Proceso de incumplimiento del deber de respeto

Generalidades.

El Derecho de Familia tiene una función represiva y una preventiva. Por la función represiva sanciona todas las acciones que contravienen los principios que organizan la vida familiar. Por la función preventiva acciona una serie de estrategias con el fin de evitar que los principios de vida familiar sean infringidos. Por la primera se castiga, por la segunda se vigila. Estas funciones también se manifiestan dentro de las acciones judiciales que confiere; por ejemplo, castiga por medio del decreto de pérdida de la autoridad parental y vigila a través del proceso de desacuerdo de la autoridad parental.

El proceso de divorcio por el motivo de vida intolerable también expresa el carácter represivo del Derecho de Familia. Dentro de la jurisdicción de la niñez y de la adolescencia se encuentra un buen número de procesos de protección que hacen evidente el carácter preventivo del Derecho en torno a las relaciones familiares y sociales. El proceso abreviado de cumplimiento de medidas de protección es un ejemplo de ello. El proceso de violencia intrafamiliar cumple ambas funciones, pues previene y sanciona los actos o ciclos de violencia intrafamiliar. El proceso de incumplimiento del deber de respeto se enquista en la función preventiva.

Las relaciones humanas se expresan dentro de un campo de interacción social que impone pautas de comportamiento deseables. Algunas de esas pautas son el respeto, la tolerancia, la consideración, la no discriminación, la responsabilidad y la buena fe. En este punto es importante considerar que la civilización, por lo menos en este artículo, debe entenderse como el trato intersubjetivo con consideración de la condición humana, porque el paso hacia la civilización ha sido positivo sólo en la medida que la naturaleza humana ha sido la principal directriz para calificar la forma correcta de socializar. Los períodos de la historia que han estado acompañados de destrucción o de reducción de la naturaleza humana no pueden considerarse como pasos de civilización.

Ahora bien, las relaciones afectivas-sexuales de los cónyuges y de los convivientes son relaciones que imponen pautas de comportamiento deseables de manera reforzada. Esto es así porque si la moral occidental impone el deber de tratar con respeto a los semejantes, con mucha más razón lo hace de cara al cónyuge o al conviviente. La misma regla aplica para los novios, porque el deber de respeto se sustenta en categorías universales de la civilización humana. Excluir a los novios del trato con consideración de la condición humana es un acto de barbarie por el cual se excluye y reprime sin razón alguna. Sin embargo, como luego se verá, los novios no están habilitados para promover el proceso de incumplimiento del deber de respeto.

Etimología y concepto.

El vocablo “respeto denota miramiento, veneración o acatamiento que se hace a alguno. Procede del latín respectus, forma simétrica de respectum, supino de respicere, esto es, considerar, mirar con cuidado” (DE ECHEGARAY, E.; Tomo V, 1889, p. 162). Respeto, entonces, puede conceptualizarse como el cuidado o atención especial que se tiene de alguien. Además, no es el resultado de la interacción humana sino la condición de su equilibrio. Esta atención impone el deber de arrebatar y suprimir aquello que impide su cuidado.

Derecho a ser tratado con respeto.

El Artículo 36 Inciso 1º LPF establece que los cónyuges tienen iguales derechos y deberes; y por  la comunidad de vida entre ellos se establece, deben vivir juntos, guardarse fidelidad, asistirse en toda circunstancia, y tratarse con respeto, tolerancia y consideración. El derecho a ser tratado con respeto es un derecho universal de toda persona, porque se deriva de su misma condición humana. Sin embargo, la ley cualifica ese derecho a favor de los cónyuges y, aunque la norma citada no lo exprese, también se extiende a favor de los convivientes, porque la filosofía jurídica del Derecho de Familia se instituye a favor de las relaciones matrimoniales y extramatrimoniales.

Los novios también tienen el derecho a ser tratados con respeto, porque la calificación especial de este derecho se justifica por la posibilidad de fundar familia. De no ser así, entonces los novios no tendrían la oportunidad de promover el proceso de violencia intrafamiliar, lo cual es posible si entre ellos existe un patrón de interacción establece como pareja. Basta la minima posibilidad de fundar familia para que el derecho a ser tratado con respeto sea especialmente cualificado como un deber de pareja.

