La crianza en familia contra la criminalidad

Si uno de los países ha demostrado que no es por medio de la restricción de derechos que se combate a la criminalidad, éste ha sido Holanda, muy conocido por sus políticas liberales hacia el sexo y drogas, y por tener que cerrar cárceles por falta de población reclusa; sin embargo en ese país la equidad entre las personas y la inversión de tiempo de los padres hacia sus hijos han sido claves para formar la sociedad tan envidiada por buena parte del mundo.

En El Salvador esto parece un espejismo, una imagen surreal, una paradoja casi burlesca, pues sabemos que las drogas están íntimamente relacionadas a la delincuencia juvenil y a la criminalidad, y que nuestras hijas e hijos crecen lejos del seno familiar, con padres pelando en los Juzgados por bajar la cuota de alimentos, con madres perdiendo el control de los actos de sus hijos por ser víctimas de trabajos con tintes esclavistas, ante la complicidad del Estado y el cinismo de los representantes del sector empresarial.

De ambas realidades tan distantes, algo en común fácilmente se puede determinar: la necesidad de que los niños, niñas y adolescentes sean criados en familia.

El artículo nueve de la Ley de Protección Integral para la Niñez y Adolescencia (LEPINA), en su primer inciso ratifica el mandato constitucional establecido en el artículo treinta y dos, “la Familia es la base fundamental de la sociedad y tendrá la protección del Estado”.

Si bien esta noción jurídica para esta Revista es debatible, por las restricciones a la que es sometida la institución de la Familia, con cumplir lo citado por la norma sería un avance significativamente superior.

La LEPINA reconoce en la familia un medio natural para garantizar la protección integral de la Niñez y Adolescencia, además de dotarles de un papel primario y preponderante en la educación de las hijas e hijos.

Frente a este principio en la relación progenitores e hijos, y comprendiendo su importancia para forjar una sociedad a la imagen de las familias, es muy triste y decepcionante descubrir que la relación entre padres, madres e hijos usualmente está fracturada en El Salvador.

Según  la encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples del 2012, de la Dirección General de Estadísticas y Censos (DIGESTYC) en El Salvador más del 40% de hogares tienen a una mujer a la cabeza como responsable del hogar; en dos mil quince 140,700 niños fueron sometidos a trabajo infantil; cifras oficiales detallan más de seiscientos asesinatos de menos de diecisiete años en el 2016; un Estado represor con historias de redadas masivas y poca efectividad, solo entre junio de 2014 y mayo de 2015 la Policía Nacional Civil, el Ejército y otras instituciones que reprimen el delito recibieron el 91,78 % de 2.202 denuncias recibida por la Procuraduría para la Defensa de Derechos Humanos.

Todas las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a conocer a su madre y a su padre y a ser criados por ellos (artículo 78 LEPINA), un derecho trascendental en la construcción de una sociedad, pero menospreciado por nuestras autoridades, dentro de una sociedad machista, corrupta y desigual.

Aun en los casos de progenitores separados, los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a mantener relaciones afectivas con ellos, y un trato personal que favorezca el desarrollo de su personalidad.

 Las políticas criminales y penitenciarias dentro de sus ejes transversales deberían contemplar la crianza en familia de las niñas, niños y adolescentes, esto pasa por velar que la empresa privada cumpla con los derechos laborales, sobre todo a lo que se refiere a las jornadas de trabajo y a un salario justo, para que el trabajo sea un medio para dignificar la vida y la familia de las niñas, niños y adolescentes; actualmente vivimos otra realidad, una realidad que merece y necesitamos transformar, para ello necesitamos invertir en la familia, darle prioridad a la vida en familia y al cuidado de las hijas e hijos. Cada momento compartido con amor y cariño de padres, madres e hijos, es garantía que la criminalidad y la violencia pueden ser superadas, y que llegue el día en que necesitemos cerrar cárceles y abrir escuelas.