La autocrítica, gran ausente en la gestión de Douglas Meléndez.

Uno de los Fiscales Generales más mediáticos, ese es Douglas Meléndez, quien frente a los resultados que van de malos a pésimos en casos ícono de su discurso, decide descargar la responsabilidad que le corresponde en los jueces, al sistema judicial y en esta última semana, se descubre un culpable más, sus fiscales.

Tal parece que los casos que llaman toda la atención de los medios de comunicación (Casos: Saca, Tregua, Rais, Gordo Max, Troll Center, Donativos de Taiwan, Cartel de Texis, Reynaldo Cardoza, Funes, etc.) han tenido dos rumbos, o se han quedado ausentes en los Tribunales del país o en la mejor de las suertes como simples teloneros por errores de Fiscalía que van desde una deficiente investigación hasta prescripciones de plazos. No hay sol que pueda tapar la realidad, la FGR no logra coherencia entre el discurso y los hechos, y sin embargo nunca se ha escuchado una autocrítica de parte del Fiscal General.

La autocrítica permite descubrirnos frágiles, conocer nuestras debilidades, aceptar nuestros errores, atravesar un camino duro pero necesario de honestidad, eso implica descargarse de soberbia, orgullo, una especie de narcisismo profesional, que ciegan la capacidad y el liderazgo que requiere un cargo tan importante, así una vez realizada nos permite adoptar nuevos y mejores caminos y sacar provecho de nuestras mejores armas. Lejos de ello Douglas Meléndez en cada descalabro tiene como modo de operar salir en entrevistas televisivas o conferencias de prensas hablando de lo mal que están todos, menos él y la institución que dirige.

Uno das las lecciones más usadas por parte de Douglas Meléndez, es la falta de recursos presupuestarios, una realidad innegable, pero al revisar los errores de la fiscalía en estos últimos casos se puede advertir que aun teniendo todos los recursos necesarios no hubiesen alcanzado resultados positivos, pues se aprecia una ejecución ineficiente, descuidada y desprolija, que en buen salvadoreño se podría describir la ejecución de la fiscalía como “llamarada de tusa”.

Ejemplo de esto es el paquete de medidas presentadas por Douglas Meléndez, a la Comisión de Seguridad Pública y Combate a la Narcoactividad, el siete de abril del 2016, aprobadas por la Asamblea Legislativa el 21 de abril del 2016, medidas que de extraordinarias solo tenían el nombre, ya que se trataba de aumentos de penas a especies delictivas existentes o la admisión de nuevas modalidades típicas, pero ¿Ha disminuido la criminalidad en nuestro país?

Con esa ideal de populismo punitivo, que se ocupa de las portadas y no de la eficiencia, la Fiscalía General de la República denomina como logro la condena de un cabecilla pandilleril a más de mil años de prisión, pero al margen de un análisis desde un enfoque garantista, ¿en que favorece o en que ha favorecido este tipo de penas perpetuas a bajar los índices de criminalidad?

El pasado dos de octubre del presente año el portal oficial de la FGR, anunció una serie de cambios en las direcciones y jefaturas de la Institución, el tema “Fiscal General ordena cambios de Dirección y Jefaturas para fortalecer la lucha contra el crimen”, lo que tácitamente implica “cargos que debilitaban la lucha contra el crimen”, o en otras palabras la responsabilidad por las batallas perdidas de la Institución son de los empleados y no de su “líder”.

Todo apunta que el Fiscal General hace oídos sordos a consejos que no vengan de la Embajada Americana, olvidando que las actuaciones de la Embajada son esencialmente políticas aunque no por eso erróneas en todos los casos, decir esto no es descubrir nada nuevo, la historia de El Salvador así lo ratifica, pues al final no se trata de quedar frente al público como héroe sino de cumplir con el mandato constitucional de “defender los intereses del Estado y de la sociedad”, que particularmente en la gestión de este Fiscal debe de pasar del dicho al hecho.