JOCELYN VITERNA
JOCELYN VITERNA
JOCELYN VITERNA
JOCELYN VITERNA

El sol se va escondiendo, mientras poco a poco se ven las luces de la ciudad encendiéndose a lo lejos, el viento sopla en la terraza, mientras Jocelyn Viterna, una mujer vivaz, entusiasta y agradable, en una larga conversación con Enfoque Jurídico, revive sus experiencias en El Salvador durante todos los años que ha dedicado a la investigación de diversos fenómenos sociológicos.

La Doctora Viterna es Profesora Asociada de Sociología y Co-Directora de la Iniciativa de Estudios Transnacionales en la Universidad de Harvard, Licenciada en Estudios Latinoamericanos y Sociología por la Universidad de Kansas, con una Maestría y un Doctorado en Sociología por la Universidad de Indiana-Bloomington, escritora del libro “Mujeres en Guerra: los Micro-procesos de movilización en El Salvador”, galardonado con los premios “Libro Distinguido 2014” de la secciones de la ASA, sobre sexo y género y sobre Política y Sociología y obtuvo mención de honor en la categoría “Libro Distinguido 2014” en la sección de la ASA sobre Sociologia del Desarrollo.

Mientras ella nos cuenta sobre sus vivencias, el tiempo pasa sin darnos cuenta, pues toca diversos temas como su vocación, sus publicaciones, violencia de género y otras historias, con tal sencillez y cordialidad que pareciera una conversación con una vieja amiga, por eso empezamos por abordar el tema de su vocación.

Enfoque Jurídico (EJ): ¿Cómo es que una persona como usted, que ha vivido y crecido fuera de nuestras fronteras, se interesa en los estudios latinoamericanos y específicamente en El Salvador?

Jocelyn Viterna (JV): Soy una persona que creció en el campo, crecí en un pueblecito de 700 personas, en el estado de Nebraska; pero cuando tenía como trece años, mi familia se trasladó a otro lugar, a una ciudad como de 40 mil personas, eso fue para mí algo muy grande, ¡Hasta me sorprendió ver semáforos!… (Sonríe).

Empecé en ese momento a estudiar, pues en mi pueblecito no tenía opción de tomar clases diversas, sólo matemáticas y lectura; pero en esta nueva ciudad había más opciones y elegí estudiar el español, para entonces estaba en la secundaria y a mi maestra le gustaba hablar de los eventos que estaban sucediendo en países que hablan español y como en la década de los 80´s habían muchas noticias de El Salvador, fue donde empecé a darme cuenta de lo que sucedía en el país.

Luego, cuando entré a la universidad no sabía qué estudiar, empecé negocios, después estudié más español, posteriormente fui a trabajar con sordos; pero al final me quedé con Sociología, siempre con un interés en América Latina.

Casi  en la  última semana de la Universidad, un profesor me dijo “¿qué quieres ser? eres muy buena en sociología”, yo le contesté: “a mí me encanta sociología, leer, escribir, pensar cosas sociológicas, pero ¿qué más puedo hacer que estudiar Derecho?”, él respondió “puedes estudiar Sociología”, como yo soy de un pequeño pueblo, no sabía que había un posgrado en Sociología, pero fue más que nada mi interés por América Latina lo que me llevó a ella.

Luego, cuando salí de la universidad, en el estado de Kansas, una maestra me dijo: “Jocelyn soy parte de un grupo de paz  y justicia, hemos decidido que vamos a adoptar una ciudad hermana en El Salvador, como usted anda interesada en El Salvador, ¿por qué no va y conoce?” eso fue en el 95´ y ese grupo de solidaridad me pagó el tiquete para El Salvador.

Yo nunca había salido de los Estados Unidos antes, sólo pasamos por San Salvador, y nos dirigimos directamente a un pueblecito cerca de Suchitoto, en ese momento no había agua ni luz, dormimos en una hamaca cerca de la escuela y cuando llegué me cayó súper bien la gente de El Salvador, siempre despertándose a las cuatro de la mañana a trabajar, siempre amables, siempre con tiempo para compartir y aprendí mucho de la visita.

