Bachofen, Bamberger y el Derecho Materno

Históricamente, el Derecho civil ha sido uno de los principales soportes del Derecho de familia. El Derecho romano, por su parte, se constituyó como el fundamento medular del Derecho civil. Por ello, el entendimiento de los principios que organizan y justifican los enunciados del Derecho de familia sólo es posible a través de la comprensión de los principios y de las directrices que ordenaban la filosofía del Derecho romano. De esta forma, una buena parte de las ideas elementales que han definido los caracteres del Derecho de familia moderno se asientan en una serie de principios y postulados normativos heredados por el Derecho romano. Éste, por ejemplo, “daba preponderancia a la idea de paternidad y a la autoridad del paterfamilias” (BACHOFEN, J.; 2008, p. 9), de donde se perpetuaron las ideas de domicilio conyugal, debido carnal, patria potestad, potestad marital y autoridad parental.

Sin embargo, la noción de potestad, propia del paterfamilias, se ha venido diluyendo poco a poco dentro del Derecho de familia hasta el punto de sospechar de su aniquilamiento futuro. Lo que todavía permanece es la preponderancia de la noción de paternidad-masculinidad como fundamento y razón de ser de las relaciones sociales. Esta noción, la del derecho paterno, ha institucionalizado un conjunto de reglas de comportamiento que ordenan, explican y justifican al mundo desde la perspectiva del patriarcalismo. No obstante ello, algunos autores han manifestado que la paternidad no siempre ha sido el fundamento y la razón de ser de las relaciones sociales, bajo la idea de que en una época muy primitiva el sistema jurídico se basaba en la autoridad de las madres. Bachofen fue el principal defensor de esta idea, pues creía que la historia arcaica de la humanidad se delimitó por el hetairismo, lo amazónico y la ginecocracia o sistema de Derecho materno.  

Según sus consideraciones, en el hetairismo dominan los hombres por la fuerza, estando las mujeres sexualmente sometidas a su capricho, hasta que reaccionaron violentamente y se volvieron amazonas. En la época amazónica el hombre pasa a ocupar un lugar secundario y a tener una función pacifica, introduciéndose además la institución matrimonial y la agricultura, hasta que se funda la ginecocracia. La ginecocracia o sistema de Derecho materno se caracteriza por el predominio de los valores femeninos (maternidad, afectividad y religiosidad), lo que impedía el desarrollo de las energías de la civilización en su más elevado grado. Frente a este subdesarrollo sobrevino el patriarcado, cuyo fundamento no era otro que el conjunto de valores masculinos. El patriarcado permitió el desarrollo del Derecho civil frente al Derecho natural matriarcal (BACHOFEN, J.; 2008, p. 9).

Según el referido autor, la época antigua estuvo determinada por un enfrentamiento constante entre los principios femeninos y los masculinos. En la antigüedad, “por ejemplo, lo femenino se asocia al lado izquierdo, mientras que lo masculino se vincula al lado derecho. La mujer está relacionada con la noche y el reino de lo nocturno, mientras que el hombre se vincula al día y al régimen diurno. El astro de la mujer es la luna, y el del hombre es el sol. Su elemento es la tierra, mientras que el agua, y sobre todo el mar, constituyen el elemento masculino. Lo femenino se vincula a la muerte y a los difuntos, mientras que lo masculino se asocia al reino de los vivos. Por ello el luto es propio de la mujer y la alegría del hombre. El reino de la mujer es el reino de la materia, mientras que el hombre halla su morada en el reino del espíritu. La mujer se asemeja a la tierra, en tanto que madre, y el hombre al cielo en tanto que padre. El mundo femenino es el mundo de la generalidad, del sentimiento y de la religiosidad, mientras que el mundo masculino es el dominio de la individualidad, de la racionalidad, y, en definitiva, del espíritu, del Derecho civil y de la cultura” (BACHOFEN, J.; 2008, p. 11).

