"Ni ser empresario ni ser revolucionario es garantía de justicia para el pueblo."

Filosofía es el amor por el conocimiento o la sabiduría (filo-amor y sophia-conocimiento o sabiduría). Aproximadamente hace dos mil quinientos años apareció la filosofía en el mundo, como el arte que inquieta al espíritu a buscar la explicación de las cosas, pero a dos mil quinientos años de su revelación sigue siendo desconocida por muchos. No es un asunto de ateismo ni de elitismo, más bien, es un asunto de humanidad, porque el ser humano es el único que vive y pervive entre ella. Pensar que la filosofía es dañina para el ser humano es creer que su naturaleza representa su propia autodestrucción, pues el ser no se niega a si mismo. Lo propio de la sabiduría es confirmar la esencia de la humanidad, hasta el punto romper cualquier vicio que la reprima.

Un ser humano sin filosofía es el eco vacío del pensamiento de otro. Las sociedades latinoamericanas necesitan más filosofía y menos fanatismo político y religioso. La filosofía demuestra que la democracia tiene gérmenes de tiranía, que la verdad puede ser la mejor falsedad establecida y que los pueblos con mayor educación son los que se dan sus propias respuestas. El quehacer filosófico explica que los padres de la patria son los padres de pocos, que la independencia salvadoreña sólo fue una nueva forma de dependencia y que los imperios no necesitan de nuestra ayuda para realizar obras de beneficencia en Irak ni en ningún otro país. También demuestra que cambiar la cifra de asesinados con excesiva frecuencia no es algo natural, que los libros de motivación personal son el mejor reflejo de la decadencia intelectual y que la morbosidad del sexo se equipara a la morbosidad de la violencia.

El mito se convierte en costumbre y la costumbre en ley, y en este dilema se impone la ley del mito que menoscaba todo sentimiento de verdad. El mito de la amnistía es la falsedad del perdón, así como el mito de la libertad es la transmutación de la liberalidad. No hay ningún ser amoral ni apolítico que viva en sociedad, pues lo propio del ser social es perseguir el poder político y establecer un código moral. El ser humano es la única especie sobre el planeta que orienta todo su saber acumulado para alcanzar su propio aniquilamiento masivo, pero el saber auténtico es un saber noble para la naturaleza humana; fuera de esta nobleza el conocimiento deviene como locura.

En una sociedad materialista y cargada de mitos, no hay ninguna diferencia entre el que piensa que el dinero representa la salvación de la sociedad y el que piensa que la biblia enseña que el diablo es de color rojo. No hay ninguna diferencia entre el que mata y destruye y el que con su indiferencia y temor lo ratifica. No hay diferencia entre el que piensa que un país es como una empresa y el que piensa que es como un arma de guerra. Los países no son empresas y no son armas de guerras, son masas de personas con múltiples necesidades. El pueblo no tiene colores, no es ni rojo ni azul, más bien, tiene la necesidad de vivir entre la capa interna del cielo azul y el borde externo de la sangre roja. La reflexión lo revela y la experiencia lo confirma, que ni ser empresario ni ser revolucionario es garantía de justicia para el pueblo. La única garantía es que el pueblo tenga empresarios de ideas y revolucionarios que las ejecuten.

Las sociedades pobres lo son en tanto que no tienen las ideas para producir riquezas, al igual que las sociedades marginadas lo son en tanto que no pueden sentirse incluidas en sus propias acciones. Una sociedad que no sabe valorar a sus filósofos es una sociedad destinada a permanecer bajo la dominación de otros. Un filósofo que no cuida de si mismo, que no sabe reclamar su posición en sociedad, podrá ser cualquier cosa menos un filósofo. La sociedad que descuida la educación de sus ciudadanos, por cualquier excusa que sea, está en el camino a la esclavitud. La naturaleza no impone la ignorancia, pero la sociedad la confirma. La sombra de la ignorancia sigue siendo del mismo color, pero la claridad del conocimiento alcanza diferentes niveles.

La capacidad para abordar la realidad no tiene nada que ver con las fronteras de la materia, sino con las fronteras del espíritu que determinan la voluntad del saber. Sin filosofía sólo hay ficciones, prejuicios y confusiones. El error de los países subdesarrollados o periféricos es haber creído que son incapaces de impugnar o superar el conocimiento de los países desarrollados o centrales. Pensar que los países centrales son dignos de compartir su dolor y que los países periféricos no lo son, a todas luces, es un absurdo. Siria, al igual que Francia e Inglaterra, también es humana. Por filosofía se comprende que la muerte no llega sólo por el cuerpo, sino también por el entendimiento.

El poder del conocimiento transformador se debilita frente a los índices absorbentes de desempleo, porque tristemente se estudia para trabajar y no para transformar la realidad. Cuando el amor a la sabiduría desaparece surge cualquier tipo de amor, pero ninguno que confirme la propia naturaleza del ser humano. Cuando el silencio atraviesa la razón, lo único que queda es la desesperanza y la humillación. El último grito del intelectual es el primer golpe del tirano y lo que viene después no es más que la serenidad del silencio y la agudeza de la amargura. El saber es el motor del desarrollo de los pueblos, la potencia inmediata para romper los núcleos de opresión, la excusa para desnudar la impunidad y el arma astuta para trasquilar las injusticias.

El conocimiento es poder, pero antes que nada y después de todo, el conocimiento es placer.