Después de esto leí muchos libros de El Salvador y siempre me chocó que todos esos libros hablaban de cómo las mujeres de la guerra salieron como lideresas, con conocimientos feministas y que en la guerra tuvieron un cambio de  identidad.

Al leer los libros aunque estaban como anónimas las entrevistas, era posible identificar: “ésta es una entrevista con Lorena Peña, ésta es una entrevista con Nidia Díaz” y me di cuenta que estaban contando historias verdaderas de mujeres muy importantes, pero la mayoría de las mujeres como las que había conocido en el pueblito cercano a Suchitoto, no estaban siendo publicadas.

Poco a poco las cosas se fueron desarrollando y con el tiempo, decidí el tema que iba a estudiar para mi maestría y estudié sobre las mujeres en la guerra en El Salvador, pero no sobre las lideresas, sino la gente regular, los hombres, las mujeres, los campesinos.

Pedí una beca, me salió para unos años y pasé en siete comunidades diferentes haciendo entrevistas con todo el mundo, con hombres, con mujeres, con monjas, al final hice como 230 entrevistas, de esto salió mi tesis de Doctorado y un libro.

EJ: Usted tiene una diversidad de publicaciones, pero parecen tener una característica en común y es que el tema de género resalta como un aspecto relevante, entonces ¿Considera usted que el tema de género tiene un lugar preponderante en los procesos sociales?

JV: La familia es la base de la sociedad, pero más que eso, pues hay muchas divisiones entre las personas: entre sus raíces, sus etnias, clases sociales, etcétera; pero el género es el único, como división social, donde se deben experimentar cambios cada día desde nuestras casas, escuelas, trabajos y en todo lo que hacemos.

Creo que en las interacciones entre hombres y mujeres vamos creando las diferencias entre varias personas; por ejemplo si alguien en mi trabajo me dice que le lleve una taza de café, puedo sentirme enojada, puedo pensar que él no me debe pedir eso, pero al mismo tiempo reconozco que él tiene poder sobre mí y no quiero perder mi trabajo, no quiero causar problemas, o no quiero que todos piensen que soy una “feminista loca” (sonríe), entonces es probable que vaya a buscar el café. Pero en estos momentos vamos creando las diferencias, que han dejado a las mujeres muy discriminadas en la vida, no sólo en sus casas, sino también en el trabajo y otros ámbitos, especialmente en la política y como hemos visto en El Salvador en las cortes, en los hospitales con el tipo de tratamiento que reciben, en las leyes, que es una de las bases fundamentales con las cuales organizamos la sociedad.

Por eso el género es una de las divisiones sociales más difíciles de cambiar.

Volviendo un poco sobre lo que platicábamos, usted mencionó que de las 230 entrevistas que realizó en su investigación, tuvo como resultado un libro; se trata de “Women in War: The Micro-processes of Mobilization in El Salvador” (Mujeres en la Guerra: Los micro-procesos de movilización en El Salvador), pero ¿cuál fue la metodología que utilizó en esta investigación, a quiénes entrevistó?

Tuve la suerte que gané una beca para llegar a El Salvador e intentar hacer un estudio sobre mujeres, pero en ningún momento me pidieron que de ello hiciera una publicación; fue una cosa muy buena, porque pasé un año aquí y cuando empecé en la comunidad hablaba con cualquier persona, pero cuando ya estaba investigando por qué algunas mujeres fueron a la guerra y otras no, se decía que todas las mujeres viejas habían ido a los refugios y todas las mujeres jóvenes a los campamentos de la guerrilla, yo sabía que eso no era verdad, porque había hablado desde antes con las personas de la comunidad.

Me di cuenta que iba a ser necesario encontrar una muestra representativa de personas que sí anduvieron en la guerra, busqué las zonas del país más conflictivas, encontré un mapa de la guerra en el que se reflejaba dónde tenían todas sus bases el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en todo el proceso conflictivo, etc., entonces escogí siete comunidades diferentes que representaban historias distintas de la población, algunas comunidades cerca de la costa, otras cerca de los cafetales, otras de Morazán y así busqué diferentes líneas del Frente, otras del FPL…

Cuando entré en la primera comunidad pensé en hacer un censo, contraté a cinco  jóvenes que sabían leer y escribir y fueron conmigo de puerta en puerta,  preguntando cuántas personas vivían en la casa y dónde pasaron en la época de la guerra, si en un refugio, en un campamento de la guerrilla o en la comunidad, entonces de esto yo podía obtener datos de todas las mujeres que anduvieron en la guerra y de aquellas que no. Además hice una lista de las personas más jóvenes y más viejas.

