Una de cada cinco niñas de 10 a 12 años, que en el año 2012 tuvieron un parto, su primera relación sexual fue con un familiar.

La anterior es una de las conclusiones que se encuentra en el estudio “Maternidad y unión en niñas y adolescentes: consecuencias en la vulneración de sus derechos, El Salvador 2015”, presentado por el Ministerio de Salud (MINSAL) en colaboración con el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

También, según el estudio una de cada cinco niñas de 10 a 12 años, que en el año 2012 tuvieron un parto y que estuvieron alguna vez en convivencia, su primera pareja la supera al menos por 10 años de edad.

Tanto las uniones de estas niñas como sus embarazos tempranos son resultado de circunstancias que están fuera del control de las propias niñas, las cuales les impiden tomar adecuadamente decisiones claves sobre su vida. Dichas uniones y embarazos antes de los 17 años son producto de la violencia social que sufren cotidianamente, son niñas y adolescentes sin educación y viven en los hogares más pobres, por lo que estas uniones tempranas están estrechamente vinculadas a la pobreza y a la falta de oportunidades educativas.

El estudio en referencia se realizó solo con aquellas niñas y adolescentes de 10 a 17 años que tuvieron un parto en 2012 en los hospitales del MINSAL, dando como resultado un universo de 12,776, de las cuales 54 de las niñas que tuvieron hijos tenían entre  10 a 12 años;  1,224 de 13 a 14 años y 11,498 de 15 a 17 años.

Aunque la cifra de 12,776, es preocupante, el número de niñas violadas y embarazadas en El Salvador es sin duda mayor, si se toma en cuenta que el estudio solo incluyó los partos de nacidos vivos y que aun residían en el país; solo a las niñas que fueron ubicadas por el personal de salud y solo a las que aceptaron participar en el estudio.

Por lo que si sumamos a las niñas que no fueron ubicadas, las que están acompañadas y la violencia que sufren en el hogar les dificultó participar, las que si fueron violadas pero no quedaron embarazadas o no llevaron a termino los embarazos, sin duda tendríamos datos más alarmantes.

Por ejemplo, cuando se presentó el estudio, en noviembre de 2015, la directora ejecutiva del Consejo Nacional de la Niñez y Adolescencia (CONNA), licenciada Zaira Navas, mencionó que “solo durante el año 2014 se determinó que 23,573 niñas y adolescentes, de 12 a 17 años, ya habían entrado en una relación  matrimonial o no matrimonial en el país”

Los datos que arroja el estudio en mención son preocupantes ya que la “mayoría de las niñas y adolescentes entrevistadas se caracterizan por estar actualmente en unión de pareja (72% están casadas o acompañadas);  haber tenido solamente una unión en su vida (82%) y solo un embarazo (72%); por vivir con sus parejas, ya sea solo con ellas o también con otros familiares (62%) y, por no asistir a la escuela (89%).”

Así mismo, menos de la mitad de las niñas y adolescentes entrevistadas (47%) afirmó que recibía apoyo de su familia cercana (padre, madre, abuela, abuelo u otros), mientras que el 53% identificó a su pareja como responsable económico del hogar. De las niñas que en 2012 tenían entre 10 y 12 años, el 71% considera que la persona responsable de ellas era su padre, madre o un familiar; sin embargo, un 29% identificó  como persona responsable a su pareja. De las que vivían en la casa de su familia al momento del embarazo, 6% fueron obligadas a irse por causa de este; mientras que el 14% no vivía con su pareja, pero tuvo que irse con él porque no tenía dónde vivir al momento del embarazo.

También el estudio muestra que sólo un 36% de las niñas y adolescentes, que tuvieron parto en el 2012, estaban estudiando al momento de su primer embarazo, y de las que sí estaban estudiando, el 89% abandonó los estudios a causa de la maternidad o la unión y apenas un 18% se reintegró a la escuela después de su primer embarazo, confirmando con ello el embarazo trunca el desarrollo educativo de las niñas y adolescentes.

