Día del trabajo
Día del trabajo

Cada primero de mayo, día de asueto nacional, se celebra con distintas marchas o movilizaciones de sindicatos y personas trabajadoras de todos los gremios, que salen por las calles de nuestro país para reivindicar los derechos que les asisten. Otras personas acostumbran ser espectadores únicamente de estas movilizaciones; lo cierto es que en la colectividad, con los años ha ido diluyéndose el verdadero significado del Día Internacional de la Persona Trabajadora, e incluso solemos llamarlo “Día del Trabajo”.

Puede ser que no se perciba la fundamental diferencia que existe en esas dos frases, sobre todo porque no somos muy conscientes del impacto que tiene el uso del lenguaje en las ideas y pensamientos de los seres humanos; y es que celebrar el “trabajo” en sí mismo, da la idea de exaltar éste como un valor deseable en cada individuo de nuestra sociedad, es decir, el trabajo visto desde el enfoque de la laboriosidad, significa hacer con cuidado y esmero todas las tareas, labores y deberes que son propios de nuestras circunstancias; por ello exaltar el valor del trabajo como una labor honrosa, fructífera, que dignifica a la persona y a la familia, debería ser una práctica diaria para cada uno de nosotros.

Sin embargo, aunque es necesario promover en nuestra sociedad el valor del trabajo, es importante también que reparemos en la real connotación de la celebración del primero de mayo, ya que desde sus orígenes, es una conmemoración reivindicativa de derechos.

Se celebra el primero de mayo, por los sucesos ocurridos en esa fecha en la ciudad de Chicago para el año de 1886, cuando los trabajadores de las fábricas industriales de esa ciudad, exigían el derecho a una jornada laboral de 8 horas diarias, su consigna “ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa”, pues debían soportar jornadas de hasta 16 horas diarias a cambio de sueldos paupérrimos; para ese tiempo la ley Ingersoll, proclamada por el Presidente Johnson, les concedía ese derecho únicamente a los trabajadores federales y de obras públicas, dejando fuera a los obreros industriales, por lo que estos últimos convocaron a una huelga para presionar al sector patronal a reconocerles también este derecho.

En apoyo a esta huelga, se sumaron unas 350,000 personas trabajadoras alrededor de Estados Unidos, pero la Ciudad de Chicago, era el epicentro del conflicto, que ya para el 4 de mayo de 1886, había alcanzado el punto más álgido, de modo que en esa fecha se convocó a los trabajadores del gremio industrial a una manifestación en el Parque de Haymarket, a la que asistieron unas 20,000 personas. Durante el discurso de Samuel Fielden, uno de los líderes del movimiento, una persona desconocida lanzó una bomba contra la policía y como resultado murió uno de los agentes y otros 60 fueron lesionados, entonces la policía abrió fuego contra los manifestantes, acabando con la vida de 38 obreros y dejando más de cien heridos. A estos sucesos se les conoce en la actualidad como “La Revuelta de Haymarket”.

Luego de este incidente fueron capturados varios dirigentes, quienes fueron juzgados y condenados a penas como cadena perpetua y la horca, en un proceso judicial muy cuestionado; todos aquellos que fueron muertos en estos incidentes reciben el nombre de “Mártires de Chicago” y después de que sucedieron todos estos eventos con el tiempo se les reconoció a los obreros el derecho a una jornada laboral de 8 horas, además el sindicalismo cobró fuerza, no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo.

En 1889, el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional que ocurrió en París, señaló el primero de mayo como Día del Trabajador y desde entonces poco a poco más países fueron plegándose a la conmemoración. Sin embargo, en Estados Unidos, lugar donde se dieron los hechos, para separarse de los orígenes socialistas de esta fiesta, se celebra el “Labor Day” (Día del Trabajo), cada primer domingo de septiembre.

Hoy día, el movimiento sindical ha perdido fuerza, debido en parte al modelo económico neoliberal que ha venido a transformar las modalidades de trabajo, pero también por las crisis económicas y la austeridad. Por otro lado también han perdido credibilidad, pues con el tiempo, algunos sindicatos se han alejado del ideal de lucha por los derechos de los trabajadores y se han enfocado en proteger a malos elementos, o a hacer del sindicato su forma de vida.

En consecuencia del deterioro de la imagen y de las funciones de los sindicatos, también las huelgas son muy poco aceptadas por la sociedad, pues se perciben como mecanismos para defender los intereses de unos pocos o bien sólo se ven de la óptica de que a causa de una huelga no se prestan los servicios que exigen los usuarios, cuando otrora fueron los mecanismos más efectivos para lograr conquistas trascendentes para todas las personas trabajadoras.

No obstante lo anterior, hoy en día es cuando más retos deben afrontarse en el sector laboral, por ejemplo, no son pocos los centros de trabajo donde no se cumplen con las condiciones de seguridad e higiene ocupacional, las personas trabajadoras no gozan de las prestaciones básicas como la seguridad social, e incluso, las cotizaciones sí se descuentan del salario del trabajador, pero no llegan a la institución correspondiente, las mayores fuentes de empleo, se dan en el sector informal, la inestabilidad está presente en muchos centros de trabajo, las fuerzas de seguridad pública no tienen derecho a la sindicalización, pues significaría reconocerles el derecho a la huelga .

Es más, después de más de 120 años de las primeras luchas, la jornada sigue siendo de más de ocho horas para algunos trabajadores, sin que perciban remuneración alguna por las horas extra que prestan sus servicios; de hecho, el Estado le apuesta a la creación de empleos como aquellos ofrecidos por las “maquilas de la nueva era”, los “call centers”, algunos de los cuales, en los que el cumplimiento de los derechos de los trabajadores quedan al arbitrio de los empleadores e incluso de los supervisores, cometiendo abusos como no otorgarles las vacaciones a las que tienen derecho y más increíble aún, mientras laboran, los empleados no pueden hacer uso del sanitario si no es durante los mínimos quince minutos de receso que se conceden durante la jornada.

No podemos dejar de citar el ejemplo de los salarios, pues en muchas ocasiones no corresponden al trabajo realizado, sin mencionar que el salario mínimo, con la inflación y el alto costo de la vida, no alcanza para cubrir la canasta básica y vivir dignamente, más aún, hay lugares donde no se les reconoce a los trabajadores ni el salario mínimo establecido por ley  y la lista sigue…

La respuesta no puede ser el desaparecimiento de los sindicatos, si no la transformación de los mismos, la revisión de los mecanismos que utilizan para exigir el reconocimiento de derechos legítimos para las personas trabajadoras, adaptarse a los tiempos en que vivimos, entre otras cosas. También en el plano individual, las personas trabajadores deben ser los primeros en exigir sus derechos laborales y en no permitir que a otros se les atropelle. Deponer las armas ideológicas también es importante, para centrarnos en el bienestar de las personas por encima de todo lo demás, sobre todo el papel del Estado, debe ser un papel activo, vigilante y garante de los dechos de las personas trabajadoras.

Espera la próxima semana en Enfoque Jurídico, algunos artículos relacionados con el Día Internacional de las Personas Trabajadoras y Enfócate!