Proceso electoral
Proceso electoral

Noción previa.

Frases como “nuevos tiempos, nuevas ideas”, “vamos todos, todos juntos”, “vota por un político menos”, “yo doy la cara por la seguridad de tu familia”, entre muchas otras, inundan los medios de comunicación masiva, de prensa escrita y digital, de espacios y microespacios radiales, y otros medios de comunicación que cautivan o fragmentan la convicción de los receptores. Fotos de rostros y nombres de candidatos sobreabundan en las calles y en los periódicos. Y de lo más interesante, es que se observa un desfile propagandístico a base de “currículum”, no sobre el valor de un nombre, un color o una bandera, sino sobre el valor de una persona y la motivación que lo respalda.

Estas campañas políticas y toda la organización jurídica-social que las respalda, si las analizamos más a fondo, descubrimos que formalmente no constituyen la tradicional forma de materializar el juego electoral, ni participan de la enraizada conformación del sistema político (actores civiles y políticos, particularmente partidos políticos – instituciones estatales – formas de hacer política – distribución de poder); sino que nos enfrentamos a una revolución individual del sistema electoral, concretamente, a una revolución individual en las formas de participación política. Producto de esto son la habilitación de las candidaturas no partidarias y la exigencia de establecer el voto directo, por rostro y cruzado, que procedemos a analizar, procurando estar al margen de los prejuicios y refutaciones ideológicas infundadas.

Los debates entre candidatos, y algunas de sus afirmaciones y propuestas no están saturadas de consignas ideológicas, sino más bien, de expectativas pragmáticas del ser, antes que del deber ser.  Pero este cambio de orientación no nace de la clase política, sino de la voluntad general del cuerpo electoral (pueblo) que exige acciones reales y concretas. Es decir, antes de hablar de un mundo, de un país, de un departamento o de un municipio más justo e igualitario, se está esperando la propuesta de cómo se atenderá el anhelo de seguridad, empleo e integración ciudadana, por ejemplo. Nos enfrentamos, por lo tanto, a nuevos estándares de participación política, a un cambio de doble entrada: (1) por parte de los actores políticos y (2) por parte de los receptores políticos. Es así que existe, bajo estas luces, un nuevo consumo en las expectativas de gobernar y de ser gobernado, con candidatos significativamente individualizados y un cuerpo electoral más exigente.

En este artículo analizaremos los cambios antes enunciados, haciendo énfasis en la apertura de las candidaturas no partidarias como conductos oficiales de la representación popular y en la exigencia de establecer el voto directo, por rostro y cruzado, como una forma de contraloría política material directa. Para tal efecto haremos la respectiva consideración jurídica-filosófica y relacionaremos la correspondiente jurisprudencia de nuestra Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia.

Generalidades.

El progreso de la humanidad, a grandes rasgos, ha estado definido por dos fenómenos de relevancia mundial, por hitos que han definido la forma de producir y consumir, y en consecuencia, de entrelazar todas las relaciones intersubjetivas, incluidas, desde luego, las formas de organización social. Estos hitos son (1) la agricultura y (2) la industrialización. Fenómenos revolucionarios para el momento en que se expresan, que marcan el inicio y el fin de un estilo de vida. A continuación refirámonos con mucha brevedad a ellos.

La instauración generalizada de la agricultura, desde antes de la era cristiana hasta nuestros días, conformará un completo sistema de vida que regirá por varios siglos, como motor de las relaciones económicas (producción sobre la base de recursos renovables, producción limitada y poco circulante), familiares (predominio de la familia extensa), sociales (intercambio de productos, estratificación relativamente fija, la educación a cargo de la familia), políticas (terratenientes y hacendados como grupos de poder, ejerciendo fuerza sobre los medios de producción), entre muchas más.

Para el Siglo de Las Luces y durante los años que seguirán a este período, el razonamiento aplicado hace explotar las ciencias y las artes, y en consecuencia, las formas de producir y consumir. Posteriormente, y con cierta incredulidad y resistencia, se acepta que las invenciones revolucionan las posibilidades humanas. Por lo que se instaura la industrialización en los países desarrollados y se expande a una velocidad muy por encima de lo imaginado, hasta hacer del mundo un lugar sin fronteras para la comunicación, la economía, la cultura, en fin, para la humanidad. Y aún en nuestros días, las invenciones siguen sorprendiendo a los expectantes.

