A pocos días de la Beatificación de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, es notoria la alegría de los feligreses católicos, alegría que aumenta al tener datos de los avances en la logística o conocimiento previo de lo que se espera, pero también es una escena muy criticada por personas quienes ven a Monseñor más allá del personaje que acapara la atención mundial, más allá de estar a la espera que Monseñor sea un  próximo santo.

En el ambiente de opinión, hay un nombre que hoy más que nunca sobresale y es Monseñor Romero, al mencionarlo, rápidamente viene a la memoria la imagen del hombre salvadoreño que pronunció en repetidas ocasiones homilías con un mensaje profundo, del hombre dedicado a su labor por vocación, del que murió por la verdad, por odio a la fe, lo cual hoy se describe en el eslogan: “Mártir por amor a los pobres”.

“Lo que Monseñor Romero hizo es el verdadero acto que debería tener un cristiano, lo mataron por odio a la fe e independientemente a la religión que uno pertenezca, tenemos que reconocer que era un cristiano verdadero y se asemeja a la muerte de Jesús”,  opinó el estudiante universitario, Max Martínez.

En la medida que ha transcurrido el tiempo, Monseñor también ha sido un hombre de calificativos, entre ellos como el de un hombre que participaba en la política, o se le tachaba de apoyar tendencias ideológicas, tal como lo expresa el señor Jorge Flores, “Monseñor denunció tanta injusticia que sumó seguidores, gente humilde, pero sumó también sus enemigos, enemigos contrarios a su ideología de ayudar a los pobres… El acto de beatificación, es un acto para reflexionar, no para tomar el nombre de Monseñor y ponerlo como referente ante cualquier intención alejada del bien por los que lo necesitan”.

Dicho mote de hombre de política, añade el señor Flores, se trae a la realidad cuando su nombre como tal es utilizado por partidos políticos, en lo que este feligrés, expresa estar en desacuerdo “El nombre de monseñor Romero, no debe ser utilizado como bandera política, Monseñor es más que eso, su ideología no era ganancia económica, sino servicio a los más necesitados”.

Por otra parte, los preparativos para el acto de beatificación  han sido brindados en conferencia de prensa en la que se dio a conocer sobre la infraestructura o “el templete” que se monta en la plaza “Divino Salvador del Mundo”, donde se realizará el impresionante acto de Beatificación.

El lugar posee un área de 520 metros cuadrados donde estarán los Jefes de Estado, siete Cardenales y cien Obispos; se contará con la participación de mil 500 sacerdotes, además se espera que aproximadamente 260 mil personas asistan, por lo que más de 2 mil Policías  brindarán seguridad.

En cuanto a la transmisión, se cuenta con catorce cámaras, así como también drones. Se han contratado dos satélites para que se transmita el acto para toda América y Europa, por lo que más de mil periodistas se han acreditado; expresaron miembros de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal a la prensa.

Sin duda alguna son datos que despiertan un gran entusiasmo, lo que de una u otra forma hace sentir a los feligreses orgullosos: Es una bendición para nuestro país El Salvador y tengo la esperanza que esto traiga mucha paz a todos los salvadoreños” manifiesta Max Martínez.

Pero en la serie de comentarios que fortalecen el ambiente de opinión se encuentra una desigualdad, si bien el hecho de beatificación es motivo de entusiasmo para algunos, por un paso más de Monseñor en la vida cristiana de santidad, para otros salvadoreños alejados de una postura religiosa expresan opiniones en distinto sentido:

 “Monseñor Romero trasciende mucho más allá que una canonización, él es un referente, es una respuesta para un cambio en la sociedad… la canonización está tan alejada de lo que realmente él fue, porque es un evento pomposo, ostentoso y Monseñor Romero era una persona humilde, que construyó con los de abajo” expresa la estudiante de la Licenciatura en Periodismo, Yessica Hompanera.

Por otro lado, existen feligreses que también anhelan que un nuevo Monseñor resurja en estos días “¡Cuánto diéramos porque él estuviera vivo y expresara sus homilías con tanta seguridad, con tanto valor, a quienes generan la violencia desmedida!” compartió la señora, Juana Mejía, quien pertenece a la comunidad Lourdes de Victoria, en Santa Cruz de Florencia.

Más allá de las opiniones encontradas, Monseñor está a pocas horas de ser Beato, por tanto es un llamado a la reflexión, ¿Qué pediría o qué diría hoy Monseñor a la sociedad salvadoreña, cuando en pleno 2015 la desigualdad, la violencia y la discriminación es la realidad que viven muchas personas en El Salvador?