El conocimiento de la Constitución y su normativa no cabe duda es relevante para el estudioso del derecho, pues en la estructura normativa de un país, determina un orden previamente establecido para el manejo de los órganos de Estado; pero ¿qué tan importante es para el ciudadano? Algunas opiniones dirían que es una materia propia de abogados o politólogos dejando a un lado la verdadera relevancia social de su conocimiento.

La Constitución: la carta de navegación que debe conocer todo ciudadano.
La Constitución: la carta de navegación que debe conocer todo ciudadano.

Muchas veces se muestran a través de los medios de comunicación protestas o demandas al gobierno por la exigencia del cumplimiento de derechos ya establecidos en la Constitución, que son inherentes a su calidad de ciudadanos y que deben ser velados y respetados por los gobernantes.

Casos muy relevantes han acontecido en el panorama político de El Salvador  que dejan entrever la importancia del conocimiento de las facultades que tiene cada órgano del Estado. Se observa, por ejemplo, como la Sala de lo Constitucional revisa muchas decisiones de los demás órganos de Estado y juega un papel fiscalizador y de control en asuntos que anteriormente eran decididos únicamente por la Asamblea Legislativa. Un caso de ello, son las elecciones de funcionarios públicos como magistrados de la Corte de Cuentas, Fiscal General de la República, etc.

 A partir de lo antes planteado, surge entonces la pregunta ¿qué es la Constitución? Como se dijo anteriormente la respuesta a esta interrogante, sin poseer un conocimiento previo de estudios jurídicos, políticos o cercanos a la temática, podría llegar a reflejar el desconocimiento del término en el ciudadano. Usualmente se entiende que la Constitución es ley de la República y que determina algunas pautas básicas de convivencia social, pero, ¿realmente qué es la Constitución? La doctrina jurídica provee algunas definiciones.

Autores como Santiago Nino entiende la Constitución como “…Carta de navegación para guiar los destinos del país”[1]. Esta afirmación se enmarca en considerar a la Constitución como la guía principal respecto a la conducción política del país, ya que ciertas características de ella se engloban en su supremacía, como el carácter principal y fundamental de un ordenamiento jurídico. Esta carta de navegación, como lo expresa dicho autor, es la guía fundamental de los gobernantes que se encargan de la dirección del país. El ciudadano, por su parte, deberá conocer esta carta de navegación para ejercer una fiscalización del actuar de sus gobernantes, exigir su correcta aplicación y a la vez ayudar a su sostenimiento.

Pero ¿quién la creó?  La creación de una Constitución debe surgir de un acuerdo de la sociedad, para regular las pautas principales de organización del mismo y a partir de ese acuerdo y de su puesta en práctica, puede modificarse según se requieran las necesidades de la sociedad con un proceso previamente establecido. Dicho planteamiento es el ideal, pero no es el aplicado en algunos países, pues existen históricamente imposiciones en las constituciones que buscan la permanencia o legitimación de quien ostenta el poder o es utilizada con una finalidad de sometimiento al pueblo de un régimen autoritario.

En El Salvador se registran históricamente constituciones que fueron el resultado de un contexto político de golpes de Estado y de corte autoritario, reflejo de la inestabilidad política de esa época. En este sentido, las constituciones creadas bajo este contexto, no respondieron a un acuerdo social, sino más bien fueron el resultado de imposiciones autoritarias de algunos sectores de la sociedad.

Otra definición que puede ayudar a entender que es la Constitución, la aporta López Guerra al establecer:

“Históricamente los textos constitucionales surgen en el siglo XVIII, tanto en Estados Unidos como en Francia, como expresión de un pacto social y político que versaba sobre dos cuestiones primordiales, la organización del Estado y el reconocimiento de los derechos individuales, y que respondía al doble postulado de limitar el poder del Estado y de garantizar la libertad de los ciudadanos”[2].

Esta última definición se muestra más completa al estipular que es parte integrante de la Constitución no solo la organización del Estado, sino también el reconocimiento de los derechos individuales, es decir un conjunto de derechos inherentes al ciudadano; a la vez incluye las limitaciones al poder, que se enmarca en ese juego de roles y controles que tiene como principales protagonistas a los poderes del Estado.