La industrialización removió el status quo impuesto por la agricultura e impuso su propio orden mundial. Así, la economía tuvo por sustento el mercado (mundial), sobre la base de recursos no renovables, la producción se hizo en serie y de forma desmesurada; la familia extensa se dinamitó en núcleos más pequeños, naciendo así la familia nuclear; la organización social fue más compleja y dinámica, la estratificación social tuvo mayor movilidad, dando lugar al empleo por servicios, en donde se vende el esfuerzo intelectual y el esfuerzo físico deja de ser el preferente; la educación se encomendó con más razón a instituciones especializadas y se habló con mayor convicción acerca de la igualdad. Por su parte, la organización política se hizo más sensible y agresiva, las guerras civiles se hicieron más patentes, los golpes de Estado más comunes y las revueltas invadieron territorios completos. Sirva lo anterior como ejemplo, porque los cambios ocurridos son múltiples.

 Ahora bien, centrémonos sobre el orden político. En el “régimen de la agricultura” la clase política, con todo su aparataje, estuvo dirigida a ejercer un monopolio de poder, con el fin de asegurar el orden interno que definía la forma de producir y consumir. En el “régimen de la industrialización”, la clase política tuvo los mismos objetivos. En ambos “regímenes” la clase política se enfrentó a las propias exigencias de la sociedad del momento, y de esta forma organizaban la manera más adecuada de llegar a sus gobernados o receptores. Así, los primeros prometían y procuraban una distribución equitativa de la fuente de producción (la tierra); mientras que los segundos, prometían y encaminaban sus acciones a desarrollar el mercado, por ejemplo. Por su parte, los receptores electorales exigían el respaldo de sus intereses, o mejor dicho, de los elementos de valía que los dignificaban como humanos (valores). Estos valores vendrán a satisfacer la forma de vivir individual, buscando la indefinida continuidad vital del ser bajo condiciones más o menos objetivas.

Cuando la industrialización alcanzó a los países regidos por la agricultura, se crearon luchas internas en ellos, luchas lideradas por la clase política, con el fin de definir qué “régimen” sobreviviría y gobernaría. De esta forma, luchaba la antigua fuerza agrícola contra la naciente fuerza industrial. Muchas guerras obedecieron a este dilema; incluso, los históricos medios de producción (feudalismos, capitalismo, socialismo, por ejemplo) y las ideologías imperantes (liberales y sociales) han confabulado sobre estos “regímenes”, ya sea que la producción se haga de forma atomizada o en cadena masiva, y que el consumo, a su vez, obedezca a la misma regla, entre otros aspectos; con el fin de sostener el orden que se pretende establecer.

Muchos cambios se produjeron con la transición de un régimen a otro, cambios no sólo superficiales, sino también estructurales. Por ejemplo, la industrialización removió la producción sobre la base de la fuerza (generalmente del hombre), lo que le hizo entender a la mujer que también podía acceder al mercado laboral. Un mercado que no estaba reservado únicamente para el sexo masculino, a pesar que aún mantenía un monopolio preferente (pago de salario mayor, por ejemplo). Si la mujer también podía producir lo que producía un hombre con máquinas similares y en trabajos que lo permitían, la mujer comenzaría a reclamar otros planos de igualdad. Esta concepción de igualdad se extendería hasta el plano político. En efecto, se produjo una revolución liberal en la medida que la mujer, al igual que el hombre, podía ejercer derechos políticos, como el sufragio, y más aún, postularse a ejercer cargos públicos; es decir, la mujer marcó un salto de igualdad que debería seguir siendo perfeccionado por los años que estarían por venir.

De lo anterior se extraen algunas premisas. Primero, que el “producto de venta” de la clase política, por medio de sus candidatos, estará definido por el consumo de intereses que el cuerpo electoral pretende satisfacer. Segundo, que estos intereses van evolucionando según el desarrollo de la sociedad en la que se vive. Este desarrollo históricamente ha estado definido por un régimen agrícola o por un régimen industrial. Ahora bien, lo que importa señalar es que la calidad del producto político ha dejado de estar exclusivamente a cargo de una agrupación, de una bandera o de un color, pues esa calidad se ha desplazado a cargo de la individualidad del candidato. Es así que antes, el candidato apelaba al partido político, ahora, el partido político apela al candidato; es decir, la atracción política se ha personalizado, y los grupos de poder político con sus ideologías se subsumen en esa personalización. Esta es una revolución individual, revolución que gira sobre la visión personalista contemplada en la Constitución de la República.

¿Qué produce esta personalización del quehacer político? Responder a esta pregunta significaría responder al cambio mismo de la humanidad, objetivo imposible de atender en este artículo. En todo caso, este fenómeno está íntimamente relacionado con el nacimiento de la sociedad postindustrial y con la instauración de la sociedad de consumo que acoge no al ser libre, sino al ser superlibre, portador del motor de la autosatisfacción ilimitada.