El derecho a ser tratado con respeto se subsume dentro de los derechos de contenido extrapatrimonial. Su contenido es el contenido del derecho ajeno y de la dignidad humana, en el sentido que el respeto se impone cuando los derechos y los límites del otro exigen un trato humanamente digo. El respeto se define por la alteridad del individuo, esto es, por la necesidad que tiene de ser tratado en consideración a su naturaleza y por el deber de cuidar y sustentar la integridad ajena. No sólo es tratar al otro como se desea ser tratado, sino también tratar al otro en consideración a la fragilidad de sus propias características. Dañar la condición humana es dañarse uno mismo, respetar al otro es imponer un modelo de autorrespeto, porque en un sistema de interacción responsable nadie puede exigir lo que no aporta. Respeto no es jerarquía, respeto es autoequivalencia y dinamismo responsable.

El derecho a ser tratado con respeto tiene manifestaciones más concretas como el derecho a no ser objeto de maltrato físico, moral y psicológico. Por ello, cuando los hechos no se sustentan en la atención de cuidado o estima  no puede hablarse estrictamente de falta de respeto. Esto es de suma importancia, porque la falta de respeto puede ser la simple manifestación de un conjunto de actos más graves que tienen su propia regulación normativa, como podría ser la manifestación del ciclo de la violencia intrafamiliar o la expresión concreta de actos delictivos, como las lesiones o las agresiones sexuales. Si los hechos expresan al mismo tiempo la falta de respeto y el ciclo de la violencia intrafamiliar, entonces podría promoverse el proceso de violencia intrafamiliar y el proceso de incumplimiento del deber de respeto, pero existiría el riesgo de obtener sentencias contradictorias o incompatibles. Por ello, lo correcto es hacer una tipificación adecuada de los hechos al derecho invocado, con el fin de ejercer la acción judicial pertinente.

Falta de respeto.

El deber de no dañar y el derecho a ser respetado se corresponden a si mismos. Se trata de pautas universales de interacción social que se imponen a todos los miembros de la raza humana. Pero tratándose de los cónyuges y de los convivientes se consideran como pautas de interacción familiar, las cuales instituyen sus propias peculiaridades y manifestaciones. Por ejemplo, esta especialidad crea un conjunto de estrategias y mecanismos para suprimir la falta de respeto, pues en el fondo se trata de una irregularidad interactiva que altera el balance de la comunidad de vida de la pareja.

La desatención del cuidado hacia la pareja generalmente está acompañada de otro tipo de comportamientos adversos a la vida familiar, como la intolerancia y la humillación en público. En otras ocasiones es el preámbulo de una serie de actos más dañinos como el abandono, el acoso o el maltrato. De tal manera que el análisis del jurista debe ser lo suficientemente agudo para marginar los hechos que no sustentan la falta de respeto, los que la atenúan y los que la agravan.

Existe falta de respeto, por ejemplo, cuando se desprecia o injuria a la pareja. Comparar a la pareja con otras personas de su desagrado, atribuirle calificativos humillantes, provocar su desprestigio o imponerle la ejecución de actos deshonrosos son algunas de las formas de faltarle el respeto. Contrastar a la pareja con algún esteriotipo socialmente desaprobado también es una forma de desatender su cuidado o estima. El irrespeto también se produce por despreciar la humanidad de la pareja por su disfuncionalidad sexual. Los comentarios con amigos sobre la vida sexual del cónyuge o la exhibición de su cuerpo por medios electrónicos son otros ejemplos más.

Desde luego que algunos de estos ejemplos pueden habilitar la imposición de otro tipo responsabilidades y sanciones. Por tanto, será el justiciable quien decidirá que acción ejercer. Finalmente, es importante considerar que la falta de respeto no se justifica por el desinterés expreso por la pareja, pues en ningún momento la decadencia afectiva o sexual entre los conyugues o convivientes suprime los deberes que les impone la vida familiar. Nadie puede, por ejemplo, excusarse en la falta de amor por la pareja para amparar su desconsiderado modo de actuar.

