Conducta del empleado público ¿ética o proba?

“Los empleos públicos pertenecen al Estado: no son patrimonio de particulares. Ninguno que no tenga probidad, aptitudes y merecimientos es digno de ellos” Simón Bolívar.

El término probidad, tiene su origen en la voz latina: “probitas” y significa “bondad” y “rectitud”, en otras palabras la probidad, es “la integridad y la honradez en el actuar“, así, una persona íntegra es sinónimo de recta, intachable, coherente, imparcial, no contaminada, racional y proba[1]; de tal suerte que alguien puede ser definido moralmente integro o probo cuando cumple sus deberes sin fraudes, engaños ni trampas, así, ser probo consiste en ser transparente, auténtico y actuar de buena fe, por ello, lo contrario a la probidad es la corrupción.

En este sentido, la probidad expresa rectitud, moralidad y respeto por uno mismo y por los demás, lo cual fortalece la vida en comunidad, motivo por el cual éste debería ser practicada por los seres humanos, ya que todos y todas sin excepción alguna estamos obligados a actuar de manera íntegra en nuestro diario vivir, más aún los servidores públicos quienes en el ejercicio de sus funciones deben actuar de manera transparente.

Ahora bien, no hay que confundir la probidad con los términos “moral”, y “ética”, ya que si bien es cierto se encuentran íntimamente relacionados, no significan lo mismo, debido a que la moral hace referencia al “conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en una comunidad”, en cambio la ética es el conjunto de reglas preestablecidas y normas morales que rigen la conducta humana, así, la ética influye en las normas de conducta de una sociedad y la moral en la de las personas.

Dentro de las diferencias fundamentales que existen entre la moral y ética están:

  • La moral constituye un marco básico de conducta personal; es decir, lo que es correcto o no. La ética supone un conjunto de directrices o leyes que definen las prácticas aceptadas, así como el comportamiento de un grupo de personas o sociedad.
  • La moral dicta normas y criterios de actuación, la ética trata de fundamentar racionalmente dichas normas.

Cabe señalar que la expresión “ética” no se emplea cuando la aplicamos en el ámbito público, sino que se habla de “probidad”, que por definición importa honradez, integridad en el obrar y rectitud de ánimo[2].

Razón por la cual lo ético puede ser el referente inmediato para decir que tal o cual acción son o no reprochable para el común de la colectividad o que es correcto o incorrecto.

La probidad administrativa.

El artículo 4 literal b de la Ley de Ética Gubernamental de El Salvador (LEG), define la “probidad” como el actuar con integridad, rectitud y honradez por parte de todos los servidores públicos, permanentes o temporales, remunerados o ad-honorem, que ejerzan su cargo por elección, nombramiento o contrato, que presten servicio en la administración pública, dentro o fuera del territorio nacional, así como las demás personas que, sin ser servidores públicos, administren bienes o manejen fondos públicos[3].

La probidad administrativa tiene por objeto cumplir los fines de la administración pública, evitando cualquier desviación de sus recursos sean estos económicos, materiales o humanos, debiendo el funcionario actuar honradamente en el seno de la Administración, haciendo prevalecer el interés público sobre el privado; en otras palabras, el funcionario al desempeñar su cargo debe tener una conducta proba.

Bajo esta perspectiva, el concepto de probidad administrativa tiene dos alcances. Por una parte, viene a constituir la finalidad o propósito de la ética específica de la función pública, y por otro lado representa una cualidad o virtud moral que poseen o pueden desarrollar los funcionarios públicos y que al tenerla realmente, los impulsa a actuar de un modo ético o moralmente correcto en el ejercicio de su función.

Por ende, el control de la probidad administrativa desde el punto de vista de las expectativas público-legales, tiene las tres características siguientes: 1) La conducta intachable del funcionario; 2) El desempeño honesto y leal de la función o del cargo y 3) La prioridad del interés público sobre el privado.

Simoné

[1] Paladino, M., Debeljuh, P., y Del Bosco, P., Integridad: Respuesta superadora a los dilemas éticos del hombre”, Anales del VIII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Ética, Negocios y Economía (Alene), llevado a cabo el 11 y 12 de agosto de 2005 en Valparaíso, Chile, publicada en Revista Cuadernos de Difusión, 10 (18-19), 2005.

[2]LAPORTE RIBERA, MICHELLE ANDREA, Tesis: “El principio de probidad y publicidad de los actos de la administración y su reconocimiento constitucional”, Facultad de Derecho Departamento de Derecho Público de Chile. Página 16, bajo el título 1.1. Desde el punto de vista de la ética del servicio público

[3]Ver artículo 2 de la Ley de Ética Gubernamental