El ser híperlibre o superlibre.

La tendencia humana ha estado inclinada hacia la libertad e individualidad; cada vez más “se procura ser uno mismo”, ser más libre. Ahora bien, no es la agricultura ni la industrialización en sí mismas, sino las ideologías que se derivaban de ellas y las aptas condiciones que se crean para que las mismas triunfen, las que permiten liberar cada vez más las facultades de los hombres y las mujeres. Claro, la industrialización, con el uso de la tecnología, tiene la cualidad de potencializar de forma progresiva ese espíritu de libertad e individualidad. Así, en la actualidad, la comunicación cada vez tiene menos límites, los dispositivos móviles hacen que cada uno pueda tener un margen mayor de libertad de expresión. Esta es la sociedad postmoderna.

La sociedad industrial, en los países desarrollados, ha dejado de ser la simple sociedad de la producción masiva, pues ha pasado a un ulterior estadio en el que la producción masiva se dinamiza, donde no sólo existe el servicio, sino el autoservicio; el trabajo se puede realizar bajo la dirección del mismo que lo ejecuta; la familia nuclear comienza a ceder, y surge con furor la familia monoparental; los paradigmas tradicionales se fragmentan y comienza a extenderse el paradigma de la homosexualidad y se asimila la transexualidad; el mercado mundial se asienta en un mercado electrónico; y una multitud de cambios más. Esta es la sociedad de consumo, la sociedad de la seducción por la publicidad, donde todos son seducidos a creer que se puede hacer todo lo que la libertad e individualidad les exija. Esta sociedad creó la plataforma ideal para que naciera el individuo superlibre.

En el devenir del tiempo, este ser superlibre invadirá todas las esferas humanas. En la actualidad, más allá de lo correcto o incorrecto, cada quien puede o quiere decidir si procrear, abortar, contraer matrimonio o no; trabajar desde casa o desde la oficina; ir a la estación de gas y pedir servicio completo o tomar el autoservicio; estudiar una o más carreras simultáneamente; viajar de una región a otra en cuestión de pocas horas; en fin. Antes, la regla era que cada familia contaba con un dispositivo telefónico, ahora, la regla es que cada miembro de la familia cuenta por lo menos con uno de ellos. Lo anterior indica que cada quien impone sus reglas, cada quien vive aquí y ahora, no busca morir por sus ideales para alcanzar la plenitud de su felicidad, sino que la desea en el momento inmediato.

La sociedad salvadoreña no es industrial, y mucho menos, postindustrial. Pero aun así, los valores de esta sociedad se retoman de otros países porque vivimos en un mundo sin fronteras. La transculturización en un mundo globalizado es la imitación de una forma de vida, imitación que invade incluso al Derecho. Y es que si el Derecho es expresión de cultura, el Derecho comparado es un modelo a seguir o evitar de esa cultura. Sin embargo, retomar valores de las sociedades postindustriales provoca un choque de cultura e institucionalidad, que se traduce en aprehender y aplicar conductas en un país que no cuenta con la plataforma institucional para respetarlas. De ahí que no es extraño que los candidatos no partidarios se encuentren con un bloque institucional que les impide hacer valer sus derechos libremente, o peor aun, frente a una sociedad que todavía no confía en ellos.

La sociedad postindustrial produce que en un mundo sin fronteras, la invisibilización en medio de un mar de iguales no tiene lugar, pues en lugar de desparecer en un conjunto de pares, nos volvemos más apreciables a los ojos de los sujetos del conglomerado, pero igualmente, nos volvemos más insensibles a las necesidades de todos. Cada uno quiere vivir su vida, quiere vivir el momento, y a cambio, deja de morir por los ideales que se gozarán en el mañana con otros. Por ejemplo, hay una fuerte ola que impulsa a los adultos a querer ser siempre jóvenes y, en consecuencia, a comportarse como tales.

Este ser híperlibre también invadirá las estructuras políticas; es así que en la actualidad, se desprecia con cierta sutiliza la noción de vejez y se procura la restauración o regeneración. Por ello, al margen de las necesidades de empleo, se crean leyes de retiro voluntario, con el fin de impulsar a los jóvenes a tomar un lugar en el mercado laboral. Se habla que los jóvenes no sólo son el futuro, sino también el presente. De esta forma, algún partido político instaura el voto interno para elegir a sus candidatos, privilegiando a uno o más candidatos jóvenes y nuevos. Por un lado, hablan del relevo generacional o de la renovación partidaria, y por otro lado, hablan de la amalgama entre el liderazgo juvenil y la experiencia de los viejos. Esto es expresión del ser superlibre, en el que la edad no es condición para tener un lugar de incidencia en la sociedad.

