CRÓNICA DEL CAMBIO DE NOMBRE

En las publicaciones anteriores se han establecido conceptos sobre “la identidad”, con la finalidad de concluir que es un derecho humano, que nos pertenece desde el instante mismo de la concepción.

Según la Autora Marisa Herrera, se vuelve fácil comprender la intersección entra la adopción y el derecho a la identidad.

La adopción es (Art. 165 Código de Familia): “Una institución de protección familiar y social especialmente establecida en interés superior del menor para dotarlo de una familia que asegure su bienestar y desarrollo integral”. Por lo que entre la idea de ser “uno mismo” y el campo de la adopción, se plantea la interacción entre la identidad biológica y la dinámica; es decir, entre la familia de origen y la familia adoptiva.

Y es que la clave es que la institución de la adopción, ha sufrido cambios importantes, ya no es la concepción del “derecho a ser padre” (y un deber del Estado de proveerlos de hijos), caso contrario y según lo establecido en el Art. 3 de la Constitución sobre los derechos del niño, es el derecho de todo niño, niña o adolescente a vivir en una familia.

Ya la Ley de Protección Integral de la Niñez y Adolescencia, en su artículo 78 regula ese derecho a tener una familia y ser criado por ésta, pero a raíz de diversas circunstancias en la vida de cada niño y siempre con el esfuerzo por parte del Estado de garantizar el interés superior del niño, la adopción se convierte en el medio para garantizarle al niño, niña o adolescente su derecho a vivir y desarrollarse en una familia.

La adopción coloca al niño en ciertas dificultades respecto de su derecho a la identidad; algunos conflictos que rodean a la adopción a la luz del derecho a la identidad son:

  1. El derecho a conocer los orígenes del adoptado.
  2. El derecho a vivir y/o permanecer en la familia de origen, es decir preservar los vínculos familiares como elemento del derecho a la identidad.
  3. El consentimiento informado de los progenitores, sobre la entrega de sus hijos.
  4. La identidad de los niños y adolescentes institucionalizados.
  5. El nombre del adoptado, tanto con respecto al nombre propio como al apellido; es decir las modificaciones que sufre por la adopción.
Análisis de caso.

María, es una niña de seis años, por circunstancias de la vida, desde la edad de tres meses se encuentra institucionalizada. Sus Padres fallecieron y ningún familiar aceptó hacer el papel de padres para ella. En la institución María es querida por todos, conoce a la perfección su historia, su nombre es “María Estela Hernández Flores, tiene seis años y nació en Ahuachapán, sus padres están en el cielo; su papito era Pedro y su mamita se llamaba María al igual que ella.Ahora su familia es Marta, su cuidadora del Hogar y Alicia, su maestra de preparatoria”.

Su proceso de adopción ha avanzado y sus nuevos padres son Alemanes, Albrecht y Dörte Hahn, pronunciar sus nombres y apellidos resultan difíciles para ella. La pareja no pudo procrear hijos y en casa esperan con mucho amor a la pequeña Cora Hahn; efectivamente en la diligencia de adopción solicitaron el cambio de nombre para que María Estela se adapte mas fácil a las costumbres alemanas.

En el caso anterior, el nombre es “la designación exclusiva que corresponde a cada persona, cumpliendo esencialmente con la función de identificación en relación con los demás”. Es considerado uno de los atributos de la personalidad, y por tanto reúne sus caracteres, es decir que es: necesario, vitalicio, único, inmutable, inalienable, e imprescriptible.

El nombre está formado por dos componentes: el nombre de “pila”, que individualiza a una persona en relación con los demás miembros de la familia; y el apellido que indica la procedencia familiar. Es de hacer ver, que el nombre involucra tanto aspectos dinámicos como estáticos de la identidad de una persona, conceptos expuestos anteriormente.

En primer lugar, es de hacer ver que la filiación adoptiva se contempla en el artículo 165 del Código de Familia y siguientes, en los cuales no existe regulación respecto del nombre del adoptado ni menos modificaciones al mismo. La Ley del Nombre de la Persona Natural es la legislación especial para regular el nombre de la persona; en ella se regula la formación del nombre propio y del apellido. Respecto del nombre propio del adoptado no se hace ninguna mención, únicamente en el Art. 19 se permite al adoptado hacer uso de los apellidos de su adoptante.

Pero a pesar de eso, encontramos en la práctica cada vez mas frecuente el cambio de nombres propios de los niños adoptados con la sola petición de los adoptantes, sin hacer estudios psicológicos a quien se le está modificando parte de su identidad.

En algunos fallos se establece, que es procedente la modificación del nombre, en vista “que la personalidad no se encuentra formada”.

En el Libro de “El derecho a la identidad en la adopción”, Marisa Herrera, manifiesta que esa afirmación no es legal y además involucra otra disciplina, como es la psicología, ya que es la encargada de indagar cuales son los efectos que produce el cambio de nombre en la psiquis de los niños “adoptados”.

El tema se vuelve, cada vez más amplio, empecé por establecer que legalmente no hay norma que lo permita pero tampoco que lo prohíba; mientras que los argumentos mas utilizados son que “los niños no tienen formada su personalidad”, o que “es más difícil su integración en el nuevo país”.

Y me gustaría terminar con el desarrollo infantil, aclarando que la percepción es errónea, la primera infancia que es hasta los seis años de vida, involucra en los niños y niñas un complejo proceso que incluye:

  1. Dimensión física: que es la habilidad de moverse y coordinar;
  2. Dimensión intelectual: la habilidad de pensar y razonar;
  3. Dimensión social: la habilidad de relacionarse con los otros y confianza en si mismo;
  4. Dimensión emocional: habilidad para experimentar emociones; es decir que ya existe en el niño aspectos esenciales de su personalidad, ya existe una imagen en el niño “de si mismo” y de cómo lo ven.

Por lo que el “nombre” constituye un tema trascendental en la identidad humana, pues es lo primero que se dice del niño, la primera identificación personal y social que se le da.

Por tanto, el cambio de nombre propio de un niño adoptado, sin un estudio psicológico, es una vulneración a su derecho humano de identidad, que realiza el propio Juzgador y los adoptantes; esta situación debe ser regulada.

Si quieres citar este artículo, hazlo así:

ZELEDÓN, MARCELA. “EL DERECHO HUMANO A LA IDENTIDAD Y SU RELACIÓN CON LA NIÑEZ. IDENTIDAD Y ADOPCIÓN” Publicado en la Revista Jurídica Digital “Enfoque Jurídico” el 28 de mayo de 2015. http://www.enfoquejuridico.info/wp/archivos/2921