Esta es la U: “única por su función histórica”

En términos legales la Universidad de El Salvador (UES) es una corporación de derecho público, creada para prestar servicios de educación superior, cuya existencia es reconocida por el Artículo 61 de la Constitución de la República (Artículo 2 de la Ley Orgánica de la Universidad de El Salvador).

Desde una perspectiva histórica la UES es la institución de educación superior más antigua y la única universidad pública que opera en la República de El Salvador. Cuenta con sedes regionales en las ciudades de Santa Ana, San Miguel y San Vicente, así como otras estaciones de entrenamiento profesional, como la antigua Facultad de Medicina, mejor conocida como “La Rotonda”, y el centro de prácticas agropecuario, en San Luis Talpa.

Al margen de su configuración legal y su valor histórico, la UES representa la única institución educativa superior que se interesa por conservar, institucionalizar y trasmitir un sistema ideológico de orden social, a veces bajo concepciones marxistas y en otras ocasiones bajo formulas reinterpretadas de la misma. También adopta posiciones relativamente distantes del pensamiento socialista –sin perder la presencia dominante del mismo–, pues la educación está sujeta a la democratización y a la libertad de cátedra.

El centro de educación superior jesuita también ha mantenido un perfil similar, con la distinción de que su capital privado y su composición estudiantil no le permiten equipararse a la realidad de la UES. El impacto que ésta tiene en la vida de los estudiantes y en la forma en cómo estos conciben la realidad social no puede ser comparado con ninguna institución de educación privada.

La existencia de organizaciones estudiantiles en su interior y la posibilidad de que estas tengan un grado de participación institucional es una realidad ajena a cualquier otra entidad homóloga. La Universidad Centroamérica “José Simeón Cañas” ha comenzado a experimentar esta realidad y lo ha hecho en hora buena, porque la inducción de teorías sin la más mínima conciencia social estudiantil es más que un monstruo cruel y menos que un músculo inútil. Una universidad con un sector estudiantil inactivo es, sin duda alguna, una universidad muerta. La vida de la universidad es la vida de sus estudiantes, no la vida de su economía.

La práctica académica de la UES es una actividad reflexiva como cualquier casa de estudios, con la diferencia de que la mayor parte de sus alumnos estudian no sólo para aprender, sino también para transformar la historia familiar que les ha sido desfavorable. Y en este punto se encuentra el dolor del pensamiento moderno, en que la educación ha deformado su finalidad, pues lo propio de la educación no es crear trabajadores, mucho menos asignar títulos profesionales, sino consolidar al ser humano como verdadero ser humano y conducir a la humanidad a un mejor nivel de bienestar social.

La UES es burocracia. Tiene prestigio, pero no como el de antes. El nivel académico de la planta docente no es el mejor y muchos de los programas de estudios deben ser actualizados. La infraestructura ha sido mejorada y la apertura tecnológica ha sido más evidente. Los esfuerzos por transparentar los procesos internos aún siguen en deuda y la materialización del relevo generacional también. Además, necesita depurar la invasión política y procurar el reemplazo de los mismos representantes estudiantiles.

A pesar de lo anterior, la UES no pierde su trascendencia social, pues más que ser un centro de instrucción de bajas cuotas escolares, es una fábrica de profesionales cuyo perfil no está definido por la privatización de las relaciones sociales. Esto no significa que las personas graduadas de esta casa de estudio no persigan las rentas o el lucro de sus actividades profesionales, más bien, significa que conocen, en mayor o menor medida, la dificultad que tienen los sectores sociales económicamente excluidos para alcanzar un grado de desarrollo humano gratificante.

La conciencia social de la realidad dentro de la UES es una conciencia universitaria que se adhiere al individuo y que lo acompaña aun estando fuera de ella. Es una conciencia adquirida inconscientemente, pero conservada sólo intencionalmente; por eso no es extraño que muchos hijos de la minerva terminen olvidando la historia de su identidad y, en el peor de los casos, vendiendo su alma al sistema que antes lo oprimía. Quienes olvidan la historia de su propia identidad no toman en cuenta que el olvido trae su venganza y que la venganza viene determinada por el pasado y por lo que nunca se dijo con sinceridad. Algunos dicen que ningún individuo cambia, pues en estos casos únicamente revela quien siempre fue.

El conjunto de relaciones entre estudiantes provenientes de grupos sociales económicamente débiles, la mentalidad social de un cuerpo docente formado en un contexto bélico y los programas de estudio funcionales a un pensamiento de izquierda y centro-izquierda, hacen que la vida y la consciencia estudiantil de la UES sea única en si misma. Izquierda no es terrorismo y derecha no es fascismo, pero la ceguera del intelecto y del sentido común hace que, cualquier de los dos lados, destruye toda aspiración de humanismo y justicia social.

En la actualidad no es la universidad de pobres y para pobres, pero si la del pueblo y para el pueblo. Cada estudiante de la UES adquiere una forma de ver e interpretar el mundo muy diferente al de otras universidades. Esto no la hace mejor o peor, pero si diferente. Esto es así porque su programa teórico es el estatuto de la realidad del estudiante, pues éste no solamente estudia el fenómeno social, sino que también lo experimenta. Resulta curioso, por ejemplo, que un sector de estudiantes no se limita a estudiar las causas y consecuencias de la pobreza, sino que también las sufre. Pero que nadie se espante, en la UES también estudian otros que no la sufren.

Nadie que en su última fase de formación educativa sobreviva con el dinero mínimamente necesario para pagar el precio del transporte colectivo, nadie que tenga dificultades económicas para pagar el valor de un simple copia, nadie que deba desplazarse del interior del país y residir en los pupilajes de la capital, nadie que tenga que responsabilizarse de la última esperanza económica que la familia le deposita, nadie que sufra esto no como una eventualidad sino como una constante, podrá comprender la autentica función histórica del alma máter. Es cierto, lo anterior no es patrimonio de la UES, pero si es un fenómeno extendido en ella.

Esta es la U, el alma de quienes fueron, son y serán sus estudiantes; la practica histórica de su función transformadora. “Hacia la libertad por la cultura”.