Así como la sociedad industrial catapultó a la mujer a participar en asuntos de política, la sociedad postmoderna exalta la individualidad y libertad del ser. Por esto, no es extraño que, por una parte, no sólo los partidos políticos sean el vehículo que conduce al poder político, sino también aquellos aventurados que en su individualidad pretendan hacerlo, obtengan o no los resultados deseados; y por otra parte, no es insólito que el electorado acepte la apertura del voto por persona, y en consecuencia, que al candidato lo identifique no por su nombre, sino por su rostro.

Candidaturas no partidarias (“Candidatos independientes”).

El artículo 85 inciso 2° de la Constitución de la República (CN) señala que, los partidos políticos “son el único instrumento para el ejercicio de la representación del pueblo en el gobierno”. Este enunciado ha perdido el sentido absoluto con el que se apreciaba, porque los valores de la sociedad postmoderna sustentados sobre el híperindividualismo, han dando luz verde para que la participación política, opcionalmente, se desligue de los partidos políticos. Esto se materializó por incidencia de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia.

Las candidaturas no partidarias, que hacen referencia a los mal llamados “candidatos independientes” -¿independientes de qué o de quién? -, son pura expresión de la sociedad postmoderna, donde se explotan las facultades autónomas de cada sujeto de derecho. Estas candidaturas son unidades elementales de participación política, cargas ideológicas que se sustraen de los canales tradicionales del quehacer político; es decir, de los partidos políticos. Es verdad que el partido político se mira como un componente esencial del sistema democrático, “cuya finalidad es la de contribuir a la formación de la voluntad política del pueblo” (Sentencia 61-2009 de inconstitucionalidad); pero también es cierto que, esa voluntad política no puede ser monopolizada por los mismos, caso contrario, las reglas del juego democrático estarían vedadas por unas voluntades organizadas (partidos políticos) y se fragmentaria el pluralismo político.

El juego electoral no se subordina a la existencia de institutos políticos, sino a la conformación de una voluntad general que decide las formas de ejercer el poder, y en consecuencia, de gobernar. Esta voluntad general, en la sociedad híperindividualizada, nace y se concentra en la individualidad agrupada de los electores, y se confía, en la imagen individualizada del candidato. Esto no afecta el sistema Democrático del país, no atenta contra la institucionalidad del Estado, porque los partidos políticos son conformaciones de intereses colectivos que no forman parte de la estructura jurídica de un Estado. Más bien, los partidos políticos, lastimosamente, se apoderan del Estado, pero afortunadamente no son superiores a él. Bien se ha considerado que “el ciudadano y su participación en la vida pública constituyen la esencia de la democracia, por encima de los partidos políticos y de grupos con intereses particulares” – sentencia 61-2009 de inconstitucionalidad -.

O sea, en la sociedad postmoderna, el elemento indispensable para organizarse políticamente, es la voluntad individual del cuerpo electoral, que agrupada en unidades colectivas (partidos políticos) o unidades elementales (candidaturas no partidarias), con sus respectivas tendencias ideológicas, conducen a la representación popular. Desde luego que ambas unidades cuentan con una organización que las respalda, pero el candidato en la unidad colectiva debe ceñirse a las reglas que la colectividad de su grupo le impone; mientras que en la unidad elemental, se entiende que es el candidato quien no decidió someterse a las reglas de un grupo colectivo (partido político), y a cambio, en su elementalidad política decidió enfrentarse, bajo sus medios, al juego electoral.

Voto directo, por rostro y cruzado.

La sociedad postmoderna, sobre la base del híperindivisualismo, revolucionó hasta la forma del proceso eleccionario (Artículo 1 del Código Electoral). Con la Sentencia 61-2009 de inconstitucionalidad, se superó el sistema de lista cerrada y bloqueada, que impedía al elector decidir directamente la posición en la que sería electo el candidato. Ahora, por medio del voto directo, el elector puede decidir si escoge o no al candidato, y de hacerlo, puede posicionarlo a su preferencia. Con esta herramienta, el ser híperlibre, a su vez, se vuelve un elector independiente, porque desprecia la injerencia del partido político para pre-posicionar a su candidatos.

El voto directo convierte al candidato en un modelo de la fama política, lo que significa que éste se ve en la necesidad de desfilar sobre la alfombra de la seducción electoral, sí, el candidato debe llamar al consumo de sus propuestas. Él cree en sus posibilidades, acepta su capacidad de seducir y atraer votos. De esto se denota que hay una lucha entre la representación popular y la popular representación que inspira este popular candidato. Lo anterior provoca la exaltación de las contiendas electorales, al grado de afirmarse que las elecciones para Alcalde en el Municipio de San Salvador constituyen cuasi-candidaturas presidenciales.

