Rodrigo Belismelis
Rodrigo Belismelis

El próximo 23 de mayo del presente año, los ojos del mundo estarán enfocados en El Salvador, se espera un evento nunca antes visto en el país, un evento inigualable, en el que también los habitantes del país, estarán a la expectativa de la Beatificación de Monseñor Óscar Arnulfo Romero,  al que llamamos únicamente “Monseñor”  y sabemos que nos referimos al que ofrendó su vida por los pobres.

La noticia desde que el papa Francisco dijo que iba a firmar el decreto para la Beatificación de Monseñor, ha sido considerado por la feligresía católica como una petición cumplida.

 Aunque ésta ha sido uno noticia positiva, es necesario dar a conocer, ¿Por qué se da en este momento? ¿Cuáles son los pasos que ha seguido? ¿Cómo se aplicó el Derecho Canónico en este caso? Entre otras interrogantes que buscan una respuesta que expliquen de forma sencilla un caso de índole religiosa que tiene conexión con lo jurídico.

Por esta razón, el LicenciadoRodrigo Belismelis,  Abogado de la causa de canonización de Monseñor Romero, quien posee experiencia en dicha rama del Derecho Canónico, brinda cordialmente la  siguiente información de esta rama poco conocida en nuestro medio, así como del caso específico de la causa de Monseñor.

Enfoque Jurídico (EJ): ¿Cómo fue que usted conoció la rama del Derecho Canónico?

Lic. Rodrigo Belismelis (RB): Desde pequeño mi mamá frecuentaba la parroquia  la Resurrección, el párroco  es Monseñor Rafael Urrutia, un sacerdote canonista, a quien el Arzobispo Rivera Damas mandó a estudiar Derecho Canónico a Roma y fue así como se fue adentrando a dicha rama. Yo frecuentaba la parroquia en mis ratos libres  haciendo actividades parroquiales, ya conforme fui avanzando en mi profesión como Abogado Civil, Monseñor Urrutia pedía ayuda para hacer escritos, tomar  testimonios y actividades así, de esa forma me fue gustando el derecho canónico junto con él.

Todo sacerdote recibe formación canónica, pero no todos se especializan en esa rama.

EJ: ¿Cómo se inicia un proceso de canonización y quiénes son los que tienen la legitimación activa en este proceso?

RB: En el proceso de canonización según el Derecho Canónico, para poder establecer una causa tienen que haber transcurrido cinco años desde la muerte de la persona, en este caso Monseñor Rivera Damas siendo Arzobispo en ese entonces, vio que el asesinato de Monseñor Romero cumplía casi todos los estándares que una causa necesita y  pensaron que se introdujera la causa ante Roma en la forma del martirio. En ese entonces le delegó la potestad de la causa, como promotores a Monseñor Jesús Delgado y Monseñor Urrutia y así se fue continuando;  en 1994 Monseñor Rivera Damas, creó por así decirlo, el Tribunal Eclesiástico Interdiosesano y nombraron a diferentes sacerdotes canonistas para que se hicieran cargo, se creó específicamente para esa causa, aunque hoy en día el tribunal atiende muchos otros trámites, siempre eclesiásticos, como: Nulidad matrimonial, trámites de religiosos cuando van al extranjero, licencias a sacerdotes para confesar y también se tratan las amonestaciones.

Monseñor Urrutia fue tomando siempre la batuta jurídicamente hablando y Monseñor Delgado de reconstruir el contexto social, económico, político. En una causa siempre debe haber un historiador, en este caso Monseñor Delgado fungió como tal y monseñor Urrutia como el proceso canónico en sí, trámites, testimonios, pruebas  y al final  ellos son los que la concluyeron.

EJ: ¿Qué documentación tiene que acompañar a toda causa de canonización?

RB: Documentos son varios, primero el testimonio de la gente, de personas que lo conocieron, que de verdad den fe de que él no incitaba a la política, para lograr determinar que todas sus homilías estaban conforme al Derecho Canónico, que no existía en ellas una Teoría de la Liberación, que no existía una incitación al levantamiento de masas, testimonios de personas de haber recibido algún milagro, una intención  particular, cuando yo estaba en la oficina de canonización, recibía a diario  testimonios de gente que decía que Monseñor Romero les había hecho un milagro: de lo antes mencionado se hace un “decreto” que pasa a ser firmado por los canonistas y eso se envía a  Roma y cosas así se van recolectando durante todo el proceso.