Para elegir a quiénes incluir en el estudio cerré mis ojos y señalé a quiénes entrevistaría, como si fuera la lotería, después busqué una mujer que no anduvo en la guerra, para controlar la edad y el género.

En todo el trabajo solo una persona me dijo que no me iba a dar su entrevista, pues algo que me cayó súper bien de los salvadoreños, es que había mucha gente que no había salido en la lotería para tener una entrevista con la “gringuita”, pero me buscaban y decían: “yo tengo mucho que contar” entonces hice otras entrevistas con personas que estaban alejadas del estudio objetivo, pero que me ayudaron muchísimo.


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Nuestro país estuvo inmerso en una guerra durante doce años, en la que se movilizaron tanto hombres como mujeres, de hecho alrededor del treinta por ciento de las personas que se integraron en la guerrilla eran mujeres, asumiendo así un rol tradicionalmente masculino y la Doctora Viterna en su investigación refleja cómo era la participación de estas mujeres dentro en las filas combatientes.

EJ: ¿Pudo notar si el género determinó de alguna manera los roles que se iban a jugar dentro de la guerrilla?

JV: Una cosa interesante para mí, fue que la línea oficial del Frente era que estaban bastante comprometidos con la equidad de género, pero hubo personas que tuvieron que convencer a la gente de las comunidades de formar parte del Frente y quizá en la directiva determinaron que las mujeres también podían integrarse y participar.

Pero algo que me sorprendió, es que estas personas encargadas de convencer a las demás, como tuvieron un pasado muy arraigado en los esquemas de género tradicionales, utilizaron una narrativa de convencimiento muy fuerte: decían que los soldados son enemigos porque ellos iban a violar a las mujeres, iban a sacar los embriones de las mamás embarazadas, y ésa fue la imagen que construyeron, entonces les decían: “ustedes mujeres jóvenes, si quieren proteger su sexualidad, necesitan unirse al Frente, porque nosotros respetamos a las mujeres”.

También les decían que no había un lugar donde la mujer pudiera estar más que en el Frente, ya que si se  quedaban en casa, los soldados salvadoreños iban a violarlas, si se iban al refugio serían los soldados hondureños quienes iban a violarlas, entonces el único lugar para una “buena joven” que quería proteger su sexualidad, era andar en la guerra con el Frente, ya que ahí iban a ser respetadas.

Sin embargo, según mi estudio, las mujeres que se integraban a la guerrilla, muy pronto se acompañaban con un hombre del campamento y de hecho las mujeres que sí fueron al refugio se acompañaron mucho más tarde que las mujeres que anduvieron en la guerra; esa fue una historia muy fuerte por el hecho de basar la participación, en ideas prácticas de que las mujeres necesitan la protección del hombre y que los hombres son los que deciden por ellas y no había intento de romper esa condición.

EJ: Eso fue en el momento de integrarse a la guerrilla, pero ¿Qué sucedió luego de la guerra?, ¿notó alguna diferencia entre las condiciones de las mujeres que estuvieron combatiendo y aquellas que no?

JV: Me costó mucho determinar eso, yo tenía todas las entrevistas de las mujeres que anduvieron en la guerra, de las mujeres que se fueron a vivir en el refugio y había otro grupo de mujeres que eran las colaboradoras que vivían en las comunidades, resultó muy raro desde un  primer momento que no habían mejoras de oportunidades para las mujeres guerrilleras y para las mujeres colaboradoras que aquellas que estuvieron en el refugio.

De hecho las mujeres que estuvieron en el refugio, resultaron con más educación, pero no podía afirmar que la guerra había sido mala para las mujeres guerrilleras, ya que había algunas de ellas que habían logrado cosas increíbles.