Por otra parte, con la instauración del voto por rostro para la elección de alcaldes y diputados, lo que se hace es crear el mercado electivo de candidatos. El ser superlibre puede escoger a sus futuros gobernantes sobre la base de la identidad. El elector debe tener conciencia de quien lo dirigirá, para atribuirle responsabilidad; o sea, para ejercer una contraloría política material. Entiéndase que lo que se pretende es que el elector conozca quién será el futuro gobernante entre un conjunto de candidatos, busca identificarlo para evitar equívocos. Esta es la lógica de negar el voto por rostro para la elección del Presidente de la República, porque su popularidad no requiere que se le identifique por medio de una foto – véase detalladamente en la sentencia definitiva 16-2012 de inconstitucionalidad -. Esto contribuye a la personalización del partido político, porque como antes se indicó, ahora el partido político apela a la fama de su candidato.

Por su parte, el voto cruzado, habilitado con la sentencia 48-2014 de inconstitucionalidad, viene a reforzar las anteriores ideas, porque el elector, como ser híperlibre en la sociedad de consumo, puede escoger la mejor opción que le parezca, según las expectativas que le provoque uno o más candidatos, según la personalidad, programa de gobierno y respaldo de los mismos. De esta forma se comienza a crear un marco opcional del consumo político. Hablamos, pues, del elector híperlibre quien exige su libertad electoral.

Finalmente, resta indicar que la revolución individual del sistema electoral provoca el nacimiento de un electorado más libre e independiente. Pero no sólo eso, sino más exigente y sensible. Por esta razón, “la normativa electoral debe estar diseñada en torno a los derechos de los ciudadanos y no de los partidos políticos”, como bien lo reconoce la sentencia 48-2014 de inconstitucionalidad. De esta forma, el electorado se vuelve más independiente a la hora de aprobar o desechar al candidato, pero esa independencia lo lleva  ejercer una contraloría material directa; material porque la contraloría formal está a cargo de las dependencias correspondientes del Tribunal Supremo Electoral y otras instancias oficiales, y directa, porque el electorado busca conocer a sus gobernantes para pedirles cuentas de sus actuaciones.

Conclusión

Sin duda alguna que nos enfrentamos a un nuevo estadio de la evolución humana. A nuevas formas de hacer política, de atraer al electorado y demostrar la capacidad de gobernar. Estamos ante pautas reformadas de participación política, que vienen a reposicionar las reglas del juego del sistema político. De tal forma que, podemos identificar que la individualidad surge como un valor derivado de la sociedad postmoderna, que alimenta la expectativa del candidato de conquistar sobre la base de su personalidad, así como el consumo político del cuerpo electoral, que se ve seducido a escoger el producto político con mucho más rigor.

Finalmente, más que una concreción del pensamiento humano, o más que la ocurrencia de un grupo de individuos que ejercen el poder, las candidaturas no partidarias y el establecimiento del voto directo, por rostro y cruzado, constituyen exigencias materializadas de los “nuevos” valores de la sociedad postmoderna, exigencias que encuentran el asidero ideal para manifestarse en el régimen jurídico del Estado Constitucional/Social/Democrático de Derecho, y el respaldo fáctico, en la sociedad de consumo. No obstante lo anterior, debemos estar atentos para analizar la funcionalidad de estas “nuevas formas de participación política”, para aprobarlas o rechazarlas, según contribuyan a la dignificación humana.

Sobre los cambios de la agricultura y la industrialización, véase TOFFLER, Alvin, La tercera ola, traducción de Adolfo Martín Cubierta, Ediciones Nacionales, Círculo de Lectores, Edina Ltda., Bogotá, 1980. 
Sobre la sociedad postmoderna híperindividualizada, véase LIPOVETSKY, Gilles, La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo, Traducción de Joan Vinyoli y Michèle Pendanx, Colección Argumentos, Anagrama, Barcelona, 1986.
Las sentencias relacionadas pueden consultarse en la página oficial del Centro de Documentación Judicial: http://www.jurisprudencia.gob.sv/visormlx/

 

Si deseas citar este artículo, hazlo así:

PALACIOS, CRISTIAN. “Revolución Individual del Sistema Electoral: candidaturas no partidarias y voto directo, por rostro y cruzado”. Publicado en la Revista Jurídica Digital “Enfoque Jurídico” el 03 de febrero de 2015.  http://www.enfoquejuridico.info/wp/archivos/1447