Proceso de incumplimiento del deber de respeto. 

Con el fin de promover o exhortar al cese de las conductas que desatienden el cuidado o estima de la pareja, se habilita la acción de incumplimiento del deber de respeto. Este proceso no busca restablecer la integridad afectiva o sexual de los cónyuges o convivientes, más bien su objetivo es suprimir las conductas que reducen la dignidad personal y el equilibrio de la vida familiar. Su fundamento legal se encuentra en el Artículo129 LPF que establece:

En el proceso por incumplimiento del deber de respeto entre cónyuges o convivientes, el Juez podrá decretar en la resolución que admite la demanda, las medidas cautelares que considere necesarias y además ordenar medidas de protección para los miembros de la familia afectada. 

La acción judicial es del cónyuge o del conviviente que ha sido víctima de irrespeto por parte del otro. Los novios no son titulares de esta acción, a pesar que gozan del derecho a ser tratados con respeto, por lo cual pueden hacerlo valer, por ejemplo, en el proceso de violencia intrafamiliar. El legítimo contradictor es el cónyugue o el conviviente que presuntamente ha faltado al cuidado o atención especial de su pareja. En el caso de los cónyuges, el título que impone ese deber es la formalización del matrimonio. En el caso de los convivientes es la declaratoria judicial de unión no matrimonial o convivencia. Por tanto, junto a la demanda de incumplimiento del deber de respeto debe presentarse la certificación de partida de matrimonio, la certificación de la partida de unión no matrimonial o el instrumento que acredita la declaratoria de convivencia, según corresponda.

Admitida la demanda el juez puede ordenar inmediatamente las medidas de protección reguladas en el Artículo 130 LPF. Algunas de esas medidas son: la exclusión del hogar del infractor, la imposición del pago de alimentos, la prohibición de visitar el hogar familiar, la obligación de cancelar los gastos de mudanza, la asistencia obligatoria a programas terapéuticos o la prohibición de consumir bebidas alcohólicas. Este tipo de medidas también pueden ser adoptadas en momentos posteriores a la admisión de la demanda. En todo caso la adopción de estas medidas obedece a la necesidad de cada caso en particular, según los hechos que se aleguen por el demandante. Debe tenerse claro que se trata de una serie de medidas que revisten la forma cautelar, de manera que el juez debe valorar y fundamentar la necesidad de adoptarlas, o lo innecesario que resulta acogerlas. La adopción de medidas de protección no es el objetivo principal de este proceso, pues estas sólo persiguen que los actos de irrespeto desaparezcan.

La resolución final del proceso de incumplimiento del deber de respeto tiene una doble función. Primero, promover el cese de las conductas que desatienden el cuidado o estima de la pareja, y segundo, acreditar la comisión de actos de irrespeto de uno de los cónyuges o convivientes hacia el otro. Este último tiene mucha importancia en los proceso de divorcio por ser intolerable la vida en común (Artículo 106 Ordinal 3º CF), en virtud que esta acción puede fundamentarse en el incumplimiento grave o reiterado a los deberes del matrimonio. Significa, entonces, que la sentencia estimatoria dictada en el proceso de incumplimiento al deber de respeto es un antecedentes clave para acreditar la causa de divorcio, pues se perfila como prueba preconstituida del incumplimiento de uno de los deberes matrimoniales: el deber de respeto. No obstante lo anterior, no puede omitirse expresar que este tipo de procesos también se promueven con el único fin de refrenar los actos de irrespeto de la pareja y evitar la promoción del respectivo proceso de divorcio.

Cita así:

PALACIOS, CRISTIAN. “Proceso de incumplimiento del deber de respeto”. Publicado en la Revista Jurídica Digital “Enfoque Jurídico” el 26 de septiembre del 2017 http://enfoquejuridico.org/2017/09/26/proceso-de-incumplimiento-del-deber-de-respeto/