Por ejemplo tuve una entrevista de ocho horas con una de estas mujeres, ella vivía por el bajo Lempa, era la directora de una organización feminista y estaba luchando en su comunidad para que no se realizara un evento de belleza por las fiestas patronales, fue lucha de una, nadie más la acompañaba, ni su propia hija; en cada reunión ella estaba diciendo que quería reivindicar los derechos de las mujeres, que un evento como ése cosifica a la mujer, decía que se deberían de dar premios a las mujeres por sus logros en la escuela o por logros intelectuales y no por lucir una carita pintada a la edad de trece años. Ella aprendió a ser feminista y a ser activista porque anduvo en la guerra.

Entonces, busqué otro patrón y pensé que quizá las mujeres que tuvieron más entrenamiento en la guerra, tendrían mejores oportunidades, por ejemplo quienes tuvieron entrenamiento en medicina iban a tener un mejor trabajo, y así fue de alguna manera, pues algunas de ellas salieron a ser promotoras de salud y otras nunca pudieron usar su entrenamiento, eso era triste.

Al final  en la investigación resultó que las mujeres que andaban más cerca de personas con poder, al terminar la guerra, recibieron las mejores oportunidades.

Digo esto porque al finalizar el conflicto armado, habían oportunidades, porque las onegés estaban dando trabajo y solicitaban a los comandantes que les recomendaran personas, pero los comandantes conocían mejor a los que trabajaban con ellos que a los que anduvieron en el frente de batalla, entonces estas últimas tuvieron menos oportunidades que las que estuvieron cerca de los comandantes.

Eso explicó también lo que sucedió en los refugios, las mujeres del refugio conocieron mejor a las personas de las oenegés; una mujer con quien hablé, estaba en el refugio cuando conoció a alguien de la ONU, y como desarrollaron un proyecto para registrar a las personas después de la guerra, ella fue contratada. De modo que la parte crítica fue estar vinculada a alguien con oportunidades. 


La realidad salvadoreña y los procesos sociológicos estudiados por Viterna, no se reducen a los eventos suscitados durante la guerra, sino también, su interés y apego por nuestro país es notorio en sus publicaciones sobre historia más reciente, tales como “La  Izquierda y ´Vida´, la Política de Aborto en El Salvador” y “Análisis Independiente de la Discriminación Sistemática de Género en el Proceso Judicial de El Salvador Contra las 17 Mujeres”.

De hecho en la primera de las publicaciones mencionadas, cita el caso en el que durante la administración del Presidente Funes, luego de motivar muchas expectativas, se nombró a una persona considerada como feminista al frente de ISDEMU, Julia Evelyn Martínez, quien luego de firmar un documento internacional en que se respaldaba la despenalización del aborto, fue cesada de su cargo, lo que al parecer denota que en nuestra sociedad, es políticamente incorrecto apoyar iniciativas como esta.

EJ: En ese sentido ¿Qué opinión le merece esta connotación social y qué relación tiene ello con la política de género, que con un gobierno de izquierda se tuvo la expectativa de un cambio?

JV: El artículo “Izquierda y ´Vida´, Política de Aborto en El Salvador”, lo basé en mi perspectiva personal, de cómo veo las cosas que han pasado en la política en países como El Salvador y Nicaragua, donde los partidos de izquierda tienen una historia revolucionaria, socialista, de alianza con países como Cuba y con la Unión Soviética, y que pasaron de ser guerrilla a ser partidos políticos compitiendo en elecciones democráticas; pero en los dos casos, los partidos de la derecha han señalado que los partidos de la izquierda son revolucionarios, piden que no voten por ellos, porque no saben cómo hacer política, sólo saben cómo hacer la guerra y que si votan por ellos, van a llevar a niños y mujeres a la guerra y además que forzarán a las mujeres a tener abortos, entre otras cosas.

De hecho, el Frente sí tenía una historia en la revolución y por ello les fue difícil ganar sobre esta historia, pues por un lado sí son un partido revolucionario, pero por otro lado dicen “no somos tan revolucionarios, sí podemos ser políticos”, entonces vino Mauricio Funes e inventó una estrategia política que funcionó muy bien, y es la de cambiar la idea de la “revolución social” a la de “justicia social”.

