Limitaciones a la libre disposición patrimonial y procesal.

Este artículo constituye la primera entrega de la serie titulada “Posesión y acciones posesorias”. Los puntos a desarrollar son: concepto y naturaleza de la posesión.

Concepto. El articulo 745 inciso 1º CC establece que la posesión es la tenencia de una cosa determinada con animo de ser señor o dueño, sea que el dueño o el que se da por tal tenga la cosa por si mismo, o por otra persona que la tenga en lugar y a nombre de él. Del contenido del citado artículo se deducen las siguientes ideas:

La posesión es la tenencia. La tenencia es un acto de apropiación, la aprehensión de un objeto por parte de un sujeto que lo circunscribe al radio de sus posibilidades de uso y disposición utilitaria, de donde se advierte que la tenencia representa la proximidad del sujeto con el objeto para imponerle un régimen de control y uso. Esta proximidad posee tres dimensiones, una material, otra psicológica y otra social. La dimensión material representa la posibilidad de disponer del objeto poseído dentro de un marco de realidades empíricas, esto es, según la propia naturaleza de la cosa poseída; la dimensión psicológica representa la concepción individual de poder disponer del objeto poseído, como un acto afirmativo en la creencia del individuo de que es poseedor del objeto; y la dimensión social representa el reconocimiento que los individuos hacen de que el objeto es poseído por uno de ellos y por el cual le rinden respeto.

La posesión, como régimen de control objetivo, no requiere de una proximidad material directa que la confirme, pues basta un punto de conexión del sujeto con el objeto para que esa proximidad cumpla con su finalidad. De este modo, la proximidad del sujeto con el objeto poseído puede ser inmediata o mediata. Es inmediata cuando el sujeto goza de una proximidad directa con el objeto poseído, como cuando una persona posee por si misma una cosa. Es mediata cuando el sujeto goza de una proximidad indirecta con el objeto, pero sin que esto constituya un motivo que altere, desconozca o destruya el régimen de control objetivo, como cuando una persona posee una cosa por medio de otra.

Es posible poseer una cosa por interpósita persona (artículos 758 inciso 2 y 759 CC), porque la proximidad del objeto con el sujeto se sustenta en un régimen de control material, psicológico y social, a partir del cual una persona goza del uso y disposición de una cosa que, no obstante no estar en contacto directo con ella, le impone un sistema de control, una conciencia de apropiación y una estado de reconocimiento por parte de la comunidad. Por este motivo el mandatario puede ejercer actos de posesión en nombre y representación del mandante (artículo 760 inciso 1 CC).

La tenencia de una cosa determinada. La tenencia es un hecho y como tal no puede estar supeditada a lo indeterminado. Los hechos, cualquiera que sea el contenido y la forma, son siempre determinados, pues una cosa es y lo es dentro de sus límites. La posesión, consecuentemente, es un hecho que recae sobre los límites de otro, en el sentido que se trata de la tenencia de cosas determinadas.

Lo determinado hace referencia a lo identificado e individualizado, procurando que no exista duda o confusión entre lo poseído y lo no poseído. Quiere decir, entonces, que tanto el acto de poseer, como el objeto sobre el cual recae la posesión son determinados. Respecto del objeto, es decir, de la cosa, lo determinado significa que se posee dentro del límite de su magnitud o extensión cuantitativa, de modo que no se afecten los derechos constituidos sobre cosas ajenas al objeto poseído. Esto requiere que el objeto sea singularizado, lo cual exige ser identificado e individualizado dentro de la universalidad corpórea que integra, pues una cosa se dice que es diferente cuando coexiste en la cercanía de otras.

Así, una persona posee un terreno singular si sus límites están plenamente delimitados dentro de la universalidad del predio del cual forma parte. Nadie puede poseer un objeto que no esta debidamente singularizado, pues la imprecisión no es una nota distinta de la posesión, ni un acto compatible con ella (lo mismo sucede con las pretensiones reivindicatorias, pues tienen como presupuesto la posesión del objeto en manos del demandado, pues exigen que el inmueble a reivindicar esté plenamente singularizado en relación al título de propiedad que ampara la acción, bajo pena de rechazar la pretensión).

Es verdad que existen supuestos en los que el contenido total de un objeto aún no ha sido determinado (por ejemplo, al ser debatido en juicio), pero aun con ello, lo determinado se subordina a los límites formales del derecho atribuido, como cuando se alega la posesión de la herencia (artículo 761 CC), sin tener conocimiento exacto del contenido de ésta. Lo determinado, en este tipo de casos, viene dado por el alcance del derecho atribuido, pues la posesión de la herencia no se extralimita a cosas ajenas a su contenido.

La posesión es la tenencia de cosas determinadas, pues de no ser así, por lo menos desde la concepción jurídica liberal del mundo capitalista, la tenencia sería un principio de caos interactivo, porque no se conocerían los límites de la propiedad privada y, en consecuencia, de ninguna institución jurídica conocida, pues aun las cosas públicas, aun siendo públicas, dicen tener un titular que las conserva. Diferente sería si lo imperante fuera la concepción jurídica de la propiedad comunitaria.

Con ánimo de ser dueño o señor. El genio posesorio es este: adquirir el dominio de lo ajeno. No hay otra animación espiritual que arrastre al sujeto en su voluntad posesoria que la de adquirir la titularidad de aquello que no le pertenece. La aproximación del sujeto con el objeto no es un acto arbitrario, no es un simple contacto entre uno y el otro, más bien, es un acto dirigido, intencional y preconstituido por el sujeto sobre el objeto. Quien posee un objeto lo hace con conciencia natural de sus propósitos, pues la esencia original de este acto es la de adquirir legalmente el dominio de la cosa poseída.

