al hijo. No tiene sentido presumir lo que ya está establecido. En el caso de la presunción de paternidad lo que se presume es el nexo biológico, no el reconocimiento voluntario de la filiación. En efecto, la ley no reconoce la presunción de reconocimiento voluntario de paternidad, sino la presunción del encuentro sexual entre los cónyuges. En el caso de la maternidad, la ley no necesita valorar la posibilidad del encuentro sexual para identificar el embarazo, el parto y a la persona que nace. Es suficiente que se respete el protocolo del parto, la identificación del recién nacido y la aparente voluntad de la madre para vincularla con el hijo.

Los Artículos 141 y 142 CF regulan los supuestos de presunción de paternidad. El Artículo 141 Inciso 1 CF establece que se presumen hijos del marido los nacidos después de la celebración del matrimonio y antes de los trescientos días siguientes a su disolución o declaratoria de nulidad. La piedra angular de la presunción de paternidad es el matrimonio y, desde luego, la función histórica que se le ha asignado. Desde la amplitud del paradigma de la monogamia y de acuerdo a los valores de la ética occidental, se considera que el matrimonio es el fundamento-clave de la familia y de las relaciones sexuales entre los cónyuges. Fuera de esto las relaciones sexuales devienen en ilegitimas (actos sexuales prematuros, fornicación, adulterio y liberalidad sexual). Por efectos de la monogamia la ley considera que los hijos de la có nyugue son también de su marido.

Sin embargo, la asepsia jurídica familiar que reservaba el sexo a la alcoba de los cónyuges ha ido cambiando gradualmente, hasta permitir que el sexo también se encuentre en la alcoba de los convivientes. Pero se entenderá que respecto de los convivientes no opera ningún tipo de presunción de paternidad, aun y cuando hayan hecho vida en común durante el embarazo y el parto. No aplica en ellos, entonces, el régimen de la asepsia monogámica en todo su esplendor. En la presunción de reconocimiento de maternidad nada tiene que ver el matrimonio, pues opera por la consumación del parto y por la identificación de la madre y del hijo. Esta presunción también está relacionada con un régimen de imposición, pues, como ya se ha visto, históricamente el derecho le ha impuesto a la mujer una función protectora y reproductora que en este caso vuelve a confirmarse. Es, paradójicamente, la mala madre que no reconoce a su hijo versus al buen padre que si lo hace, como si la obligación no fuera la misma en uno y otro caso.

Cuando la mujer da a luz a un hijo estando casada o antes de los trescientos días después de disuelto el matrimonio o de haberse declarado nulo, se presume que el hijo es de su cónyuge o excónyuge respectivamente. En este caso, no es suficiente identificar al hijo para que la presunción de paternidad tenga lugar, mas bien lo que se necesita es identificar el nexo matrimonial. La presunción de paternidad se justifica en una relación tripartida, pues no se puede presumir que una persona sea el padre de otra cuando el hijo no tiene filiación materna establecida. En otras palabras, no se puede presumir que sea hijo del marido la persona que no ha sido reconocida como tal por parte de la cónyuge de aquel. La presunción de paternidad llega al hijo por medio de la madre, mientras la presunción de maternidad no requiere de ningún intermediario más que el propio perfil de la mujer que da a luz.

Se concluye, entonces, que mientras el fundamento de la presunción de paternidad es el matrimonio, el de la presunción del reconocimiento de maternidad es la mera disposición registral que refleja la voluntad de la madre, por medio de la cual se le atribuye como su hijo al que ha nacido. Esta presunción opera de forma mecánica cuando las entidades públicas o privadas obligadas a informar al Registro del Estado Familiar sobre el nacimiento de una persona y sobre la identidad de la madre, lo hacen sin considerar la voluntad de ésta. Para mayor claridad, es oportuno mencionar que los hospitales –públicos o privados–, los médicos y las parteras tienen la obligación de informar al Registro del Estado Familiar sobre el nacimiento de una persona y sobre la identidad de la madre, remitiendo constancia del registro clínico y la ficha medica del nacimiento (Artículos 25 letra m), 74, 75 76, 77 LEPINA), dentro de los siguientes noventa días de ocurrido éste.

En este tipo de casos, aun cuando no sea la madre quien rinda la información al respectivo Registro del Estado Familiar (del municipio donde ocurre el nacimiento), la presunción tendrá lugar si se presentan los documentos idóneos que acreditan la correlación entre el parto (madre) y el recién nacido (hijo). Si resulta que la madre desconoce al hijo que pasa por suyo, entonces puede impugnar judicialmente la maternidad que se le atribuye.

Cita así:

PALACIOS, CRISTIAN. “Presunción de reconocimiento de maternidad”. Publicado en la Revista Jurídica Digital “Enfoque Jurídico” el 20 de noviembre del 2017