Este cambio de discurso político permitía mantener muchos lineamientos tradicionales del Frente como por ejemplo: “Vamos a apoyar  a los pobres, vamos a valorar la educación…”, todo eso es cosa de revolución, pero más que eso, es de justicia social, al final esta última, tiene una tradición de arraigo fuerte con la iglesia.

Hace poco aprendí que en Nicaragua, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) hizo un pacto, este pacto fue entre el presidente Daniel Ortega, la derecha y la iglesia, pero parte de él era que, desde el poder, iban a apoyar leyes anti aborto; lo que sucedió es que después de las últimas elecciones la iglesia empezó a decir que había fraude y que la izquierda estaba involucrada, en respuesta a ello, la izquierda empezó a decir, “vamos a tener una reforma constitucional para liberalizar el aborto”, hasta llamaron a los grupos feministas, inmediatamente la iglesia calló sobre los señalamientos de fraude y cuando calló  la iglesia, el FSLN también dejó a un lado el tema de aborto.

EJ: Con respecto a la segunda de las publicaciones, sobre los casos de las 17 mujeres, ¿cuáles hallazgos le parecieron a usted más reveladores en su investigación como para concluir que existe una discriminación sistemática de género en el sistema judicial de El Salvador?

JV: Primero quiero aclarar que no soy una activista, que cuando empecé a escuchar del tema, no pensé que iba a creer que estas mujeres tuvieron una emergencia obstétrica porque yo no lucho ni por la izquierda, ni por la derecha, yo soy una académica.

Pedí que me enseñaran todos los documentos legales y pedí los permisos firmados de las mujeres, así se inició el estudio con mi colega Santos Guardado, pasamos por los reportes de la Policía, por los documentos de entrada al hospital, por los expedientes médicos, por todos los testimonios, por datos de la Fiscalía y Jueces; en cada caso de las 17 había entre 500 a 700 páginas, pasamos unos meses casi a tiempo completo en ello y una cosa que me chocó fuertemente fue la falta de la presunción de inocencia en cada caso.

Por ejemplo en el caso de Mirna, lo que pasó es que ya tenía más de 15 años de intentar sin éxito con su esposo tener un bebé; una vez lo hizo, pero tuvo un aborto  espontáneo; luego otra vez se embarazó, el niño nació muy temprano y murió días después en el hospital; por tercera vez se embarazó y estaba ansiosa, pero a  los seis meses de embarazo, tuvo ganas de ir al baño, de repente salió el bebé, hay explicaciones médicas que apoyan estas historias de las mujeres, como por ejemplo que hay una condición llamada “incompetencia cervical”, cuando los bebés caen sin ningún dolor y no hay nada que la mujer pueda hacer.

Cuando cayó el bebé, Mirna buscó a su familia; la mamá de Mirna mandó a su hermana a buscar auxilio, y fue en busca de vecinos para sacar a la bebé de la letrina, la bebé salió con vida (ella ya tiene trece años y está feliz con su familia), en ese momento una vecina comenzó a decir cosas sin sentido a la Policía, que Mirna había tirado a la niña la letrina porque su esposo era estéril y que ella no quería que su esposo se diera cuenta que estaba embarazada, que le había visto los pechos negros y que esa era señal de que había tenido un parto recientemente, como si Mirna hubiese estado desnuda frente a ella, la vecina dijo una historia donde ella sale como una heroína, que quiso salvar a la bebé y que ella buscó la ayuda, cuando todos los demás testigos coinciden en que fue la hermana de Mirna quien buscó ayuda.

El testimonio de la vecina era contrario a todo lo que habían dicho los demás testigos, ella lo modificó todo, lo sorprendente es que la Policía estuvo lista ante ese testimonio, listos para decir que Mirna había cometido un crimen, en lugar de ayudarla a que obtuviera ayuda médica.