Como podemos ver estas niñas son sometidas a funciones para las que no están preparadas, son obligadas a someter sus emociones y mente a obligaciones y estrés propios de adultos, sus aspiraciones académicas y profesionales son truncadas, por lo que el futuro de sus vidas y la de sus bebés son inciertos lo cual incidirá en el desarrollo que la sociedad Salvadoreña tendrá, por lo menos en las próximas dos décadas.

Otro dato a tomar en cuenta es que la violencia sexual en El Salvador se ha mantenido en cifras elevadas en los últimos años, y según datos del Instituto de Medicina legal, relacionados en la publicación del Diario de Hoy del 19 de Junio de 2011, página 2, solo en una década (2001-2010) dicha institución atendió a 35 mil 303 víctimas por distintos abusos sexuales, lo que se traduce en 3,530 casos por año y se confirma en el mismo que entre 80 y 90 por ciento de las víctimas son del sexo femenino. Además los datos confirmaban que seis de cada diez casos las víctimas eran menores de edad y que una gran mayoría de violaciones son cometidas por familiares o conocidos de las víctimas.

Sobre este tema también puedes leer el caso de Rosita, una niña de solo once años de edad que fue violada y embarazada por su padrastro y tuvo que enfrentar a la Iglesia y la sociedad en 1995, convirtiéndose en uno de los casos que más llamó la atención de la sociedad salvadoreña. Es un drama familiar que sorprende a cualquiera.

El fenómeno de las niñas madres no es nuevo en nuestro país, en marzo del 2015 lo definí como un problema endémico en el artículo “Embarazo en adolescentes, un problema endémico de nuestra sociedad”.

Según el “Primer Informe Situacional sobre el Embarazo en Adolescentes y su Impacto en el Derecho a la Educación”, elaborado por la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, en el año 2009, en el cual se retoman los resultados de la  Encuesta Nacional de Salud Familiar (FESAL–2008), muestra que en el grupo de mujeres de 15 a 19 años “alrededor del 18 por ciento tiene al menos un(a) hijo(a) actualmente vivo(a). Los datos indican que en promedio las mujeres adolescentes o jóvenes quedan embarazadas de hombres de mayor edad que ellas… Según los datos encontrados el promedio de edad para iniciar la vida sexual es de 16.3 años y es más frecuente la primera relación sexual clasificada como premarital. Una de las causas directas del alto número de embarazo en adolescentes, lo constituye precisamente la violencia sexual…”

Según el informe en 1998, 381 niñas entre las edades de 0-9 años reportaron haber sido violadas, cifra que aumentó a 468 en el año de 1999 y que alcanzó los 1018 en el año 2000. También, 1102, niñas entre las edades de 10-19 años fueron violadas en 1998, 1155 en 1999 y 1012 en el año 2000.

“El Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), contiene una base de datos, en donde informa el número de niñas y adolescentes que anualmente reciben atención hospitalaria a nivel nacional; las cuales se encuentra dividida en dos grandes grupos: El primer grupo se encuentran las edades entre 10 a 14 años, de niñas embarazadas con una cantidad que oscilan entre los 1,005 y 8,890. El segundo se encuentran las adolescentes embarazadas de 15 a 19 años, que oscilan entre un número de 21,764 hasta 163,575”.

En el 28 de enero de 2011 el director del ex Hospital Nacional de Maternidad, catalogaba los embarazos en adolescentes como un problema serio. Afirmaba al Diario de Hoy en esa fecha que en el año 2010 el número de partos que se registraron disminuyó, sin embargo la cantidad de adolescentes que se convirtieron en madres no se redujo.

Según datos del referido Hospital “4,018 adolescentes entre los 10 a los 19 años dieron a luz, una cifra similar a la de los tres años anteriores. Solo el año pasado 195 niñas menores de 14 años parieron en el establecimiento médico.”

Además el director dijo que un embarazo en adolescente es complicado porque ni física ni emocionalmente están aptas para convertirse en madres. “La tasa de abortos y los partos de prematuros se incrementan en ellas porque el útero no está listo”.

