Juzgados obstaculizan aprendizaje de estudiantes de derecho.

Leonardo es un joven de 20 años de edad, que cursa cuarto año de Licenciatura en Ciencias Jurídicas, en la Universidad Gerardo Barrios con sede en San Miguel. En su clase de Derecho Procesal le dejaron como tarea realizar una encuesta a cuatro jueces de Familia de San Salvador. Él junto a su grupo conformado por tres estudiantes más, decidieron emprender viaje con destino al Centro Judicial Integrado de Derecho Privado y Social, San Salvador, sin imaginarse que la respuesta dada por la secretaría de uno de los Juzgados sería: “Mire los jueces no llenan eso, es difícil que alguien le ayude, e hicieron mal en venir un viernes porque no pasan aquí, venga la otra semana pero no le prometo nada.”

Carlos, catedrático de la Universidad Tecnológica de El Salvador, dejó a sus estudiantes de Derecho Penal presenciar una vista pública, sobre delitos patrimoniales, la dificultad para que los estudiantes tuvieran acceso a la Audiencia, por la negativa de la mayoría de Tribunales de Sentencia, lo llevó a renunciar a esa forma de aprendizaje, sin embargo considera que lo mejor para la formación de los alumnos es conocer la práctica de la teoría aprendida en clases.

Mirna, estudiante de la Universidad de El Salvador, en su clase de Criminología, le dejaron visitar el Centro Judicial de La Unión debiendo entregar constancia de su viaje en un álbum de fotos, y asistir a una audiencia dejando plasmado lo ocurrido en un informe; al llegar la fecha de entrega presentó el álbum de fotos, más no el informe por habérsele negado comparecer a una audiencia.

Casos como estos se cuentan por cientos, la negativa de los Tribunales, salvándose muy pocos, por complementar el aprendizaje de los estudiantes de derecho, genera una obstaculización en su formación profesional, sin que existan argumentos sólidos que les haga adoptar esta decisión, más bien decisiones arbitrarias de jueces o secretarios, actitudes que alimentan el egoísmo y el individualismo, sin embargo esto en nuestro país parece común, siendo causa de sorpresa para otras culturas, en donde la educación y la formación de los juristas es una tarea de todos aquellos relacionados al ámbito jurídico.

Razones para apoyar a los estudiantes existen muchas, desde facilitar su aprendizaje, instruirlos en la ética y la práctica forense, hasta reducir los problemas sociales y la criminalidad, la educación es una herramienta indiscutible para toda sociedad, y deberían estar los Tribunales muy interesados en que los estudiantes de derecho se gradúen con la formación más adecuada, pues son ellos quienes jugarán un rol determinante en los procesos judiciales, una verdad vista desde muchos ángulos, el beneficio pasa por la actuación del abogado antes, durante y después del proceso, la garantía de defensa para los usuarios, la ética y honestidad que generan un camino limpio para el desempeño del Juzgador que tiene como fin la justicia.

Este problema que afecta a los estudiantes, necesita el máximo apoyo de los catedráticos, para hacer realidad la necesidad de llevar a la práctica la teoría, su papel para coordinar esa parte de educación que solo se experimenta en los Tribunales debe ser real, no solo basta con dejar una tarea con la cual pasen ocupados, sino que de esta pueda sacar el mayor provecho, incluso acompañándolos en las actividades realizadas en los Tribunales, una idea que los saca de su comodidad, convirtiéndola en una propuesta descabellada pero muy común en las cátedras de España, México, Colombia por citar.

Es fundamental que los futuros juristas conozcan el funcionamiento real del aparato jurisdiccional, es cuando la visita de los estudiantes a los Juzgados se hace esencial en su crecimiento jurídico, y esta es mejor cuando se hace acompañar por su facilitador, para romper ese miedo a la experiencia de enfrentar un Tribunal, esa sensación que de vivirse ya como profesional puede significar complicaciones para terceros.

El interés de lo social, y el bien común, le dan vida y sentido a la profesión del abogado, esos principios no solo deben estar consagrados en la doctrina jurídica, es la práctica y la forma como nos desenvolvemos lo que nos hace adquirir nuestro perfil de jurista. Las excusas de los Tribunales se basan sobre todo en lo delicado de los procesos, pero jamás esto puede ser un impedimento, la confidencialidad es parte de esta profesión, y sabemos que muchos de los casos considerados delicados son portadas de periódicos, o medios televisivos, la publicidad de estas es necesario como forma contralora de la ciudadanía, respetando las garantías de inocencia y el debido proceso.

En un estudio realizado en el año 2009 por la Universidad de Málaga, entre sus estudiantes de derecho Procesal, se determinó que el momento idóneo para que los estudiantes visiten los juzgados como parte de su aprendizaje, es la mitad de la carrera, y que entre las ventajas que se obtienen de esta experiencia están:

  • Descubrir que la primera visita a un Juzgado significa un simple acercamiento a un escenario que, aunque haya sido explicado en clase, visto en películas o imaginado por el alumno, es siempre desconocido y sorprendente.
  • Que los alumnos puedan ver de manera directa cómo se contesta una demanda, cómo se fijan los hechos controvertidos, cómo se interroga a un testigo.
  • Que los alumnos examinen escritores relevantes del proceso, para identificar tácticas de litigación.
  • El acompañamiento del profesor es un elemento muy enriquecedor  que motiva a los alumnos facilitando la compresión y el alcance de las actuaciones a las que se asiste, como la resolución de las dudas que puedan surgir.
  • Que los diferentes casos examinados pueden utilizarse después en el aula para el uso de ejemplos y referencias, convirtiéndose en una herramienta didáctica de gran valor.
  • Los alumnos aprenden a usar con mayor corrección la terminología procesal.
  • Que se forman en técnicas de oratoria, dialéctica y argumentación jurídica, percibiendo la relevancia que en un juicio tienen el lenguaje gestual y la comunicación no verbal.
  • Obtienen más elementos de juicio a la hora de decidir su futura salida profesional.

Además entre los beneficios que esta Revista le puede sumar a la investigación en comento están:

  • Como un papel de contraloría ciudadana, al tener personas conocedores de la ley contacto directo con los procesos y los actores del mismo.
  • Dotarles de carácter humanitario a los operadores de justicia.
  • Reproducir las capacitaciones recibidas por los operadores de justicia en los alumnos, efectivizando la inversión hecha por el sector justicia.

No se trata de que las personas de los Juzgados impartan la cátedra, sino que con sus obligaciones cotidianas muestren a los estudiantes la práctica que se vive en los Juzgados. Para hacer realidad este panorama se requiere de mucha voluntad por parte de todos los agentes involucrados, pero sin duda sería un salto de excelencia a la profesión; pues si bien muchos estudiantes realizan prácticas jurídicas estas no forman parte de una exigencia curricular, sino más bien su finalidad es de servicio al estado, volviéndolas experiencias totalmente distintas.

Es incomprensible la negativa de los Juzgados y Tribunales por ayudar a los estudiantes en su formación, más bien esa paradójica decisión de los Juzgados resta a la profesión, pues es como estudiar para algo que no se debe experimentar, es cerrar las puertas al futuro; y al llegar el momento de ser profesionales las críticas de los Juzgados a los abogados no se hace esperar, olvidando que su pasividad obstaculizó al que ya es profesional formarse adecuadamente en la práctica forense; esa idea de negarse a compartir conocimiento es algo incoherente pero muy real, los estudiantes, catedráticos, jueces, secretarios, colaboradores, deben de caminar hacia la misma dirección: elegir la justicia como destino normal del derecho.