Si en el sujeto no existe el ánimo de ser dueño, la aproximación entre él y el objeto, jurídicamente hablando, podrá ser cualquier cosa, menos posesión. La ausencia del ánimo de ser dueño de la cosa aprehendida hace de ese acto un simple acto de tenencia, siempre que se reconozca y respete el derecho de dominio o la constitución de cualquier otro derecho preferente sobre ella a favor de un tercero.

El artículo 753 inciso 1 CC dispone: Se llama tenencia la que se ejerce sobre una cosa, no como dueño sino en lugar o a nombre de el. El acreedor prendario, el secuestre, el usufructuario, el usuario, el que tiene derecho de habitación, son meros tenedores de la cosa empeñada o secuestrada, o cuyo usufructo, uso o habitación les pertenece. El acto de tenencia es un acto de reconocimiento de derecho ajeno. 

Quiere decir, entonces, que la posesión requiere de un elemento subjetivo, pues implica la relación entre un sujeto y un objeto, donde el primero impone una relación unilateral sobre el segundo; de un elemento regulador, por cuanto el poseedor dispone de la cosa poseída, sometiéndola a su voluntad individual como si fuera su propietario; pues, en efecto, el poseedor actúa como si realmente lo fuera, de modo que ejecuta una serie de actos de propietario, como defender la cosa, darle mantenimiento o exhibirla en esos mismo términos; y, finalmente, de  un elemento teleológico, pues a pesar que el sujeto actúa sobre la cosa como si fuera su propietario, su verdadera intención es realmente llegar a hacerlo. El fin de la posesión es confirmar jurídicamente la preexistencia natural del dominio, pues busca superarse a si misma, dar un salto de calidad, un salto que la saque de su situación fáctica y que le confiera su investidura jurídica.

Es importante aclarar que la posesión recae sobre objetos, nunca sobre otros sujetos. La “posesión del estado familiar” (artículos 198 y 199 Código de Familia) es una expresión relacional entre sujetos unidos por la sangre o la alianza que no guarda identidad con la posesión de las cosas, y a pesar que son situaciones fácticas con relevancia jurídica, no deben ser confundidas.

Naturaleza.

La posesión no es una directriz política, un organismo jurídico, un principio moral o un valor social. La discusión al respecto ha sido extensa, pero la tesis aceptada es que la naturaleza jurídica de la posesión es la de ser un estado de hecho con efectos de Derecho (similar a la unión no matrimonial, también conocida como unión de hecho, unión libre, convivencia libre, concubinato y más). 

La posesión es un factum de múltiples formas, pues consolida un régimen de empoderamiento material, de control utilitario y de conciencia interactiva sobre el objeto, en virtud que por medio de ella un individuo establece una situación de hecho sobre una cosa en particular, con la especial característica – a mi parecer la más importante – de que impone un estado de hecho reconocida por el conglomerado de individuos que interactúan en torno a la misma. Sólo después del reconocimiento social, esto es, sólo ante la ausencia de disputa legítima de la posesión, viene su reconocimiento jurídico. Es un hecho jurídicamente tutelable (artículo 2 inciso 1 Constitución), la pura facticidad que anhela un respaldo jurídico.

Es la posesión de las cosas la que estructura y organiza la realidad activa e histórica de las instituciones jurídicas y sociales, pues antes de la propiedad está la posesión y antes de su reconocimiento como derecho está su reconocimiento como hecho. Si pudiera examinarse la totalidad social desde una perspectiva totalizante y real o si fuera posible desprender una porción de ella sin alterar su contendido y significado, con el fin de apreciarla con la agudeza de un ojo que lo advierte todo, lo que se viera fueran hechos concretos, seres humanos reconociendo y respetando las facticidades de otros. Los derechos en términos reales existen sólo en la interacción de los sujetos, pues son formas que se interiorizan en la mente y en el sistema de vida de los individuos. Los derechos son productos intelectuales, puras creaciones culturales que se conciben por los individuos de forma artificial.

En términos reales-materiales, la posesión no es una forma artificial, es un acto concreto, un hecho específico, porque una persona tiene la posesión de un vehículo o de una casa cuando ejerce un régimen de control socialmente reconocido sobre ellos. Al igual que la vida, la salud, la paz o la muerte, la posesión es una carga fáctica. Podrá existir el derecho a conservar la posesión o a gozar de las prerrogativas que la misma confiere, pero esto no niega lo anterior, porque una cosa es identificar las facultades que confiere una situación u objeto y otra es identificar la esencia original de esa situación u objeto.

Aun cuando no existiera el derecho de propiedad como categoría jurídica tutelable, es posible que los individuos sigan adheridos a las cosas con el fin de conservarlas, usarlas y perpetuarlas. En efecto, podría desarticularse todo el ordenamiento jurídico de un pueblo, sin que ello represente la desarticulación verdadera de su forma de vida, porque los derechos y deberes están antecedidos por facticidades espirituales y materiales.

La posesión es un estado de hecho con efectos de Derecho, pero no cualquier estado, sino uno que reúne las características eficientes que la hacen objeto de protección legal. Sobre esto se ocupara el siguiente artículo de esta serie.

Si quieres citar este artículo, hazlo así:

PALACIOS, CRISTIAN. “POSESIÓN: CONCEPTO Y NATURALEZA”. Publicado en la Revista Jurídica Digital “Enfoque Jurídico” Publicado en la Revista Jurídica Digital “Enfoque Jurídico” el 24 de abril 2017 http://www.enfoquejuridico.info/wp/destacado-portada/posesion-concepto-y-naturaleza/