Así mismo el jefe del Servicio de Neonatología, manifestó “El elevado índice de prematuros ha provocado la saturación del área, desde hace más de dos años las cunas ya no dan abasto. Lo común es ver dos y hasta tres niños en una misma incubadora. El índice de ocupación se mantiene ente el 140 al 160 por ciento. Al día, ingresan unos seis prematuros. El espacio físico no permite incrementar el número de cunas, entonces tenemos que recurrir a poner a dos o tres en una misma”. 

Las cifras antes citadas en lugar de disminuir van aumentando al grado que el informe del estado de población mundial 2013 elaborado por UNFPA, denominado “Maternidad en la Niñez, Enfrentar el reto del Embarazo en Adolescentes” posiciona a El Salvador con una de las tasas más altas de embarazo adolescente en América Latina, con una tasa específica de fecundidad de 89 por cada 1,000 mujeres de 15 a 19 años, superando la tasa de fecundidad total de América Latina y el Caribe que es de 76.2, mientras que la tasa mundial es de 52.6. A nivel centroamericano, El Salvador se ubica en tercer lugar abajo de Nicaragua y Honduras.

Así mismo, el “Informe Especial sobre el estado de los derechos sexuales y derechos reproductivos con énfasis en niñas, adolescentes y mujeres en El Salvador”, de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos del año 2015, asegura que los embarazos en niñas y adolescentes entre 10 y 14 años han aumentado en los últimos diez años en El Salvador. “Las cifras del Ministerio de Salud (MINSAL) también reflejan esto cuando reportan que para el 2013 el 4 % de mujeres (niñas) de 10 a 19 años (28,102) habían tenido un embarazo o más; que el 2 % (14,051) de este grupo ya había tenido 2 o más embarazos. Asimismo, 1 de cada 200 adolescentes del grupo de 10 a 14 años (1,711) ya había tenido por lo menos un parto. Según el MINSAL, el embarazo adolescente en los últimos cinco años representa claramente una violación sexual (MINSAL, 2013).”

Indiscutiblemente el embarazo, como proceso fisiológico, demanda cuidados esenciales para la salud de las mujeres, tales  como: atención prenatal, nutrición adecuada, uso de micronutrientes, reposo, vestimenta y calzado adecuados, entre otros. Sin embargo, las niñas y adolescentes, en su mayoría no cuentan con recursos propios que garanticen las condiciones mínimas para cubrir estos requerimientos, ni cuentan con las condiciones físicas ni emocionales para asumir la responsabilidad de ser madre, por lo que se incrementan las posibilidades de embarazos de alto riesgo, muerte por parto, morbilidad o mortalidad de la hija o hijo y depresión que, en muchos casos, puede llevarlas al suicidio.

Matrimonio con niñas y adolescentes, una técnica para encubrir delitos de Violación y Estupro.

Si bien es cierto el Código Penal Salvadoreño en el artículo 159  señala que quien tenga relaciones sexuales con alguien menor de 15 años comete el delito de Violación en Menor y puede ser condenado con una pena que va desde los 14 hasta los 20 años de prisión; y cuando la violación es cometida por un familiar la pena máxima puede incrementar hasta los 26 años de prisión, según el artículo 162 del mismo Código, y los artículos 163 y 164 castigan con prisión de 4 a 10 años a la persona que tenga relaciones sexuales con alguien mayor de 15 y menor de 18 años, debido a que comete el delito de Estupro, aumentando la pena 6 a 12 años cuando se comete prevaliéndose de la superioridad originada por cualquier tipo de relación, para el caso que nos ocupa de familia.

Sin embargo, en clara contradicción con lo anterior el Código de Familia en los artículos 14 y 18 permite la posibilidad del matrimonio de una niña o adolescente, siempre y cuando se encuentre embarazada o tengan un  hijo en común y exista asentimiento expreso de los padres o tutores.

En los delitos de violación y estupro, la niña violada tiene la calidad de víctima y testigo, por lo que el testimonio de la víctima es esencial a la hora de condenar al imputado debido a que en la mayoría de casos no hay testigos presenciales por las características del delito, es decir, el agresor siempre busca la ausencia de estos para actuar.