En el caso de Carmen Guadalupe, llegó al hospital después de 30 horas de sangrar, la patrona (porque ella trabajaba como doméstica) dijo en su testimonio que ella tuvo que llenar un formulario en el hospital, porque Carmen estaba perdiendo y recuperando la conciencia, no podía mantenerse despierta, en este momento los doctores no estaban anotando la estimación de cuánta sangre había perdido, no había ninguna evaluación del útero… Pero si dijeron que ella estaba mintiendo.

De hecho, uno de los médicos de los que consulté, me dijo que ella estaba en un shock hipovolémico, posiblemente estaba hablando cosas sin sentido, porque no tenía conocimiento de lo que estaba diciendo. Los doctores en general tomaron sus declaraciones como que ella estaba mintiendo, por lo que tendría que ser acusada. Yo estoy segura que los doctores atienden de lo mejor posible a los pacientes, pero en este caso ellos estaban más interesados en señalarla que en darle auxilio.

Lo mismo con la Fiscalía, donde habían  testigos que apoyaron el testimonio de la mujer y el Juez no les daba credibilidad, aunque la madre estaba apoyándola, él dijo que no se podía admitir su testimonio, porque ella tenía ese vínculo cercano y podía mentir para defender a su hija, pero sí se tomaron los testimonios sin sentido de otras personas.

En el caso de María Teresa, se obviaron testimonios que la defendían, pero se les dio importancia a los testimonios que la acusaban: si ella ya había dicho a su jefa en enero que estaba embarazada, hasta el momento que ocurrió el hecho, habrían transcurrido once meses, ¡ella habría tenido once meses de embarazo!. Vemos en estos casos la falta de presunción de inocencia.

Otra cosa que me chocó fuertemente es que las madres tienen que ser las súper heroínas, los Jueces dicen que las madres no tienen que matar a sus hijos, pero por el sólo hecho de que había un parto y el bebé murió después se les acusaba a las madres, sólo por el hecho de que la mujer no buscó auxilio rápidamente, por eso es culpable y por eso les dan 30 años de prisión.

La madre es responsable de todo y si este niño no logra llegar desde la concepción hasta una saludable entrada en el mundo, la madre es culpable y para mí, esto es una presunción de culpabilidad por el hecho de ser madre y eso es una discriminación fuerte.


En la realidad salvadoreña, según sus investigaciones, la Doctora Viterna determina que existe discriminación hacia las mujeres en razón del género dentro de los procesos judiciales, pero queremos saber cuál es su parecer respecto de otras acciones, encaminadas a la protección de este grupo puesto en situación de vulnerabilidad, así tenemos un proyecto emblemático que incluso ha sido replicado en otros países, se trata de “Ciudad Mujer”.

EJ: ¿Cuál es su opinión respecto a este proyecto, ha visto usted un cambio en la atención hacia las mujeres?

JV: Estoy feliz que las mujeres tengan un lugar donde ir para encontrar la ayuda  que necesitan, el tratamiento médico, ayuda legal; pero si fuera yo el gobierno de este país, con millones de dólares para invertir en algo, lo que hiciera es un albergue que defienda a las mujeres que son golpeadas por la violencia intrafamiliar, que son violentadas en el tema de control de su propio cuerpo, que es uno de los problemas fundamentales en el país, que tiene que ver con las violaciones de las niñas, tiene que ver con los embarazos no esperados.

Está bien que una mujer que vive con miedo a la violencia por parte de su compañero, pueda ir a Ciudad Mujer para conocer sus derechos o por ayuda legal,  eso es bueno, pero al final del día tienen que regresar a su casa.

En este país hay una gran falta de camas, es decir una mujer llega a una delegación y dice “mi marido me quiere matar, necesito un lugar seguro para quedarme” y ¡tienen una sola cama, y la mujer puede quedarse ahí una sola noche!.

Lo que tienen otros países es que apoyan a las mujeres en albergues donde pueden ir por un tiempo, el tiempo necesario para buscar dónde ir después, o dónde buscar un trabajo, cómo puede conseguir todos los documentos que dejó en la casa mientras estaba huyendo de algo violento y de hecho yo creo que este tipo de apoyo ayuda a la mujer a  salir de malas  condiciones, pero esto aún no lo tiene el país.