EJ: Usted mencionaba que se ha iniciado el proceso de canonización como Mártir ¿Esto marca alguna diferencia dentro del proceso?

 RB: Claro porque para elevar a los altares a una persona se puede hacer de dos formas:

  1. Por medio del martirio como es el caso de Monseñor Romero o
  2. Por virtudes heróicas.

Por medio del martirio se trata de determinar que fue asesinado y perseguido por odio a la fe, esa  es la peculiaridad de Monseñor Romero,  se  logró determinar que él iba conforme a derecho, todo iba conforme a su gente, a su iglesia, su mensaje no iba dirigido a clases sociales en particular, no iba a favorecer a determinadas personas sino que todo iba conforme a derecho tal como  Jesús lo mandó en su tiempo.

EJ: ¿Cuáles considera que han sido los principales obstáculos para llegar a  esta etapa del proceso?

RB: Como mayor obstáculo siento que principalmente a Monseñor le tocó vivir una etapa, muy difícil en El Salvador, ahí empezó el problema, cuando Monseñor Romero asumió su arzobispado, el país estaba en un momento sumamente crítico, a pesar de eso él tomó la batuta.

También él siempre decía que no le gustaban  las injusticias sociales, se los recalcaba tanto al rico como al pobre; de ahí pienso que también estuvo el obstáculo político,  que se utilizara a Monseñor Romero como una persona pública política, no religiosa; Porque de hecho San Juan Pablo II, en la última vez  que vino, estuvo arrodillado una hora en la tumba de Monseñor Romero y le preguntaron cuándo el proceso iba a avanzar, si para gente en todo el mundo ya él era Santo y en El Salvador no lo querían y él dijo que cuando El Salvador se culturizara, se despolitizara, todo iba a avanzar y así fue.

Esos fueron los principales obstáculos, porque en documentación y en todo lo demás fue muy rápido, la Congregación de los Santos dio el visto bueno desde hace tiempo y solo iban esperando esto  y  claro con la ayuda del Papa Francisco, que por el hecho de ser Suramericano fue de gran ayuda.

EJ: ¿Cómo se está desarrollando el acto de Beatificación?

RB: Son reuniones tras reuniones, se desarrolla con una alegría enorme, quizá hablando por  todos los sacerdotes que le conocieron  y de muchas personas que están detrás de esto, Monseñor Romero está pasando por El Salvador en un momento justo, porque estamos pasando por un  momento muy crítico. Es como un llamado a la armonía, porque se determinó que Monseñor Romero es para todos, no para un partido político y como reitero  es una alegría que este momento llegase, por ejemplo yo cuando estaba en la oficina de canonización jamás pensé vivir este momento y si Dios me lo permite es algo que  le voy a contar a mis nietos.

EJ: Si usted pudiera dibujar el proceso de canonización que ha llevado Monseñor Romero en cinco escenas cuáles serían las más importantes?

RB: 1. Primero mi incredulidad al momento de tomar la causa, cuando la tomé dije hay un espacio aquí, entonces lo vi como un trabajo más. A medida que uno se va adentrando, se va empapando, le va gustando.

2.La escena más fuerte es mi familia y amigos. Como gané amistades, las perdí también por llevar la causa de una persona emblemática.

3.El apoyo de todos los sacerdotes es una escena que siempre me voy a llevar.

4.El apoyo de la gente que de verdad se ha empapado en la causa.

5. La última y con la escena más grande que me quedo, es la capacidad que tiene una buena noticia en el mar de malas noticias de nivelar la balanza, porque se ve la comunión entre la misma parroquia, entre sacerdotes, porque incluso entre ellos habían divisiones y ahora ver esa comunión es impresionante.

EJ: ¿Qué es lo que se viene posterior a la Beatificación?

RB: Se va seguir buscando su santidad y yo siento que no es algo muy complicado. Yo dejé la oficina de canonización hace un año y medio, pero a diario recibí a personas que venían hasta de otro país para decir el milagro que Monseñor había intercedido por ellos. Eso es peculiar porque hay que decirle a la gente que el milagro lo hace Dios a través de una persona, en este caso Monseñor Romero. El proceso sigue, hay que determinar un milagro, porque como fue por vía de martirio, ése es el primer milagro; si hubiese sido por virtudes heróicas se necesitarían tres, pero en este caso sólo se necesita comprobar un milagro más y él tiene miles, luego de comprobar eso, sólo esperar la fecha que determine Su Santidad. Estoy confiado en que lo logre ver como santo pronto.

