¿Derecho o deber de corrección de los progenitores?
¿Derecho o deber de corrección de los progenitores?

A partir de la publicación anterior se vuelve necesario hacer aclaraciones, el artículo 38 de LEPINA permite la corrección de forma “moderada”, es decir que la legislación Salvadoreña castiga el exceso a ese derecho-deber, mediante el tipo Maltrato Infantil, en el artículo 204 del Código Penal, en su inciso segundo sanciona al que “con abuso de los medios de corrección causare perjuicio a una persona menor de edad”; en su tenor literal si el castigo es “moderado” nuestra ley lo permite. No obstante, la simplista afirmación anterior, es la Convención Sobre los Derechos del Niño (CDN) que prohíbe a los Estados que legitimen el castigo corporal por medio de sus leyes, con aras de proteger la integridad física, sexual, psíquica y moral de los niños y adolescentes.

Pero, esta segunda afirmación representa más obligaciones y retos para los progenitores, pues se vuelve necesario “estudiar para ser padre y madre” y ya no sólo repetir patrones de conducta bajo el argumento “funcionaron en mí”. Los niños, niñas y adolescentes, no son apéndices de sus progenitores sino sujetos plenos de derechos al igual que un adulto, a diferencia que su desarrollo cognitivo y discernimiento se encuentran en formación, por lo que necesitan ese acompañamiento paterno/materno para adaptar su capacidad decisoria; los estímulos y los castigos son parte de la responsabilidad parental y por ende del derecho-deber que tiene los padres/madres en orientar y guiar a sus hijos a una autonomía plena, debe ser cumplido obligatoriamente por cada uno.

Si bien doctrinalmente se habla del derecho de orientación de los padres y las madres como técnica de disciplina, en vez de dominar o someter a los hijos; con ésta se busca generar el desarrollo de “seres pensantes, reflexivos, autónomos, preparados para afrontar el angustioso camino de la vida”. Surge la interrogante ¿cómo educar y guiar a los NNA de esa forma? Pues en la actualidad es obligatorio orientar en el marco de “un proceso de diálogo donde el/la niño,  niña o adolescente pueden expresarse, en el ejercicio de ser escuchados y a opinar en cada uno de sus asuntos (artículo 12 CDN), aún a riesgo de contradecir la voluntad de sus padres y madres” (Marisa Herrera)

Es decir, que como sujetos de derecho deben participar en su dinámica familiar de forma activa; este modelo de crianza participativa “permite que los más pequeños y los jóvenes se comprometan con el proceso de socialización del cual son protagonistas”. Esto no significa que el progenitor deja de ser una figura de autoridad, pero bajo la premisa de un poder democrático, participativo y no autoridad como sinónimo de despotismo. En la medida que se establecen límites responsables no se daña al niño o niña y el progenitor lo prepara para una vida autónoma; lo controversial de este punto es para aquel padre o madre que no predica con su ejemplo y exige actitudes en su casa que no repite para su vida, esa es la doble moral que se viven en muchas familias, pues ¿cómo orientar a los hijos por el camino correcto, si los adultos no lo practican?

 Pensar en un NNA como sujeto de derechos significa tratarlos como ser humano, pero también es cierto que los progenitores tienen derecho a criar y educar a sus hijos e hijas de acuerdo a sus valores, creencias religiosas, políticas, principios, como lo regula el artículo 206 del Código de Familia, referente al concepto de Autoridad Parental, además el deber de crianza del artículo 211; de formación moral y religiosa del artículo 213 y el de educación del artículo 214 todos del Código de Familia, los cuales constituyen deberes de todo padre o madre de familia.

La Observación General número 8 del Comité de los Derechos del Niño, denominada “El derecho del niño a la protección contra los castigos corporales y otras formas de castigo crueles o denigrantes”; es la respuesta del Comité para ese modelo de orientación de los hijos e hijas basado en el dialogo y el respeto y no en el autoritarismo y la violencia.

