En la Ley de protección Integral de la Niñez y Adolescencia (LEPINA), la frase “equidad de género” aparece en tres ocasiones, la primera de ella bajo el título III del capítulo Educación y Cultura, que en el artículo 81 inciso segundo establece ““…la educación deberá orientarse al pleno ejercicio de la ciudadanía, el respeto de los Derechos Humanos, la equidad de género, el fomento de valores, el respeto de la identidad cultural propia, la paz, la democracia, la solidaridad, la corresponsabilidad familiar y la protección del medio ambiente...”””

La segunda de ellas aparece consignada como una “Responsabilidad del Estado” en materia de Educación, en el artículo 86 letra m) “Incluir en los programas educativos temas relacionados con la nutrición, la educación sexual y reproductiva, el embarazo precoz, la equidad y violencia de género, las drogas, las enfermedades infecto contagiosas y el medio ambiente y garantizar la permanencia en el ámbito escolar y no discriminación de las niñas y adolescentes madres, embarazadas o víctimas de violencia; “ esto procurando la efectividad en el derecho a la Educación.

Por último aparece como un principio rector de La Política Nacional de Protección Integral de la Niñez y de la Adolescencia (PNPNA) la cual tiene por finalidad garantizar el pleno goce de los derechos de las niñas, niños y adolescentes; en el artículo 112 letra f) se consigna la equidad de género.

Pero ¿Qué es género? Para Gerda Lerner: “Es la definición cultural del comportamiento asignado como apropiado para cada uno de los sexos en una sociedad determinada. El género es un conjunto de roles culturales. Es un disfraz, una máscara con la que hombres y mujeres bailan su desigual danza”. Vivimos en una sociedad altamente machista, fundada bajo una institución patriarcal, con comportamientos y características extremadamente arraigadas, “los hombres no lloran”, es decir si un niño llora es niña, “las niñas no tienen fuerza” es decir no pueden valerse por sí mismas, necesitan de un hombre que sí es fuerte. Todos estos comportamientos forman las piezas con las que se ha construido nuestra sociedad, y que empiezan a adquirirse en los niños y niñas.

Para nadie es extraño identificar colores con un sexo determinado, o que los carritos y los robots son para los niños y la cocinita y la plancha es para la niña. En California un niño llamado Azai, celebró su cumpleaños número cuatro recientemente, y en su fiesta le regalaron dos juguetes exactamente iguales, fue así que su padre lo llevó a la tienda para que cambiara uno de ellos y escogiera el que más le gustara. Azai no siguió el comportamiento tradicional y escogió una sirena de cabello pelirrojo de Disney. El padre al advertir esto subió un video a su perfil de Facebook con la siguiente pregunta “¿Cómo crees que un padre se siente cuando su hijo elige esto?” mientras el niño ríe junto a él y grita ¡Síííí! mostrando la sirena pelirroja. Finaliza el vídeo el padre de Azai diciendo: “adoro que mis hijos elijan su vida. Así es como somos, simplemente decimos ¡Síííí! Elige esta muñeca, elige como te expresas, elige lo que te gusta, elige tu sexualidad, elige lo que sea.”

Sin duda y así lo establece nuestra legislación, no debe de existir distinción en los comportamientos que cada uno decide adoptar, pues las convenciones sociales y los comportamientos aprendidos han servido para que a lo largo de la historia exista una desigualdad entre hombres y mujeres, que se traduce en machismo, que tanto ha dañado el tejido familiar, bien lo expresa la Socióloga Jocelyn Viterna “Se dice que la familia es la base fundamental de la sociedad, pero particularmente pienso que el género es la base fundamental de la sociedad”.

Pero  ante casos como el de Azai ¿Qué debo hacer como padre o madre? El artículo 101 de LEPINA es claro en expresar: ““La madre, el padre, el o los representantes o responsables de las niñas, niños y adolescentes, tienen el derecho y el deber de dirigirlos y orientarlos en el goce y ejercicio de los derechos establecidos en los artículos anteriores, de modo que los mismos contribuyan a su desarrollo integral”” Parte de su desarrollo integral es permitirles a los niños y niñas poder ir construyendo su identidad, que su voluntad pueda ser escuchada y respetada, y que esta vaya acompañada de la orientación y dirección de los padres o responsables, pues un juguete no es una maestra que pueda crear desviaciones de carácter sexual, muchos hombres llegan a su adultez sin poder realizar actividades necesarias para el día a día, como cocinar, lavar, o incluso planchar, pues crecieron dentro de una familia fundada bajo una masculinidad homogénea.

Los padres y responsables deben  ayudar a formar a sus niños y niñas, respetándoles y garantizándoles el derecho a la recreación y al juego (art. 90 LEPINA) y que por medio de ellos pueda diseñarse una forma de aprendizaje, que permita el desarrollo integral de una persona, que ante todo forme humanidad, esa humanidad que tanto hace falta a nuestro mundo, y no una persona que crezca irrespetando a las mujeres, irrespetándose a sí mismo, y que al ser padre repita lo que un día en su casa, siendo muy pequeño le dijeron al caerse o golpearse “No llore que los niños no lloran”.