Julio, entre meritorio y sirviente.

Esta es la historia de Julio, un joven que egresó en el año 2011 de la Universidad de El Salvador en la carrera de Licenciatura en Ciencias Jurídicas, de la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales, hijo de una familia originaria de Usulután, su padre un sastre de oficio, su madre una profesora desempleada, ambos poniendo todo su esfuerzo en Julio, con la esperanza que pudiera tener una mejor calidad de vida para él y sus descendientes.

Julio salió lleno de ilusiones de los salones de clases de la Facultad de Derecho, sin embargo se daría cuenta que la vida no a todos le sonríe de igual manera. Conoció un Juzgado de San Salvador gracias a la invitación que le hiciere un amigo para “meritorear”. Ser meritorio en los Juzgados es algo muy común, muchos jóvenes buscan dar su trabajo en el Órgano Judicial, esperando una oportunidad laboral o experiencia para poder desempeñarse en la profesión.

Julio aceptó la invitación y conoció a una Jueza, describe que la primera sensación que obtuvo de ella fue de admiración, pues según lo estudiado en sus clases los jueces representan la Justicia del Estado, pero no sabía que vendrían de esa relación los peores momentos de su vida.

El día que se entrevistó con la Jueza para poder “meritorear” le fue difícil dormir, se puso a estudiar las leyes para poder desempeñarse lo mejor posible en el Juzgado. Al llegar el día se dio cuenta del ambiente estresante en el Juzgado, los colaboradores de avanzada edad no lo veían con buenos ojos, pues veían en él un reemplazo de sus trabajos.

Julio tuvo como primera misión en el Juzgado ir a recoger a la Jueza a un restaurante ubicado sobre el Paseo General Escalón;  a las nueve de la mañana estaba fuera del lugar debiendo esperar ahí, hasta cerca de las doce del  mediodía, hora en que salió la Jueza de “una reunión”.

Al llegar al Juzgado la Jueza le pidió de favor que le pagara sus recibos de teléfono y energía eléctrica, petición que aceptó con mucho gusto Julio porque pensaba que ella le estaba dando su confianza.

Ese primer día Julio no pudo almorzar debido a las filas que tuvo que hacer para poder cumplir con el favor a la Juzgadora. Cerca de las tres de la tarde llegó al Juzgado con los recibos pagados y vendría como última misión del día, ir a dejar a la Jueza a su vivienda, ubicada en una zona lujosa de Santa Tecla; la Jueza le agradeció y le dijo que fuera a dejar el vehículo al Juzgado y que la fuera a recoger al día siguiente a las ocho de la mañana en su vivienda.

Julio cerró su día laboral a las seis de la tarde, cuando abordó un bus para dirigirse a su habitación que alquilaba cerca de la Universidad de El Salvador.

Alrededores de la vivienda de Julio, en la colonia Zacamil.
Alrededores de la vivienda de Julio, en la colonia Zacamil.

Sus días siguientes no fueron muy diferentes, entre llevar a la Jueza de un lado a otro, pagar sus recibos, comprarle la comida, llevar el carro al taller, supervisar trabajos de construcción en casa de la Jueza, sacar documentos personales de su jefa, acompañarla al súper mercado para cargar con las compras, lavarle el carro, etc. las pocas horas que pasaba en el Juzgado, sacar copias era su colaboración, mientras en su mente pasaba todo el sacrificio que hacían sus padres para poder cubrir sus necesidades básicas, además del esfuerzo que hacía en las noches para poder trabajar con su tesis.

Pasados seis meses, Julio se armó de valor para pedirle a la Jueza realizar actividades jurídicas, ella le respondió que una vez existiera una oportunidad laboral lo iba a tomar en cuenta, porque estaba muy agradecida con su colaboración.

En una ocasión le mandaron a dejar una torre de expedientes al despacho, al entrar, le sonó el celular a la Jueza y él por ser amable, trató de alcanzárselo, pero por ir cargado de expedientes lo botó, rompiendo por desgracia la pantalla del aparato, la Jueza se molestó y le dijo que esas cosas eran del Estado, que debía tener más cuidado y que le pagara su reparación o le diera un nuevo celular; Julio asustado no le informó de este hecho a sus padres, sino que prefirió vender su impresora y su celular para poder reparar el de la Jueza.

