Cuento corto.

Y empuñando el bastón de palo salió a recibir a los camaradas. Paso a paso recorría los tres metros que separaban la puerta del cerco de alambre. Ya no era el mismo Lito de los 30 en los 70, el tiempo ya era suficiente, tanto para amoldarse a usar la prótesis de su rodilla izquierda. A la distancia no alcanzaba a ver cuántos hombres eran. ¿Son tres o cuatro? Los ojos, sus oídos, una pierna, su cadera se habían visto afectadas por esa granada que le heredó el apodo de “El Gato”. Sus compañeros de batalla estaban enfrente, aunque esta vez no habían sonrisas, ni abrazos, tampoco había espacio para el silencio en aquel pueblo caluroso y agotador. Y este honor… mientras uno de ellos, el que ahora le dicen “gobernador”, guardaba su celular en el estuche que portaba en el resquicio de su cinturón, donde antes desenfundaba su trabuco. Nos han comentado tus descontentos sobre nuestro trabajo. Las miradas de los hombres se atropellaban para intimidar a “El Gato”. ¡Por eso han venido entonces! Mientras una de sus nietas, la que lo calmaba cuando lo despertaban esas visiones a oscuras de persecución por parte de la 4° Brigada de Infantería, con voz de inocencia preguntaba al “Tata” si esa noche sus visitas iban acompañarlos a cenar. Por eso, y porque en tu casa les han dado donde vivir a gringos. Lito, frunciendo el ceño entendía que no se trataba de una conversación. El padre Chema, había traído a un par de misioneros del Norte y pensó en “El Gato” para hospedarlos, una familia respetable para él. Ajá?… Parece que el imperialismo al final si te ganó la batalla. Uno nunca sabe cuándo la CIA quiere volver a conspirar. Deja de andar alebrestando al pueblo en mi contra. Los hombres habían dejado  claro que si no están con ellos están en su contra. “Tata”, “tata”, ¿sirvo comida? De repente por la cabeza pasaron cientos de vivencias, todas llenas de dolor y olor a pólvora, familias pobres antes y después del conflicto bélico, luto, tortura, desvelo, todo tirado al río más cercano que dividía al pueblo. No ‘mijita’, los visitantes ya se van. Y dando el paso a la izquierda, con su pierna postiza, Lito le dio la espalda a los socialistas que ya gobernaban.

Autor: Edwin Nóchez
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