EJ: Con respecto al sistema judicial, hace un tiempo se conoció el caso de una mujer que había sido amarrada con alambre de púas por su compañero de vida, ella logró escapar, fue a un juzgado en Chalatenango a poner la denuncia y cuando llegó al tribunal, no la atendieron porque faltaban diez minutos para finalizar la jornada, ella se regresó a su casa y el siguiente día amaneció muerta a machetazos, asesinada por su pareja ¿Considera usted que casos como estos ocurren con mayor frecuencia en El Salvador, con respecto al resto de Latinoamérica, cuál es la lectura que usted tiene de ello?

JV: No puedo hablar con autoridad de una comparación entre El Salvador y otros países, pero al menos sabemos que los feminicidios en El Salvador están en uno de los niveles más altos en todo el mundo.

Pero respecto al área judicial, yo estaba hablando con una abogada y amiga de ORMUSA, se llama Silvia Barrios, estuvimos analizando la idea de que si una mujer está esperando un autobús y un hombre cualquiera le pega, lo puede denunciar por el delito de asalto, pero si la Policía sabe que este hombre que le pegó fue el compañero de vida, esto cambia a la legislación Familiar y en esta área las penalidades que se dan son muy bajas. Entonces la relación del hombre y la mujer, hace que se minimice la pena, a los ojos  del sistema judicial.

Cambiamos al caso de las 17, están diciendo que las mujeres mataron a sus hijos recién nacidos, lo cual no es verdad, aunque digamos que había un homicidio, una relación entre la mamá y el hijo agrava la pena.

Podemos leer la discriminación aquí, que es respecto a la relación entre hombre y mujer, si es para el hombre se baja la pena por su relación con la mujer, pero para la mujer se incrementa.

En los Estados Unidos, recibo llamadas del sistema de inmigración diciendo que tienen una mujer que está pidiendo asilo, porque afirma que si regresa a El Salvador, su compañero de vida va a matarla o que el hombre de su comunidad que ha cometido varias violaciones va a matarla y me piden una respuesta de cómo es la situación en El Salvador, me piden opinión sobre si sus testimonios están basados en hechos.

Por eso decidí que debía tener claridad en lo que estaba pasando,  hice entrevistas con la Policía, con las diferentes organizaciones, con la Fiscalía y otras mujeres y la Policía me dice que si una mujer llega temiendo por su vida, lo que se puede hacer es pedir medidas de protección, como que el hombre no se le acerque a menos de 30 metros, cuando les pregunté ¿pero cómo saben si la están cumpliendo? Ellos dicen vamos cada quince días a la casa de la mujer a preguntar si se está cumpliendo y yo digo: ¡¿cada quince días?!, ¡Casi nunca!, Eso me sorprendió.

Echamos culpas a la mujer, que no puede salir de una relación, de un casamiento, porque tienen que sacar a los niños adelante y no damos nada para apoyarlas,  ni  un albergue, ni una asistencia social para cambiar su situación.

Otra cosa muy importante para todas las sociedades no sólo para la de El  Salvador, es que tenemos que  cambiar nuestra idea de la familia: la Constitución establece que la Familia es la base de la sociedad, estoy de acuerdo, pero ¿en una familia tiene que haber padre, madre e hijos?, ¿aunque una mujer esté viviendo una situación de violencia?, ¡es una locura!, ya tenemos un montón de estudios sociológicos que dicen que todos los tipos de familia apoyan a los niños, no tiene que ver el hecho de que sean padres homosexuales, lo que necesita es una familia que ama, que cuida, eso es lo fundamental de lo que significa ser una familia, yo creo que muchos de los problemas que tenemos son porque la mujer tiene que aguantar cualquier cosa por sus hijos.

Es bueno apoyar a las mujeres a conocer sus derechos, tener los abogados y apoyos de Ciudad Mujer, pero también se les debe dar apoyos para salir de una situación de violencia.

La noche cae sobre San Salvador y Jocelyn Viterna, se marcha con rumbo hacia otra travesía, camina con paso firme y decidido, a cada paso, no sólo deja recuerdos, deja huellas…