Las burlas en el Juzgado no se hicieron esperar, tal pareciera que todo el trabajo que él les había regalado nunca fue apreciado, su huella dejada hasta ese momento, era romper la pantalla del celular a la Jueza.

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¿Sabía que la jueza de su juzgado trataba de esa manera a los meritorios? 

Sí, lo sabía…

¿Por qué le dijo a Julio que llegara al Juzgado si iba a recibir ese trato?

No, es que al ver una oportunidad de “meritorear” pues no pensaba en lo que le iba a pasar a Julio, de hecho es algo por lo que muchos meritorios pasan, yo pensé en que podía ser considerado para una plaza.

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Julio, tuvo complicaciones en su salud por lo desgastante que era servirle a la Jueza, cumplir con la tesis, y tener mala alimentación por falta de dinero; sin embargo prefirió no dejar de desempeñar su rol en el Juzgado, pues la Jueza le había prometido que al existir una oportunidad laboral lo tomaría en cuenta.

Esa oportunidad, llegó al año y medio de “meritorear”, cuando una de las colaboradoras obtuvo un mejor empleo en un Bufete de renombre, y cuando parecía que el sol iluminaría los días de Julio, una llamada lo cambió todo, la Jueza mandó a llamar al meritorio para decirle que este empleo no se lo podría dar ya que un Magistrado de la Corte Suprema de Justicia le pidió de favor darle la oportunidad a una familiar, pero que la próxima oportunidad era de él.

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¿Usted pasó por situaciones similares a las que Julio tuvo que enfrentarse?

Si, aunque conté con más suerte, porque la oportunidad me llegó rápido, fue al finalizar mis prácticas judiciales.

¿Y en sus prácticas le tocó servir a la Jueza?

Sí, es que es algo que pasa en los Juzgados, los jueces tienden a endiosarse.

¿Y nadie controla el actuar de los jueces con los empleados y meritorios?

Nadie; es complicado, pero en los Juzgados nadie vigila lo que hacen los jueces, en cambio a los empleados judiciales sí, los jueces ni siquiera marcan entrada ni salida.

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Julio permaneció en ese Juzgado por tres años sin tener ninguna oportunidad, cuando sus padres no pudieron seguir enviándole dinero, tuvo que aceptar cualquier empleo, actualmente continúa trabajando en un outsourcing de una compañía telefónica como “freelance”, su sueldo base es de trescientos dólares mensuales, el tiempo en el Juzgado no le sirvió como experiencia laboral ya que la Jueza se molestó cuando le comunicó que no podía continuar con sus funciones.

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Lic. Menjívar quien fuera asistente de cátedra de Julio en 2011
Lic. Menjívar quien fuera asistente de cátedra de Julio en 2011

¿Cómo conoció a Julio?

Lo conocí en la Facultad de Derecho de la Nacional, yo era asistente de la cátedra de Derecho Tributario.

¿Cómo lo describiría como estudiante?

Responsable, comprometido con sus estudios, es usual  ver personas comprometidas en la Nacional por las ganas de superación que tienen.

¿Sabe de los tratos que reciben por parte de los jueces, los estudiantes al hacer sus prácticas o meritorear en los Juzgados?

Pues en Derecho pasa que hay mucha demanda y poca oferta laboral, eso hace que muchos jóvenes buscando una plaza judicial o trabajar en algún bufete jurídico, sean explotados, por encontrar un empleo que les ayude a superarse.

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Julio, termina su entrevista, manifestando a esta revista que no ha querido compartirnos más detalles sobre irregularidades administrativas que vio en el Juzgado por parte de la Jueza, para evitar problemas, pues aún hoy teme que esto pueda cerrarle definitivamente el paso en su carrera de Derecho que tanto amo y que tanto ansía poder ejercer algún día, y no obstante que se le insistió que reflexionara, pues hacer públicos estos hechos servía de ejemplo a las nuevas generaciones para que esto no se repitiera, Julio prefirió guardarse los detalles que no están directamente relacionados con su persona.

Nota: Se ha tratado de proteger la identidad del testigo, evitando ser muy descriptivos en los sucesos ocurridos en un Juzgado de San Salvador, todo a petición de Julio (nombre ficticio).