La idea de Bachofen, de que en un perí odo de la historia la vida social estuvo determinada por un sistema de Derecho materno, se fundamentó en relatos míticos y testimonios literarios que, a pesar de que no pueden ser sometidos al examen de la comprobación científica, le revelaban la preeminencia de lo femenino sobre lo masculino. El autor advertía, por ejemplo, que determinados pueblos, como el Lacio, tenían la costumbre de poner el nombre a los hijos no a partir del padre, sino a partir de la madre, poniendo relieve en los datos genealógicos por la línea materna. Además, pensaba que el matriarcado no pertenecía a un pueblo determinado, sino a un estadio cultural, el cual se desarrolló en un periodo más primitivo que el sistema patriarcal (BACHOFEN, J.; 2008, p. 29). Asimismo, veía en el matriarcado una especie de hermandad natural, pues la familia fundada en el patriarcado se aísla en un organismo individual, y la matriarcal, por el contrario, lleva aquel carácter típico-general con el que comienza todo el desarrollo, y que caracteriza a la vida material frente a la espiritual superior” (BACHOFEN, J.; 2008, pp. 36-37).

Para Bachofen el carácter histórico del matriarcado no podía ser puesto en duda (BACHOFEN, J.; 2008, p. 63); pero lo cierto es que después de que Engels mencionara sus ideas en torno al matriarcalismo, muchos intelectuales cuestionaron y negaron la existencia de éste. Para muchos no existen motivos serios que permitan confirmar el dominio del principio demetriaco sobre el apolineo. Joam Bamberger, por ejemplo, expresa que “los poemas homéricos no habían sido escritos con la intención de hacer historia en el sentido más estricto del termino, pero que Bachofen aceptaba estos relatos mitológicos como fuentes históricas fidedignas, confundiendo así el mito con la historia”. Además, agrega que “los arqueólogos y expertos en antropología social no han revelado un sólo caso indiscutible de matriarcado. Se han encontrado sociedades matrilineales, pero no matriarcales, como la sociedad iroquesa” (BAMBERGER, J.; 1979, p. 66).

La expresada autora, siguiendo a Malinowski, señala que el mito es historia cultural, “sólo en la medida en que una determinada sociedad hace uso de él para reproducir o recordar su experiencia social” (BAMBERGER, J.; 1979, p. 68). Pero más que exaltar el poder de la mujer, el mito la reduce a ella misma. Por ejemplo, la mujer se halla con frecuencia sometida a severos controles externos a causa de su supuesta inmoralidad (incluso en las mitologías). Y así, la mujer queda en el hogar para controlar su inmoralidad y para no incurrir en el abuso del poder. Por ello, Bamberger afirma que “si el gobierno de los hombres se mantiene incuestionado, es porque las mujeres, sus adversarios potenciales, se hallan atrapadas desde hace tiempo en un sistema cerrado, pues son incapaces de imaginar el modo de destruir los eficaces métodos empleados para inculcarles una ideología de fracaso moral” (BAMBERGER, J.; 1979, p. 80).

En relación a lo anterior, Bamberger analiza los mitos de Yurapari, los de las logias Hain y Kina, entre otros, y advierte que tienen un conjunto de temas que los caracterizan. En estos pueblos, por ejemplo, los objetos que encarnan o representan el poder (mascaras, trompetas, rituales y otros elementos), fueron originariamente inventados y poseídos por mujeres, pero luego le pertenecieron a los hombres por su condición natural y por intervención de las creencias. En los casos en que fueron inventados por hombres, las mujeres descubrieron el secreto del poder, que había estado oculto para ellas, contaminado así el carácter sagrado de los mismos al mirarlos o tocarlos. La mujer, como se comprende, es un sujeto al cual no se le reconoce el derecho de conservar y ejercer el poder. Y los hombres, bajo este régimen de negación para la mujer, gobiernan por el terror de un secreto férreamente mantenido (BAMBERGER, J.; 1979, p. 75)

Por tanto, según Bamberger, el matriarcado, contado a partir del mito, sirve para conservar el estatus quo del hombre. Para liberar a la mujer, entonces, es necesario destruir el mito.

Referencias 

BACHOFEN, J. J., El matriarcado: una investigación sobre la ginecocracia en el mundo antiguo según su naturaleza religiosa y jurídica, traducción de María del Mar Linares García, Akai, Madrid, 2008.

BAMBERGER, JOAM, “El mito del matriarcado: ¿Por qué gobiernan los hombres en las sociedades primitivas?, en AA.VV., Antropología y feminismo, compiladoras Olivia Harris y Kate Young, Editorial Anagrama, Barcelona, 1979