EJ: ¿Cuál es su opinión sobre lo que dijo el Papa, con respecto a que el Padre Rutilio Grande es el próximo a ser Beato?

RB: Hace tres meses acompañé a Monseñor Urrutia y al padre Edwin Henríquez a introducir la causa de Rutilio Grande, fuimos a Guatemala a entrevistar personas para iniciar la etapa de los testimonios, porque hay gente salvadoreña que durante el conflicto se fue a Guatemala, están ahí todavía y ellos conocieron al Padre Rutilio  Grande.

Se dice entre puertas que esta causa es más fácil que la de Monseñor Romero, hay varios contextos. Primero hacen la broma que por ser Jesuita todo puede ser más rápido, pero hasta ahora sólo eso se tiene, se ha introducido la causa, se ha empezado a levantar testimonios y eso se empieza a mandar a Roma y luego se juega con el tiempo de la Congregación de Todos los Santos.

EJ: ¿Para usted qué significó el Padre Rutilio Grande en la vida de Monseñor Romero?

RB: Significó mucho, lejos de ser uno de sus mejores amigos, fue uno de sus modelos a seguir hasta cierto punto. Él veía cómo el padre Rutilio defendía a su gente, como Jesús lo hacía en su tiempo y eso fue lo que a Monseñor  le gustó, la entrega a su pueblo, a su gente. Rutilio Grande dejó sembrada la semilla en decir que todos somos hermanos, que todos somos iguales.

Cuando fue el asesinato del padre Rutilio, hay una historia que cuenta que Monseñor quedó devastado, porque le habían quitado a un gran amigo, a una parte esencial de sí y eso creo fue lo que le dio más coraje, más fuerza para decir sin miedo lo que  sucedía, aunque era consciente de las consecuencias.

EJ: Hay algunos sacerdotes  que no coincidían  con los ideales de Monseñor Romero, ¿Eso de alguna manera afectó el proceso de  Beatificación? y luego de lo indicado por el Papa, ¿Ha habido algún cambio?

RB: Para  Monseñor Urrutia mientras se avanzaba en la causa era difícil ver como muchos sacerdotes se oponían; lejos de culpar a alguien, eso fue un llamado de atención a decir que todos somos hermanos y lo bonito ha sido la respuesta que hemos tenido ya que  tanto personas en general y  sacerdotes están teniendo una comunión armónica. Eso era lo que se buscaba desde hace tiempo y ahora al ver eso, conmueve. Esas discordias obstaculizaron, no en hacer tropezar el proceso, sino que hubo discusiones, pleitos sin sentido, pero que no pasaron a más.

Pero sí rescatamos la armonía que se vive actualmente, porque se han unido no sólo sacerdotes sino todo El Salvador.

EJ: ¿Qué nos puede decir de las personas que actualmente no ven bien el camino de Santidad  de Monseñor, como para poder conciliar estas diferencias?

RB: Es curioso, porque quienes estamos apoyando la causa, somos los que no vivimos esos tiempos, por eso los jóvenes somos la respuesta para estas diferencias, somos la lección para los que piensan de esa forma, nosotros que no lo conocimos, que solamente hemos leído su vida, su historia, somos los que estamos apoyando y es tarea de nosotros revertir el pensamiento de la gente, así como nos sembraron un pensamiento, nosotros también podemos sembrar otro y decir cómo realmente fue.

Le corresponde a El Salvador entero colocar a Monseñor en el  lugar que debe estar y específicamente es tarea de los jóvenes.

El Derecho Canónico es parte del reglamento de la iglesia, se aplica para determinar en este caso, los pasos en el camino a la santificación de un religioso, de un hombre humilde, amante de la justicia social, de un hombre que tenía los labios inquietos por proclamar la verdad y que supo dar su voz por los sin voz, de Monseñor Romero quién dirigido por la gracia de Dios y amor a su vocación escribe una vez más parte de la historia de un país, que para muchos, no existe.