Piero Rusconi Gutiérrez

*Piero Rusconi Gutiérrez

Es una realidad que Centroamérica se presenta como un foco muy atractivo para el sector comercial y empresarial. Entrados en una dinámica de interés, empresarios e inversores suelen analizar el clima de resolución de conflictos que presentan las distintas jurisdicciones de la zona.

Tendentes a descartar la justicia ordinaria por motivos como la imprevisibilidad de costos y soluciones, la lentitud, la falta de flexibilidad o el insuficiente conocimiento de la realidad empresarial por parte del estamento de los jueces; entre los diversos procesos que presenta la resolución alternativa de conflictos (ADR, Alternative dispute resolution) para ayudar a las partes a resolver disputas sin acudir a los tribunales, el arbitraje es la opción que se impone como preferencial en el mundo de la empresa.

A ella se llega si la mediación no surte los resultados que desean las partes o resulta preferible tener un tipo de solución que sea ejecutiva. En general, los procesos ADR se configuran como confidenciales y menos formales y estresantes que los procedimientos judiciales tradicionales. El arbitraje destaca en la medida en que el laudo arbitral es definitivo y vinculante como una sentencia judicial, pero las partes conservan el control de los acontecimientos y hay muchas más posibilidades de que vaya a salir rentable.

Las soluciones creativas, la presencia de una impronta personal de cada parte en disputa, la posibilidad de obtener resultados duraderos, la ausencia de formalidades innecesarias y una mayor satisfacción final de las partes, así como la facilidad para que se establezcan mejores relaciones entre los contendientes a medio plazo, son algunos de los factores estrella por los que los empresarios se sienten muy cómodos resolviendo sus disputas con un árbitro.

A pesar de todo lo expuesto, y de que el arbitraje internacional es claramente el mecanismo por excelencia a la hora de resolver disputas multi-jurisdiccionales, algunos agentes del ambiente de empresa tienen ciertas reservas debido a que no es inusual que los costes se eleven excesivamente, además de que a veces les preocupa que las negociaciones se ralenticen con un recurso que está llamado a la celeridad. En este sentido, el sector de los negocios teme una especie de “judicialización” del arbitraje una vez que ya se está dentro del proceso negociador-arbitral, debido en gran parte al formalismo y la larga duración que poco a poco están adquiriendo este tipo de resolución alternativa de conflictos.

Para contrarrestar este tipo de amenazas al buen funcionamiento del mecanismo, se hace primordial el pacto entre los agentes en la elección del árbitro. “El proceso de arbitraje es tan bueno como el pool de árbitros”, tal y como afirma un conocido compañero de EE.UU. que ha llevado más de 1.000 reclamaciones de arbitraje a inversores durante la última década.

No es recomendable menospreciar la importancia de establecer entre las partes qué tipo de vínculos o antecedentes puede tener el árbitro dentro de la industria a la que se refiera el conflicto, para contrarrestar la tensión entre conocimiento del sector e intereses. Los elementos de decisión irrenunciables en el proceso de nombramiento del árbitro son su experiencia, familiaridad con el entorno empresarial y conocimiento a fondo de la región y los intereses empresariales que predominan, así como influencias externas que contrarrestar. Por supuesto, también debe ser un profundo conocedor del Derecho. Dado que la voz cantante en el proceso de arbitraje se decantará poco a poco hacia el árbitro, este tiene que ser capaz de comportarse de manera satisfactoria, otorgando confianza a las partes contendientes en la integridad del proceso.

En una región como Centroamérica, donde las disputas generalmente tienen un carácter multi-jurisdiccional, el arbitraje se impone como una de las preferencias para el mundo de la empresa y la industria. En un contexto así, el arbitraje proporciona lo que en algunos casos puede ser el único foro neutral posible para la resolución de disputas, permitiendo a las partes seleccionar a los tomadores de decisiones de nacionalidades neutrales o de neutralidad reconocida, con la habilidad necesaria para armonizar las diferencias culturales transfronterizas entre las partes.

Es nuestra responsabilidad, como abogados, saber trasladar bien al cliente sus ventajas y comprometernos a activar y sostener una comunicación estable y de calidad con el árbitro.

Piero Rusconi Gutiérrez

*Sobre el autor: Piero Rusconi Gutiérrez, Socio Fundador de CENTRAL LAW El Salvador, elsalvador@central-law.com