En este instrumento en el numeral 11 el Comité define el “castigo corporal o físico como todo castigo en el que se utilice la fuerza física y que tenga por objeto causar cierto grado de dolor o malestar aunque sea leve”. La observación general hace alusión a “manotazos”, “bofetadas”, “palizas” sean con las manos o algún objeto; “azotes, vara, cinturón, zapato, cuchara de madera, entre otras”. Considera a todo castigo corporal como denigrante.

El Comité rechaza toda violencia y humillación como formas de castigo para los niños, sin embargo el numeral 14 reconoce que en la crianza y el cuidado de los niños son necesarias acciones e intervenciones físicas con el fin de protegerlos; se refiere a una restricción razonable para controlarlos, siempre con el principio de uso mínimo de la fuerza y en el menor tiempo posible.

Como observamos, el castigo físico produce reacciones en los niños y niñas, por ejemplo evita que desarrollen su creatividad, los vuelve miedosos e inseguros; no fomenta la autonomía, pero sobre todo los niños y niñas aprenden a resolver conflictos con las actitudes violentas, lo que a la larga va dificultando el desarrollo de una sociedad democrática.

Sabemos que educar es importante y más con el compromiso de ayudar a los NNA a ser ciudadanos responsables y comprometidos con su sociedad; y la solución es educar a través de normas. Según la Guía “Educa, no Pegues” de Save the Children España, por medio de las normas y los límites los hijos se pueden destacar:

“1. Descubrir a los hijos, compartir su tiempo y respetar su modo de ser lo máximo posible. Valorarlos de forma positiva, pero sin idealizarlos.

  1. No dar por hecho nunca el cariño, sino cultivarlo y demostrarlo cada día
  2. Fomentar el tiempo compartido con los hijos.
  3. Los padres son el primer modelo y ejemplo para sus hijos. Cuanto más positivos sean los modelos, más adecuado será el aprendizaje. Pero no se puede enseñar a un niño lo que no se practica a nivel personal.
  4. Fomentar la participación activa de los hijos en la familia: la familia es un todo en el que cada persona depende de las demás, y por tanto, las decisiones han de ser adoptadas de forma colectiva.
  5. Establecer con el niño o niña unos límites claros, coherentes y consistentes en función de su capacidad para asumir responsabilidades. Los límites han de ser pocos, pero firmes, claramente formulados, coherentes entre sí y entre todos los miembros de la familia, y consistentes a lo largo del tiempo.
  6. Proporcionar al niño un medio físico seguro para su desarrollo: cuanto más seguro sea el entorno en que se desenvuelva, más fácil será fomentar su iniciativa y habrá menos límites que imponerle.
  7. Proporcionar un ambiente rico en posibilidades de todo tipo.
  8. Integrarse en la comunidad en la que viven, como miembros activos de la misma.
  9. Afrontar las situaciones difíciles y buscar ayuda cuando sea necesaria.”

Todo lo anterior son consejos, que si bien no tienen un contenido eminentemente jurídico, pues la norma legal no establece la forma de cómo educar, ni los límites de la misma; otras ramas como la psicología nos permite determinar una forma democrática de hacerlo y siempre en beneficio de los niños y niñas.

Y esta forma, que si bien no es la única, sí es una recomendación para darle cumplimiento al artículo 19 CDN ya que los Estados protegen los niños y niñas de cualquier forma de violencia. Aunque recordemos son los padres y madres o cuidadores en su caso quienes tienen la responsabilidad inicial del derecho-deber de corrección.

Referencias

Herrera, Marisa. “Vigilar y Castigar: El Poder de Castigar de los Padres”. Revista Jurídica de la Universidad de Palermo. Págs. 63-85

Si quieres citar este artículo, hazlo así:

ZELEDÓN, MARCELA. “¿DERECHO O DEBER DE CORRECCIÓN DE LOS PROGENITORES?. FINAL” Publicado en la Revista Jurídica Digital “Enfoque Jurídico” el 28 de agosto de 2015. http://www.enfoquejuridico.info/wp/archivos/3687.