6 formas de tratar a tus hijas e hijos, a la luz de la Protección Integral

La doctrina de la Protección Integral de la Niñez y Adolescencia es una de las semillas que el estado, la sociedad y la familia deben cultivar, pues viene a romper paradigmas que se han enraizado en la cultura de los pueblos; esta transformación que es criticada sin encontrar su causa en la formación académica, tiene numerosos obstáculos pues rompe con buena parte de la educación inculcada a nuestros padres, abuelos, tíos, personas adultas que no tuvieron la oportunidad de decidir qué ropa ponerse, qué color de zapatos elegir, o incluso con qué estilo de cabello vivir.

Fueron tratados como objetos, que debían de respetar las reglas impuestas por un adulto, por el hecho de serlo, y de no apegarse a ello eran tachados como rebeldes, con acceso inmediato al cuartel militar o a un colegio de fama “estricta”, o de aquellos donde te enseñaban a tejer, coser, bordar de manera religiosa.

Hoy en día aún existen instituciones educativas que poseen reglamentos disciplinarios a la luz del modelo tutelar, alumnos que deben usar el pelo corto que no pase de uno o dos dedos de altura, presentar zapatos deportivos -únicamente- blancos, utilizar las medias hasta las rodillas en el caso de las mujeres, deciden hasta el tipo de mochila y refrigerio que deben tener, olvidando que la educación se construye con valores: honestidad, responsabilidad, respeto, solidaridad.

En opinión personal son tres los pilares que deben fortalecerse para un nivel social y legal de vida digna: la Protección Integral de la Niñez y Adolescencia, Género en todas sus formas y el combate de la corrupción.

Por ello esta vez les presentamos 6 formas de cómo compartir tiempo con nuestros hijos a la luz de la doctrina de la Protección Integral de la Niñez y Adolescencia, formas prácticas que desarrollan una nueva visión de educación para un mejor mundo:

  1. No golpear a las hijas e hijos. Esta frase es una de las más criticadas, “golpear”, “corregir”, “maltratar”, ponle el nombre que quieras, a las niñas, niños y adolescentes no se les debe educar con golpes, con el miedo al cincho, a la vara, a la espada, al lazo mojado, etc. No importa la acción o travesura que haya hecho, los golpes son una decisión arcaica que muestra incapacidad de dominar emociones de los humanos adultos, frecuentemente practicada por los hombres, alimentado por ideas tradicionales; existen muchos ejemplos de personas que han sido educadas sin golpes, que ahora han desarrollado sus capacidades viviendo como buenos ciudadanos, y, por el contrario existen muchos expedientes de personas que se sitúan en cárceles por asesinato, violación, robo, delincuentes que tuvieron antecedentes de violencia física y malos tratos en su infancia.
  2. Siempre escucha a tus hijos. No hay edad para escuchar a las niñas, niños y adolescentes, ya sea con el llanto de una bebé, con el berrinche de un niño, o los malos gestos o displicencia de un adolescente, se les debe escuchar, para ello se necesita conocerlos, saber qué les gusta, qué les incomoda, identificar su carácter. Los hijos son sujetos de derecho, quienes de una u otra forma se dan a expresar, ven el mundo con sus ojos y no los tuyos, frente a toda situación escucha a tus hijos, incluso escucha cómo duermen y te sorprenderás al descubrir que tienen mucho de ti.
  3. Potencia sus virtudes. Todas las niñas, niños y adolescentes son diferentes, unos tendrán aptitudes para la pintura, otros para la música, algunos para el deporte, otros para la tecnología, como progenitores o responsables deben de potenciar aquello que saben hacer, ya sea un bebé que aprendió a tapar una botella, hasta una adolescente que logró un “Toe loop” en su clase de patinaje. Es importante que las virtudes de tus hijos sean apoyadas incondicionalmente, pues es lo que les gusta, y no se vale tratar que ellos aprendan algo que a ti te gusta, pues tu rol es de orientador u orientadora y son ellos como sujetos de derechos quienes deciden qué practicar.
  4. Diles cuánto los amas y lo valiosos que son para ti. Se ha tenido un concepto errado al pensar que los sentimientos no se deben de expresar, se ha educado diciendo “tus padres te aman, mira cuánto trabajan por ti”, y si bien esa es una expresión del amor a tus hijos, es importante que se los digas, que se los recuerdes, que les insistas, que sepa que el amor es lo que los mantiene juntos, no importando el momento, la situación, o el lugar, el amor es aquello que cuando no estés, logrará que ellos tomen buenas decisiones.
  5. Que el dialogo sea tu opción de orientación. Cada vez que quieras orientar a tus hijos dialoga con ellos, por ello es fundamental que le inculques el valor del respeto, pues un diálogo respetuoso y sincero siempre trae buenos resultados, incluso dos personas que están peleadas por la infidelidad de uno u otra, puedan mediante el diálogo solucionar problemas patrimoniales, mucho más cuando se trate de las niñas, niños y adolescentes; si forjas un modelo disciplinario basado en el diálogo ellos aprenderán a valorar qué hacer y qué no hacer, siendo un bebé que no quiere comer, o siendo una adolescente que no quiere estar en el cumpleaños de un tío por la fiesta de la promoción, el diálogo es la solución, por ello apuesta e invierte en la comunicación.
  6. Que en el tiempo compartido con tus hijos, sean ellos el centro del mundo. Muchas veces como adultos se cometen errores en planificar viajes, celebraciones, comidas, pensando en los gustos del adulto, sin embargo cuando se está con los hijos es importante que les muestres que son ellos el centro del mundo, pues son seres en formación, que van poco a poco desarrollando sus capacidades, y es mejor que sientan que en su familia lo atienden, lo hacen sentir valorado, escuchado. Desde tomar en cuenta las horas de dormir de un bebé para no interrumpirlo con la celebración de su cumpleaños, hasta con la adolescente que tenía una video llamada con sus amigas de infancia, o su novio que está pasando las vacaciones fuera del país, es importante respetar esos momentos, el tiempo no es más importante que tus hijos, y cuando los hijos son amados por sus padres o responsables saben otorgar y disfrutar el tiempo que con ellos comparten.