El artículo 204 del Código Procesal Penal Salvadoreño, contiene la  Facultad de abstención de declarar al mencionar “No están obligados a testificar en contra del imputado, su cónyuge, compañera de vida o conviviente…” esto significa que si el agresor contrae matrimonio con la niña que violó y embarazó, mediando el consentimiento de los padres el cual lo puede obtener (con dinero, otorgando cosas materiales, diciendo que se hará cargo de la niña y el niño que esta en gestación, etc., ), el abogado defensor alega que la esposa hará uso de la facultad que le brinda el artículo 204 y se abstendrá a declarar contra su cónyuge, por lo tanto no hay víctima, ni testigo y por consiguiente el violador sale bien librado.

Lastimosamente lo anterior es una práctica que se da y es admitida por los jueces que conocen este tipo casos, en total violación al Principio del Interés Superior de la Niña, Niño y Adolescente, reconocido en el artículo 12 de la Ley de Protección Integral para la Niñez y Adolescencia (LEPINA), que establece: “En la interpretación, aplicación e integración de toda norma; en la toma de decisiones judiciales y administrativas, así como en la implementación y evaluación de las políticas públicas, es de obligatorio cumplimiento el principio del interés superior de las niñas, niños y adolescentes, en lo relativo a asegurar su desarrollo integral y el disfrute de sus derechos y garantías…” y lo regulado en la Ley Especial Integral para una Vida libre de Violencia para las Mujeres.

Tampoco podemos pasar por alto que según el artículo 17 del Código Procesal Penal, Fiscalía General de la República está obligada a ejercer la acción penal pública, para la persecución de oficio en los delitos de violación en menor y Estupro, es decir no necesita denuncia de la víctima para iniciar una investigación. En otras palabras, si el MINSAL en su informe encontró 12,776 Niñas y adolescentes de 10 a 17 años que tuvieron un parto en 2012, contra todas ellas se cometió delito de violación o estupro, por lo tanto debieron informar inmediata mente a fiscalía para que iniciara igual numero de investigaciones, o la misma fiscalía debió haber iniciado las investigaciones cuando salieron a la luz los resultados, o en el mejor de los casos las ginecólogas debieron dar aviso a la Policía Nacional Civil o a la Fiscalía General de la República cuando tuvieron conocimiento que estas niñas estaban embarazadas, como lo hacen cuando atienden a una mujer que ha perdido a su hijo en la mayoría de los casos producto de una complicación obstétrica.

Tal pareciere que cuando se tiene que investigar a los hombres que violan y embarazan niñas la Fiscalía General de la República no es tan efectiva como lo hace con mujeres que han perdido a sus hijos por claras emergencias en sus embarazos, tales como la contundencia a la hora de acusar a María Teresa, con quien logró una condena de 40 años por una emergencia obstétrica, o Carmen a quien la condenaron violentándoles sus derechos y garantías constitucionales, como se ha establecido en esta Revista, o a Mirna a quien condenaron a 12 años,  o cuando manipuló el proceso e inventó un testigo protegido para condenar a Maritza a 30 años de prisión.

Cuando una niña queda embarazada, su presente y futuro cambian radicalmente, y rara vez para bien. Puede terminar su educación, se desvanecen sus perspectivas de trabajo y se multiplica su vulnerabilidad frente a la pobreza, la exclusión y la dependencia. Por lo tanto se hace urgente que retomemos el tema de la educación sexual para la prevención de todos estos embarazos, de igual forma es necesario que el Estado cumpla su función laica y evite que la religión y ciertos grupos de presión influyan en el manejo de este tema tan importante, el cual debe ser tratado libre de prejuicios para garantizar su eficiente aplicación, ya que mientras sigamos creyendo que la abstinencia es el único método de prevención que debe ser enseñado, seguiremos teniendo niñas que cambian juguetes por niños, que dejan la escuela para convertirse en esposa, y sus sueños para satisfacer los placeres de adultos que en la mayoría de los casos deberían de protegerlas.

Si quieres citar este artículo hazlo así:

GUARDADO, SANTOS. “NIÑAS VIOLADAS Y EMBARAZADAS POR FAMILIARES”, publicado en la Revista Jurídica Digital Enfoque Jurídico, el día 20  de junio de 2016. http://www.enfoquejuridico.info/wp/archivos/5234