Esos poderes son determinados por la Constitución además de sus atribuciones, funciones y facultades de control hacia los demás poderes  (frenos y contrapesos[3]). De ahí que surge otro argumento respecto a la relevancia del conocimiento de la Constitución para el ciudadano, pues en ella se limita al poder del Estado y se determinan los derechos fundamentales, tales como el derecho a la vida, a la salud, a la educación, a la libertad, derechos políticos, etc.

Y es a partir del conocimiento de este cúmulo de derechos establecidos en la Constitución, que algunos sectores sociales exigen su cumplimiento y a la vez tratan de incluir nuevos derechos que consideran indispensables para la vida. Se puede observar como ejemplo actualmente la lucha ciudadana en muchos países por el reconocimiento a la soberanía y seguridad alimentaria, que permite la autosuficiencia de los pueblos, calidad y respeto de sus hábitos y patrones alimentarios.

A partir de estas ilustraciones se puede determinar que la Constitución es la ley fundamental y suprema del ordenamiento jurídico de un país, que determina los derechos fundamentales, la organización política y la división de poderes, estipulando las pautas generales que deberán seguir el resto de la normativa del país. Cabe aclarar que dependerá de cada Estado el tipo de Constitución que posea, así existen legislaciones que tienen constituciones escritas  o formales, otras que no son expresas, y también existen las dispersas. Ejemplo de ello es la Constitución de Gran Bretaña, que no codifica sus normas constitucionales, la Constitución inglesa que posee leyes dispersas, y también se regula por la costumbre[4] y la Constitución de El Salvador que es formal o escrita.

Las clasificaciones que aporta la doctrina jurídica no solo se resumen a las ya expuestas, pues además existen otras clasificaciones que parten de diferentes criterios, por ejemplo: según su origen, su contenido ideológico, codificación, extensión, temporalidad, eficacia, etc.[5] 

En conclusión, para el estudioso del derecho es parte fundamental el manejo de su normativa constitucional, pues ésta irradia todo el sistema normativo del país y constituye una guía en el manejo de los asuntos políticos, jurídicos y sociales; y para el ciudadano, su conocimiento no es menos relevante, pues le permite conocer las facultades de los órganos de Estado que lo dirigen, conocer sus deberes como ciudadanos y sus derechos fundamentales, ya que en la medida de su comprensión podrán utilizarlos y exigirlos en caso de su vulneración. Finalmente, y como punto de notable importancia, conocer la Constitución le permite al ciudadano fiscalizar a los que ostentan el poder, determinar la efectividad de su accionar y  exigir la buena conducción del país.-

Referencias: 

[1] Carlos Santiago Nino, Fundamentos de derecho constitucional: análisis filosófico, jurídico y politológico de la práctica constitucional (Buenos Aires: Editorial Astrea De A. y R. Depalma, 1992).

[2] Luis López Guerra, Derecho constitucional (Valencia: Tirant lo Blanch, 1991).

[3]Vid. María Luisa Balaguer Callejón, «La División De Poderes En La Constitución De Cádiz De 1812», THE DIVISION OF POWERS IN THE CONSTITUTION OF 1812 CADIZ., n.o 83 (enero de 2012): 19-41.

[4] Germán José Bidart Campos y Walter F. Carnota, Derecho constitucional comparado. T. 1: […] (Buenos Aires: Ediar Sociedad Anónima Editora, Comercial, Industrial y Financiera, 1998).

[5] Néstor P. Sagüés, Teoría de la constitución, 1. reimpr (Buenos Aires: Astrea, 2004).

Si deseas citar este artículo, hazlo así:

SÁNCHEZ, ODALY. “LA CONSTITUCIÓN: LA CARTA DE NAVEGACIÓN QUE DEBE CONOCER TODO CIUDADANO”. Publicado en la Revista Jurídica Digital “Enfoque Jurídico” el 11 de mayo de 2016. http://www.enfoquejuridico.info/wp/archivos/5093