Históricamente se reconoció el Derecho a la Identidad, a partir de la Segunda Guerra Mundial, con los denominados derechos de “Tercera Generación”, entre los que se reconocen los derechos al propio cuerpo, a la integridad, a una calidad de vida digna y el Derecho a la Identidad, entre otros.

Conjuntamente al Derecho a la Identidad, no obstante su autonomía, interactúan otros derechos como el Derecho al Desarrollo de la Personalidad, el Derecho a la Libertad y a la Igualdad.

El derecho estudiado, debe ser visto desde la perspectiva de los Derechos Humanos, ya que se le da este reconocimiento en los instrumentos internacionales, alcanzando de este modo un nivel de protección y de respeto hacia la persona misma.

En específico, el Derecho a la Identidad de la Niñez, se encuentra en la Convención sobre los Derechos del Niño (CSDN), en sus artículos 7 y 8, en la cual se reconoce la inscripción del niño y de la niña inmediatamente después de su nacimiento, es decir el derecho al nombre y la creación por parte de los Estados de las instituciones respectivas para hacer efectivo el mismo.

Primordial importancia tiene el artículo 8 de la mencionada Convención, que compromete a los Estados a:

  1. Respetar el derecho del niño a preservar su identidad. Llama la atención que la convención incluye en la identidad a la nacionalidad, el nombre y las relaciones familiares, pues estos son considerados los elementos del Derecho a la Identidad.
  2. Cuando el niño sea privado de alguno de los elementos de su identidad o todos ellos, el Estado es el principal garante de prestar asistencia y protección con el fin de reestablecer el derecho vulnerado.

Para poder conceptualizar a la identidad, existen aspectos innegables al mismo, como el nombre, la nacionalidad y las relaciones familiares, los cuales constituyen el mínimo necesario para reconocer una identidad, ya que ésta aparece como necesidad prioritaria para la definición del ser persona.

La Ley de Protección Integral de la Niñez y Adolescencia, como legislación especializada, en el Título III de los Derechos al Desarrollo, define la personalidad como: “ese conjunto de características psíquicas de una persona que lo determinan a actuar de cierta forma ante una circunstancia, esos patrones de actitudes, pensamientos, sentimientos y conductas que caracterizan a una persona”. Como observamos, este concepto tiene una fuerte vinculación con la construcción de la identidad.

Por su parte el artículo 72 de la LEPINA, establece el Derecho al Libre Desarrollo de la Personalidad; por lo que cuando nos encontramos frente a un progenitor o cuidador que establezca algún límite al desarrollo de la misma, existiría una vulneración al derecho mismo de los niños. niñas o adolescentes; pero esto no significa que los llamados al cuidado no velarán por el adecuado cumplimiento de todos los derechos, ya que de acuerdo al desarrollo cronológico del niño es que va adquiriendo la autonomía y “la libertad de hacer o no hacer lo que considere conveniente”, recordemos que si bien los niños y adolescentes son sujetos plenos de derechos, son sujetos en formación y están acompañados del cuidado por parte de los adultos, quienes tienen la principal obligación de protección y educación (Art. 29 CSDN).

En este sentido, el artículo 73 LEPINA, regula explícitamente el Derecho a la Identidad; este derecho humano como se ha expuesto anteriormente, consta de tres elementos legales, como el nombre, la nacionalidad y las relaciones filiales; sin embargo, es importante mencionar que el Derecho en comento (con sus elementos) comprende:

  1. Derecho a una identificación.
  2. Derecho al conocimiento de la identidad biológica y a gozar de un emplazamiento familiar.
  3. Derecho a una sana y libre formación de la identidad personal
  4. Derecho a transformar la identidad personal
  5. Derecho al respeto de las diferencias personales.
  6. Derecho a no ser engañados sobre la identidad personal ajena.
  7. Derecho a actuar según las convicciones personales.
  8. Derecho a proyectar la identidad personal en obras y creaciones.

No obstante, la identificación es parte de la identidad, el art. 74 LEPINA contempla el “Derecho a la Identificación”, como ese acto de identificar y esa prueba de identidad, es decir la inscripción inmediata en el Registro del Estado Familiar, una vez se da el nacimiento del niño o la niña. La inscripción deber ser oportuna, pero además el Estado debe garantizar que se realice con facilidad, sin importar la condición social de los progenitores.

Se observa que el Derecho Humano a la Identidad, se encuentra expreso en la legislación secundaria; no obstante existen muchos niños, niñas y adolescentes, que no gozan de la materialización de su derecho por medio de la Partida de Nacimiento, lo cual limita esa individualización para ser titulares concretos de cada derecho y por ende de cada deber.

Frente al abandono de los progenitores y en cumplimiento del Principio de Prioridad Absoluta (Art. 14 LEPINA), existe el mandato expreso del artículo 224 del Código de Familia, en el que se contempla que es el Procurador General de la República, quien ostenta la calidad de “Representante Legal” de esos niños y niñas abandonados, por lo que es este funcionario o funcionaria quien debe velar por la inscripción de los nacimientos. Y es que sin esta inscripción inicial, se limitan el goce de la mayoría de derechos a favor de los niños y niñas, y aun esa calidad  de personas que el mismo Estado le niega el reconocimiento y ejercicio de los derechos.

Es decir, que la Identidad como Derecho Humano se tiene desde el momento de ser persona, es decir desde el instante mismo de la concepción, pero se vuelve necesaria la inscripción del nacimiento para materializar todos los derechos que conlleva.

Aunque la falta de inscripción, no puede ir en contra de los derechos humanos, y mucho menos bajo el principio orientador “Pro Homine”, el de la norma más favorable a la persona, que reconoce que frente a todo derecho humano se debe acudir a la norma más amplia para reconocer derechos protegidos y así evitar restricciones innecesarias en sus ejercicios.

En conclusión, todo niño y niña goza del Derecho a la Identidad, aun sin la inscripción del nacimiento y frente a esta omisión es el Estado quien debe generar un “procedimiento ágil y sencillo para la inscripción”.

Aún quedo pendiente con una interrogante… ¿Y el derecho de identidad para los niños adoptados?…

Referencias:

 Herrera Marisa, El derecho a la identidad en la adopción, Buenos Aires, 2008

 

Si quieres citar este artículo, hazlo así:

ZELEDÓN, MARCELA. DERECHO HUMANO A LA IDENTIDAD Y SU RELACIÓN CON LA NIÑEZ. ELEMENTOS DE LA IDENTIDAD” Publicado en la Revista Jurídica Digital “Enfoque Jurídico” el 14 de mayo de 2015. http://www.enfoquejuridico.info/wp/archivos/2643